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| 9/30/2006 12:00:00 AM

Mientras dormía

Nace una nueva tendencia para conocer lo que significa dormir en pareja. Un sociólogo, un fotógrafo y una escritora exploran ese tema desde diferentes ópticas.

A los 29 años Gon- zalo creía que lo sabía todo acerca de sí mismo. Pero luego de pasar dos meses compartiendo el mismo lecho con su pareja descubrió una serie de comportamientos propios que ni siquiera sospechaba. "Yo no sabía que roncaba", admite este ingeniero. Este tipo de conocimiento solo se da cuando dos adultos comparten cobijas, un hábito muy común entre los seres humanos. A pesar de esto se le considera un espacio negativo, lo que en sicología significa un área de la vida que a menudo los académicos ignoran.

No es el caso de Paul Rosenblatt, un sociólogo de la Universidad de Minnesota que acaba de publicar el libro Dos en una cama: el sistema social de compartir lecho en pareja (Two in a bed: The social system of couple bed sharing). En el libro, el autor argumenta que pese a que en un país como Estados Unidos 61 por ciento de las personas duerme con otro adulto por el que siente algo especial, los libros y documentos sobre el tema son escasos. "La mayoría de expertos ha abordado el dormir como un fenómeno individual", dice. Y eso que la mayoría de personas pasan entre un cuarto y un tercio de su vida durmiendo en compañía.

Rosenblatt da otra visión en su trabajo: dormir con otro es complicado y requiere ajustes, reglas y hasta un aprendizaje que muchas veces se da a punta de codazos. Pero ante todo es una experiencia social que trae muchos beneficios a la pareja. El sociólogo encontró que es el único momento en el que los novios o esposos con profesiones demandantes pueden enterarse de los asuntos del otro. Hablan, discuten, resuelven problemas, en fin. "Si no tienen esta interacción en la cama están en problemas", sentencia el experto.

Para su trabajo, Rosenblatt realizó 88 entrevistas a 42 parejas cuyas edades oscilaban entre los 20 y los 77 años. Algunos habían compartido cama con otra persona importante apenas seis meses. Otros lo habían hecho durante 51 años. En el grupo hubo parejas de lesbianas. Si bien la mayoría admitió que dormirían mejor solos, prefieren hacerlo con sus parejas para no perderse de la intimidad y la seguridad que esa experiencia ofrece.

Para casi todos dormir juntos ha implicado un ajuste. El sicólogo encontró que algunos pelean por la temperatura de la habitación, otros, por tener el televisor prendido o apagado o por leer o comer allí, lo que implica dejar una luz encendida. Incluso hay desacuerdo por temas tan superfluos como la manera como se tiende la cama. La lista continúa: si dormir desnudos o no, a qué horas se pone el despertador, si uno le roba las cobijas al otro, si ronca y no deja dormir. Rosenblatt destaca que los expertos no contemplan estos factores en el análisis individual del sueño, cuando es evidente que "los hábitos y problemas de uno afectan al otro".

Hay parejas en las que uno tiene sueño pesado y el otro, liviano; uno madruga y el otro es dormilón, o a uno le gusta dormir enrollado entre las sábanas y al otro, libre de ellas. Esas diferencias, argumenta Rosenblatt, pueden ser polémicas, y la manera como se resuelvan puede afectar el sueño de ambos. En este sentido, lo que sucede bajo las cobijas es un reflejo de la relación afectiva que la pareja sostiene en las horas de vigilia. "Los retos de dormir son casi los mismos que los de una pareja", dice.

Por eso, para Rosenblat dormir juntos es un sistema de relación, como muchos otros, que tiene reglas, que requiere consensos y que sirve para comunicarse con el otro. Es un espacio muy parecido al camerino de un teatro, donde se crea una intimidad especial y las parejas expresan sentimientos e ideas que no comunicarían en público. Aunque la relación entre la cama y la sexualidad es inmediata, eso no es lo más importante para las parejas. La idea más evocada fue la de intimidad, entendida como un momento en el cual cada uno de los miembros de la pareja deja a un lado sus intereses particulares y se conectan. "Hay algo en la noche que facilita esa apertura hacia el otro". Entre las mujeres lo más importante es la seguridad.

Dormir juntos y en contacto puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. El profesor encontró que mientras dormían el uno detrás del otro, posición conocida como la cucharita, un esposo sintió unos movimientos extraños en su mujer. Se despertó, llamó a emergencias y la llevaron al hospital. Se trataba de una derrame cerebral y desde entonces ambos sienten que dormir es una experiencia salvadora.

La visión de Rosenblatt se complementa con el libro de Evany Thomas, una escritora de San Francisco que lanzó en marzo de este año El lenguaje secreto de dormir, un manual acerca de las 39 posibles posiciones que tienen las parejas mientras duermen. Las más comunes son la cuchara, el alpinista (con los brazos colgados sobre el borde la cama), con un brazo extendido o los dos dándose la espalda, y sugiere que las parejas se detengan para ver cómo "los dos bailan mientras descansan".

En el mismo tema se ha centrado el artista David Bleima Ichioka, quien ha pasado los últimos 15 años de su vida fotografiando a personas casadas o solteras con hijos o sin ellos mientras duermen. De su trabajo deduce que el patrón general es que las parejas se juntan al comienzo, se separan a medianoche y luego se vuelvan a juntar por la mañana.

Muchos se llevan sorpresas: como Greg, un economista de Boston que cuando vio sus imágenes exclamó: "¡Nunca me imaginé que el gato se sentara en mi cabeza toda la noche!"

El mensaje, en definitiva, es que no se debe subestimar este momento pues la manera como se duerma habla de cada persona. Como dice Rosenblatt, "a través de este tipo de sistemas sociales compartidos se construyen y se alimentan las relaciones. Y de paso, se descubren los más profundos significados de la vida".
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