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| 4/3/2017 12:18:00 PM

¿Cómo hablarles a los niños de la tragedia de Mocoa?

Los desastres naturales enfrentan a los pequeños a miedos y pueden generar traumas, así no los vivan en carne propia. Consejos para explicarles lo que está pasando en el Putumayo.

La avalancha ocurrida en Mocoa es una tragedia que afecta a todas las familias colombianas. Quienes viven en la región deben enfrentar las pérdidas humanas y materiales que deja el fenómeno natural. Es un momento de dolor, confusión y miedo para adultos y niños. Acoger, ayudar y garantizar a los pequeños que están a salvo, es fundamental para que puedan afrontar este momento y recuperar la seguridad. Los organismos de atención de desastres serán los encargados de iniciar el proceso de apoyo emocional a las personas afectadas.

Las familias que no son víctimas del desastre también reciben el impacto. Además del dolor que sienten por los damnificados, se enfrentan a la realidad de que todo puede cambiar en un instante, que pueden perder la vida y sus pertenencias. Los niños se afectan con las historias que escuchan de los adultos y las imágenes que ven en las noticias.

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¿Cómo pueden los padres y adultos cercanos ayudarlos en este momento?

· Hablar con ellos. Para los padres no es fácil hablar de lo que ha sucedido pues es un tema doloroso y del que no tienen todas las respuestas. Pero los niños necesitan conversar con alguien, contarle lo que han oído o han visto en la televisión; sentirse escuchados, que se valoran sus sentimientos, sus inquietudes y su necesidad de entender lo que ha pasado. Se trata de escucharlos, investigar que saben y cómo lo entienden y, responder a sus preguntas. Es importante hablar a los niños con la verdad, dar respuestas claras y sencillas, pero siempre teniendo en cuenta la edad; explicarles que un desastre natural es ocasionado por eventos o fenómenos de la naturaleza que están fuera del control de los seres humanos, que no es fácil entender por qué suceden y que no se trata de buscar culpables sino de aceptar lo que ha ocurrido.

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· Entender sus miedos. Después de un desastre natural se activa en los niños el miedo a que algo similar ocurra donde ellos viven, que puedan perder su familia y su casa, que queden solos sin alguien que los proteja y los cuide. Es importante no minimizar ni descalificar estos miedos, aceptar que algo terrible ha sucedido y que está bien sentirse así.

Es posible que en este momento quieran estar acompañados, dormir con los papás y se preocupen cada vez que ellos se alejen. Los padres son los indicados para recibir estos sentimientos, valorarlos y ayudarles a manejarlos; acompañarlos, abrazarlos, darles seguridad y mostrarles que tienen personas alrededor que van a estar pendientes de cuidarlos y protegerlos. Jugar, pintar, leer cuentos y contar historias son buenas ayudas. Poco a poco ellos irán recobrando la estabilidad, la seguridad y la confianza.

· Enseñarles solidaridad y generosidad. Los desastres naturales también son una oportunidad para enseñar a los niños a ser solidarios y generosos. Aprender a ponerse en el lugar de quienes viven la tragedia y ayudarles de acuerdo a sus posibilidades. Pueden hacer una donación en dinero o especie, siguiendo las indicaciones de las autoridades encargadas; escribir una carta o hacer un dibujo con un mensaje de aliento a las familias y a los niños afectados.

Ayudar a otros les enseña que las personas se preocupan las unas por las otras, se unen y se apoyan en los momentos de dificultad; además, cuando ellos ayudan también se sienten mejor. Aprenden cómo se pueden enfrentar estas situaciones, que lo importante es hacer algo y no quedarse en lo que ha sucedido. La solidaridad permite construir familias y sociedades sensibles al dolor de otros, capaces de pensar y actuar por el bien común.

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· Hacer un plan de emergencia. Todas la familias están en riesgo potencial de vivir las consecuencias de algún fenómeno de la naturaleza como un temblor, terremoto, inundación. Es importante informarse y crear un plan de acción para protegerse en esos momentos. Sin crear pánico, enseñarlo a los hijos para que sepan qué deben hacer. Estar preparados puede reducir los daños y pérdidas.

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Los padres son los encargados de mostrarle a los hijos el mundo en que nacieron, a enfrentar los buenos y los malos momentos; a celebrar los logros y a ayudar en las dificultades. Cuando sucede un desastre natural como el de Mocoa, los niños pierden la imagen que tienen de un mundo seguro, donde la vida es tranquila y sin eventos inesperados para los que no están preparados. Sin embargo, son oportunidades para unirse, aprender y crecer como familia, comunidad y país.

Por Gloria Isaza Posse

* Si usted quiere auxiliar con dinero a los afectados de esta tragedia, puede consignar a través de esta cuenta de ahorros habilitada por la Presidencia de la República: Banco Davivienda, N° 021666888.


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