Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/04/25 00:00

Misterios a la colombiana

El arquitecto Santiago Martínez revela en su obra más reciente los vínculos entre la Atlántida, los ovnis y el desarrollo de la humanidad.

Los astrónomos-astrólogos sumerios creían que más allá de Plutón existía un planeta que orbitaba al Sol en forma elíptica cada 3.600 años. Un conocimiento de por sí sorprendente para un pueblo antiguo si se tiene en cuenta que Plutón no fue descubierto por Occidente hasta 1930 y que a mediados del mes pasado los científicos encontraron más allá de éste un nuevo planeta al que bautizaron por ahora Sedna.

Quién sabe si es el mismo al que los sumerios se referían como Nibiru y en el que situaban el lugar de origen de los anunaki, los dioses que vinieron a la Tierra hace 12.000 años, crearon al hombre por medio de experimentos y le enseñaron los elementos básicos de la civilización: la escritura, la metalurgia, la siembra y el cultivo y recolección de granos.

Esta no es una historia de ciencia ficción como las que escribieron maestros del género como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke. Es la tesis que desarrolló un ruso llamado Zechariah Sitchin en su libro El 12º planeta a partir de dos documentos antiguos: las 11 tablillas de arcilla sumerias que contienen la leyenda de Kharsag y los textos de Enoch. Sitchin dice en su texto que los anunaki (que significa "aquellos del cielo que a la tierra vinieron") son los mismos nefilim ("hijos de Dios" o "los caídos") presentados como gigantes en el capítulo seis del libro del Génesis.

A partir de esta información y de la que ha recopilado en sus viajes, el arquitecto colombiano Santiago Martínez Concha desarrolla su propia tesis en el libro La conexión atlante, de los gigantes del génesis a los tripulantes de la nave de Roswell, que recién apareció en el mercado. Para Concha los nefilim se establecieron en la Atlántida, fueron destruidos y algunos de los sobrevivientes se establecieron en diferentes puntos del planeta, donde intentaron volver a desarrollar algunos aspectos de su desaparecida civilización. Por eso alrededor del mundo hay una gran cantidad de "pruebas erráticas", en palabras de Concha, que contradicen la tesis de un desarrollo lineal y que ponen en aprietos a los más avezados investigadores y científicos. ¿O cómo explicar, por ejemplo, las huellas de pisadas, una al lado de la otra, de dinosaurios y seres humanos en el lecho del río Paluski, en el estado de Texas, Estados Unidos?

El libro de Martínez Concha se inscribe en el género de lo que se conoce como 'realismo fantástico', un término que acuñaron el ingeniero químico Jacques Bergier y el periodista Louis Pauwels en 1960, cuando publicaron la primera edición de El retorno de los brujos. En esta obra hablaron de conocimientos antiguos como la alquimia, dieron pistas sobre civilizaciones desaparecidas, expusieron experimentos parasicológicos llevados a cabo por el ejército estadounidense y develaron las tradiciones esotéricas que alimentaron al nazismo en su camino hacia el poder. Algunos de los temas que trataron se han convertido en hitos en este campo de lo inexplicable: los mapas del navegante Piri Reis (a los que supuestamente tuvo acceso Cristóbal Colón y en los que se ve la Antártida), las figuras de Nazca (¿un cosmódromo para naves extraterrestres?) o los misterios de la gran pirámide de Keops, entre otros.

En 1968 el suizo Erich von Däniken con su obra Carrozas de fuego terminó de apuntalar el sendero que Bergier y Pauwels habían abierto. Este fue el primero de 26 libros (que han sido traducidos a 32 idiomas y han vendido 60 millones de copias) en los que ha desarrollado lo que llamó exobiología, 'la ciencia' que estudia la intervención de los extraterrestres en la historia de la Tierra y la humanidad. Aunque Martínez no cita ni hace referencias a ninguno de estos dos autores en su obra, es indudable que sus teorías gravitan en ella. Otro autor clásico de este género, Charles Berlitz, sí es mencionado por el colombiano. Su obra Los secretos de la Atlántida es considerada la más importante de las 23.000 que se han escrito sobre este tema desde la antigüedad. Guiado por la presencia de Berlitz, el autor de La conexión atlante recorre los vestigios hundidos de las islas Bimini, cuya aparición predijo Édgar Cayce; habla de osnis (objetos sumergidos no identificados) y de ovnis (objetos voladores no identificados) como el que se estrelló en Roswell y que, según el colombiano, permitió y jalonó el desarrollo de una cantidad de tecnología moderna como los bombarderos invisibles o el láser.

En lo que Martínez se diferencia de todos estos autores (y de otros sobre los que vuelve con insistencia como el ya mencionado ruso Sitchin o su paisano el médico Immanuel Velikovsky) es en su insistencia de mirar todos estos eventos misteriosos desde la óptica de la religión católica y el cristianismo, haciendo énfasis en las señales que parecen anticipar el Apocalipsis de San Juan. Este libro es ideal para los nostálgicos de la revista Duda y para los seguidores de Archivos X. Unos y otros estarían de acuerdo con que a esta obra le caen como anillo al dedo las palabras que escribió Däniken en la introducción de Recuerdos del futuro: "Escribir este libro es una temeridad. pero no lo es menos leerlo".

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