Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/22/1997 12:00:00 AM

MIEDOS AL MAYOR

El temor primitivo a las alturas, a los insectos, a la sangre, siguen estando presentes en pleno siglo XX.

Mariana, una mujer de 40 años, felizmente casada y madre de dos hijos, hace mucho tiempo que no cree en los duendes malos, en los diablos rojos ni en los espantos tras las esquinas. Es una profesionalmadura que siempre le ha dado la cara a la luz, que cumple con sus horarios de oficina y sabe lo que es llevar el ritmo alocado de una casa con serenidad. Sin embargo hace varios meses que tiene serios problemas para ducharse. No se ha atrevido a confesárselo a nadie y mucho menos a su marido, pero siente verdadero temor de abrir la llave. Todas las mañanas frente a ese higiénico potro de tortura su respiración comienza a entrecortarse, se pone pálida, suda, le tiemblan las piernas como si en lugar de una simple y refrescante caída de agua se tratara de un despiadado juicio marcial que la condenara todos los días a pagar la pena capital. Y aunque algunas veces consigue cumplir la difícil meta de bañarse, muchas otras renuncia a ese cotidiano acto ante la apariencia amenazadora del grifo. Más de una vez asustada, acobardada, se rinde y sale del baño tal como entró y se esfuerza porque su vergüenza secreta no sea conocida por nadie.Es un caso extremo tal vez, pero no muy lejos de ella se encuentran los miles de adultos que no temen dirigir una compañía exitosa, escalar una a una todas las metas laborales y en general coger los agites de la vida moderna por los cuernos, pero que sin embargo saltan a la silla más cercana cuando se pasea por el salón un insignificante y peludo ratoncito sin más armas que su hocico y su cola. La explicación a esta respuesta desmesurada de pánico frente a un estímulo de por sí inofensivo la tiene el oscuro misterio de las fobias, esos sentimientos de temor que escogen los más inesperados e inocuos objetos para posarse. Ni las cucarachas, ni las culebras, ni los aviones tienen la culpa de los desfallecimientos, suspiros y jadeos de estos Goliat modernos, apabullados por temores paralizantes y sin nombre. Quién no recuerda al menos una vez en su vida haber cerrado los ojos al frente de la inofensiva ventana de un trigésimo piso o haber gritado a medianoche al escuchar el aleteo de una frágil mariposa o sentido la perturbadora sensación de muerte al apagarse la luz. Estos temores antiguos, atávicos, irracionales, han perseguido al hombre desde que el mundo es mundo. El miedo a la altura, a la oscuridad, a los espacios abiertos o a los espacios cerrados, a los insectos, a la sangre, se han transmitido de generación en generación desde las épocas más oscurantistas y supersticiosas hasta la cibernética, adulta y descreída era del Internet. Pero sin embargo hoy, cuando existen la luz eléctrica y la tecnología para exorcizar a todos los fantasmas, los diablillos de las fobias no se han ido a dormir. Al contrario, parecen haber llegado para quedarse y anidar en las patas de las arañas o los murciélagos y desde allí hacerles muecas horrorosas a los civilizados hombres y mujeres del siglo XX. Según el sicoanalista Ariel Alarcón, "en el fondo de todas las fobias existe el desplazamiento de un temor. La persona no le teme al agua, por ejemplo, sino que ésta se convierte en el símbolo de otro miedo más profundo que el paciente no ha podido enfrentar". En el caso de la señora de la ducha, este artefacto se había convertido en el símbolo de una fantasía de infidelidad que la mujer se negaba a reconocer. Es decir, los fóbicos pueblan el mundo exterior de objetos terribles que son proyecciones de otros temores profundos que no tienen nada que ver con las alas de las cucarachas o la lengua partida de las culebras. Estos miedos, que la mayoría de las veces empiezan en la infancia, a veces logran saltar con sus patas largas y traviesas a los territorios de la adultez, supuestamente menos fértiles para la imaginación y los monstruos. En cada fobia hay un niño que no ha terminado de crecer y que se esconde en la mirada adusta del adulto, pero que no espera a que éste se dé la vuelta para saltar al frente con sus berrinches. Según el sicoanalista Simon Branski, "los adultos maduramos al mismo tiempo en muchos sentidos, pero a veces hay más dificultades para hacerlo en ciertos aspectos que en otros". Y son las zonas en las que el niño llora por su paleta las que se vuelven el territorio abonado para los miedos primitivos. Hay varios factores que inciden en la aparición de las fobias. La edad es el más importante: casi todos los niños las padecen, pero sólo el 20 por ciento de los adultos las reproducen. El género también es definitivo: según el Dignostic and Statiscal Manual of Mental Disorders, de todos los adultos que presentan fobias el 90 por ciento son mujeres. Las fobias también parecen ser hereditarias: los padres que sufren fobias suelen transmitirlas a sus hijos a través de la educación. Pero aunque todos en mayor o menor grado las padezcan, solo se consideran patológicas cuando son incapacitantes: es decir impiden que la persona ejerza su trabajo o sus funciones sociales y familiares. Para hacerles frente hay terapias como la sicoanalítica o la conductista, que según el sicoanalista Germán Aguirre, "al lograr crear conciencia en el paciente sobre su origen logran controlarlas". Para el resto de los mortales estas fobias simplemente están demostrando, como especie de puertas abiertas al rincón de San Alejo, que no todas las luces de la mente estaban prendidas como parecía y que hay todavía muchos lugares oscuros por donde se pasean ejércitos de fantasmas particulares.
Agorafobia
Es una de las más comunes. Su nombre viene de la palabra ágora, que en griego significaba plaza. Se trata del miedo a los espacios abiertos, que para los sicoanalistas está relacionado con el temor a ser expulsado del seno materno, a ser abandonado por el padre y en general a no tener aceptación en el grupo social.
Miedo al vacío
Otro temor bastante difundido es a las alturas, al abismo, a volar. En este caso se trata del pánico de dejar la tierra firme que representa simbólicamente a la madre. Es el miedo de ser aniquilado.
Oscuridad
En los niños se trata del temor a asumir la propia agresividad que sienten con sus padres pero que el yo infantil no es capaz de expresar. En los adultos está relacionado con la angustia de la separación, de la confrontación.
Claustrofobia
Es el temor a estar encerrado, a los ascensores y a todo los espacios limitados. Refleja el miedo a perder la libertad, a no poder salir de determinadas situaciones conflictivas.
Fobias sociales
Es un temor persistente a situaciones sociales en las cuales puede presentarse una vergüenza en público. Se expresa como un temor a hablar en público, a iniciar o mantener conversaciones, a hablar con la autoridad, a los espectáculos y en general a todas las situaciones que impliquen interacción social.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.