Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1991/05/27 00:00

MIJITA, ESTA NOCHE NO

El secreto mejor guardado de los hombres es que muchos no desean sexo tan a menudo como sus parejas.

MIJITA, ESTA NOCHE NO

EL MITO DEL MACHO SIEMPRE DISPUESTO, SIEMPRE A LA CAZA de aventuras sexuales, siempre con la libido alborotada está desmoronándose poco a poco. Al menos es lo que revelan algunas de las estadísticas más recientes. Se estima que entre el 30 y el 50 por ciento de los hombres casados tienen menos deseos sexuales que sus parejas. En un sondeo acerca de la discrepancias sexuales el término usada por los sexólogos para designar el problema se encontró que la mala fama la tienen las mujeres y que, al contrario de lo que se creía, es el hombre y no la mujer el que con más frecuencia echa mano del dolor de cabeza para sacarle el cuerpo a las relaciones sexuales con su pareja. La jaqueca, pues, ha dejado de ser disculpa exclusiva de la mujer. Para los hombres es también un recurso igualmente efectivo.

El sexólogo Anthony Pietropino, autor de varios libros sobre el tema, entre los cuales figura Querida, esta noche no, sostiene que no todos los hombres, por el hecho de serlo, tienen niveles de deseo sexual similares. Existen varios grados de inapetencia sexual en los orgullosos descendientes de Adán. Por ejemplo, hay hombres cuyo nivel de deseo sexual permanece relativamente bajo y no es significativamente afectado por un cambio de pareja o de circunstancias. Por otro lado, hay hombres cuya libido se apaga por problemas de la vida diaria, depresión, medicamentos o alcoholismo.

Un tercer tipo tiene que ver con el romance en sí mismo. No es raro encontrar varones que reconocen sentimientos temor o irritación acerca de algún aspecto de la relación, que se traducen en una disminución de los niveles usuales de interés sexual. En mi práctica dice la sexóloga Shirley Zussman encuentro que hombres que confiesan que se masturban diariamente, afirman que cuando llegan a sus casas se bloquean sexualmente con sus parejas. Eso lo que revela es que la pareja tiene un problema que no ha podido resolver y el resultado es evitar el sexo.
Para hacerlo, una buena disculpa es un dolor de cabeza.

Las mujeres que descubren que el amor de su vida tiene un instinto sexual bajo, enfrentan una enorme dificultad para encontrar la forma de tratar el tema sin herir las susceptibilidades y el ego de su pareja. Todo esto por una razón muy sencilla: una libido masculina de bajo perfil contradice los estereotipos sexuales, que asignan el papel del insaciable perseguidor al hombre el de la tímida conquistable a la mujer.

Enfrentar a un hombre de nivel de apetencia sexual bajo, puede constituir una amenaza profunda para su ego y el arraigado deseo de verse a sí mismo como viril. La idea de que es responsabilidad del hombre mantener satisfecha sexualmente a la mujer es, al fin de cuentas, tan vieja como la ley rabínica del siglo III, en la cual se especificaba, de acuerdo con la condición masculina, el mínimo número de veces por mes en que el esposo debía cumplir con su deber conyugal.

Muchos de los hombres encuestados señalaron que, incluso si no experimentaban deseos sexuales con su pareja, se sentían obligados a hacer el esfuerzo para satisfacer las necesidades de la mujer, pues no les gustaba estar por debajo de las circunstancias. Las presiones culturales son enormes y los hombres, en general, o no saben cómo o no pueden decir no. Tradicionalmente la negativa no sólo ha sido privilegio femenino, sino virtud. Muchos hombres, sin embargo, afirman que no es que rechacen siempre las relaciones sexuales, sino que las rechazan en circunstancias específicas, cuando responden a una exigencia demasiado perentoria de la mujer o cuando hay condiciones de estrés que les impiden relajarse y ponerle cuidado y atención a lo que hacen.

Las personas que están deprimidas tienden a tener un bajo instinto sexual, mientras que la ansiedad puede suprimir o estimular el deseo dependiendo del tipo de persona. Los sicólogos afirman que, por lo general, los más desaforados amantes se encuentran entre los ansiosos.

Además de los valores culturales, de los prejuicio y de la educación, la naturaleza subjetiva de la satisfacción sexual es otra de las razones por las cuales las parejas encuentran difícil hacer le frente al problema. ¿Qué es demasiado y qué es poco en materia de sexo? ¿Cuándo una pareja tiene necesidad excesiva? ¿Cuándo la carencia de respuesta del otro llega a ser una falta de cumplimiento que puede tener consecuencias juridicas? Como para todo hay puntos de referencia, las estadísticas señalan que un patrón de referencia es sexo dos veces por semana. Sin embargo, ésto puede significar una cosa completamente diferente para personas completamente diferentes.

El manejo de los asuntos sexuales es totalmente personal, difiere de individuo a individuo, y ha sido pobremente entendido. No sólo influyen en estos factores subjetivos, culturales y de educación, sino también factores biológicos. Una deficiencia hormonal, el consumo de drogas o el alcoholismo pueden producir una baja en el deseo sexual, pero también hay causas externas que originan estados síquicos serios, susceptibles de modificar el equilibrio hormonal y alterar los neurotransmisores que afectan la libido. En los últimos tiempos se ha descubierto que es más frecuente de esos estados síquicos es el estrés. Su nefastas consecuencias sobre la vida sexual de las personas ha llevado incluso a algunos especialistas a afirmar que, de seguir como van las cosas, llegará el día en que los habitantes de las grandes urbes podrían ser declarados impotentes. Es decir, que se produciría una gran jaqueca universal.

¿Entonces, la realidad del síndrome de la inapetencia sexual en un alto porcentaje de los hombres entra en contradicción con la idea de que ellos tienen un instinto sexual más alto que las mujeres? La más reciente y completa investigación indica que los hombres, como grupo, están en general más dispuestos que las mujeres a tener relaciones sexuales.
Sin embargo, aunque biológicamente el hombre tiende a excitarse más rápidamente, los investigadores también han confirmado que el instinto sexual masculino tiende a ser sobrevalorado.
Lo curioso es que mientras se acepta con mucha naturalidad que las mujeres experimenten variaciones en su deseo sexual, se cree que algo anda mal si un hombre no quiere tener sexo con la frecuencia esperada. La educación en este campo no sólo es deficitaria, sino discriminatoria y, como si fuera poco, incluye muchos ingredientes religiosos y de culpa que pueden afectar el desarrollo sexual normal de las personas. Mientras a los jóvenes se les presiona en cierta forma para que inicien pronto su récord sexual y la cantidad de las relaciones se vuelve trofeo y motivo de orgullo, a las jóvenes se les dan señales equívocas sobre el tema y muchas terminan no sabiendo si el sexo es malo o es bueno, de lo cual se derivan malsanos sentimientos de culpa. Un resultado de todo esto es que muchas mujeres, no importa qué tan liberadas sean, tienden a esperar la iniciativa masculina para empezar su vida sexual. Si por casualidad el hombre de la iniciativa es debajo perfil sexual, la mujer puede llegar a sentirse frustrada, porque necesita más sexo que el que tiene con su poco apetente pareja.

Independientemente de sus causas, la inapetencia sexual masculina está amenazando a la mujer. Ella, a veces, tampoco entiende el problema. Entonces lo que experimenta es frustración por la falta de deseo sexual de su pareja y tiende a pensar que lo que sucede es que él no siente deseo por ella. El rechazo del hombre se vuelve doloroso para la mujer, se siente frustrada porque su pareja no desea sexo y piensa que no la desea a ella. En general, para una mujer hacer el amor es realmente hacer el amor. Significa compromiso, aceptación, afecto. Para el hombre es la confirmación de su poder, de su virilidad. Si un hombre no quiere hacer el amor con su mujer, a la mujer se le mueve el piso, no sabe dónde está parada, le dijo a SEMANA un terapista de pareja.

Como en ningún otro problema sexual, la falta de sintonía o la discrepancia en materia de deseo puede tener una consecuencia emocional, devastadora y puede dar a traste con una relación. Lo grave es que en una relación es sorprendentemente fácil que desaparezca el deseo sexual. Tan pronto como alguno de los miembros de la pareja se siente inadecuado, no importa la razón, él o ella experimentan como efecto inmediato la pérdida del deseo.
La apetencia sexual depende mucho del ego. Un hombre que prefiere el sexo menos a menudo que su pareja, puede ser profundamente herido por una mujer que insinúa que él se está negando intencionalmente. Incluso un hombre que no se sienta a la defensiva puede sentirse afectado por un revés sexual.

En realidad, los individuos hombres y mujeres presentan bajonazos de su libido a lo largo de la vida sexualmente y nadie puede afirmar que vive, como los scouts, siempre listo. El problema estaba en que mientras a la mujer no le costaba trabajo reconocerlo, el hombre se estaba viendo a gatas para mantener incólume el mito del imbatible unicornio.

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