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| 1/9/2005 12:00:00 AM

Montoya se juega todo

El técnico de fútbol aceptó que la ciencia médica colombiana experimente lo que no logró Christopher Reeve, por la prohibición en Estados Unidos: ser tratado con células madre.

El técnico de fútbol Luis Fernando Montoya le gusta arriesgar y derrotar imposibles. Lo hizo con su modesto equipo el Once Caldas cuando ganó la Copa Libertadores de América contra el escepticismo general. Ahora, tras recibir un disparo en el cuello que lo dejó cuadrapléjico, aceptó con su familia que la ciencia médica del país emplee células madre para repararle parte de los tejidos de la médula espinal, destrozada por el proyectil del que fue blanco en un atraco en la puerta de su casa, en diciembre pasado. "El Gobierno Nacional le dio vía libre a este procedimiento porque se trata de una situación desesperada. Aunque las expectativas de éxito son desconocidas, ya sería un gran logro que el tècnico Montoya pudiera volver a respirar por sus propios medios", dijo a SEMANA el ministro de Protección Social, Diego Palacio. Montoya, el hombre que le dio a Colombia la mayor alegría deportiva de la última década, lleva un mes en cuidados intensivos en la Clínica Las Américas, de Medellín, y respira con asistencia mecánica. Su caso recordó al del actor norteamericano Christopher Reeve, fallecido el 10 de octubre pasado, quien sufrió hace casi 10 años una lesión similar al caer de un caballo. Ante la imposibilidad de que los tratamientos y recursos científicos y médicos desarrollados hasta ahora le permitan a Montoya volver a moverse del cuello para abajo, la familia del técnico redactó una carta dirigida al Ministerio de Protección Social para permitir que los especialistas de la Clínica Las Américas, en una cirugía sin antecedentes en el país y el continente, le implanten células madre para aminorar su lesión. El gobierno aprobó la petición y en menos de 15 días, Montoya sería intervenido. El procedimiento no sólo encenderá una luz de esperanza para Montoya sino que convertirá a Colombia en escenario de experimentación de un campo de la ciencia médica en el que a escala mundial aún hay más preguntas que respuestas. Sólo en China y Portugal se ha ensayado la terapia con células madre en lesiones de este tipo, pero los resultados de los casos no han sido publicados de manera oficial. Mientras tanto en Estados Unidos las puertas al tratamiento de médula con células madre siguen cerradas. La utilización de células madre para tratar enfermedades y lesiones en humanos se encuentra en medio de una intensa discusión y no hay consenso ni siquiera en el seno de las Naciones Unidas, que aún no han podido redactar una resolución que fije su postura frente a la clonación con fines terapéuticos. El interés que existe por esas células se debe a que muchas de las enfermedades más graves y costosas podrían ser curadas total o parcialmente mediante su aplicación. A diferencia de Montoya, Christopher Reeve, el protagonista de Superman, libró sin éxito una batalla jurídica, científica y ética por lograr que el gobierno de Estados Unidos aprobara su tratamiento con células madre, para reparar la lesión de columna vertebral que sufrió en mayo de 1995, en una competencia ecuestre. Aunque en Estados Unidos se realizan experimentaciones de este tipo con ratones de laboratorio, no están autorizados los tratamientos de médula en humanos. Mediante Paralysis Foundation, la organización que creó para promover la atención e investigación de lesiones de la columna vertebral y otros daños del sistema nervioso central que producen limitaciones motrices, Reeve abrió un debate que ha acaparado la atención de los estadounidenses y que alcanzó su mayor notoriedad en la pasada campaña electoral ante la oposición radical del presidente George W. Bush para permitir este tipo de terapias celulares en humanos. En el caso del técnico, debido a la gravedad de sus lesiones y a lo inciertos que se prevén los resultados del tratamiento, su familia (esposa, hijo y hermanos), con consentimiento del mismo Luis Fernando Montoya, redactó un documento de "petición y solicitud" para que se acuda a los "protocolos compasionales", a las razones humanitarias contempladas en la Ley de Responsabilidad Civil Médica, y se le implanten células madre. "Hay que recurrir a algo, a un salvavidas y luchar por otras alternativas", le dijo a SEMANA Adriana Herrera, esposa de Montoya. Mientras que la familia del técnico asumió los riesgos del procedimiento y los costos básicos de la intervención, la Clínica Las Américas y los médicos que atienden a Montoya sólo cobrarán los insumos requeridos. No habrá honorarios. Los especialistas contarán además con el respaldo del Laboratorio de Ingeniería de Tejidos y Terapia Celular de la Universidad de Antioquia, que apenas solicitó el dinero necesario para separar las células madre y suministrarlas. Según el neurocirujano Ignacio González, quien encabeza el equipo médico que trata a Montoya, "no hay violaciones a las normas porque se emplearán células del mismo Luis Fernando. Lo más importante y lo que tal vez se pueda alcanzar, y que sería un gran logro, es que él vuelva a respirar por sus propios medios". Las estadísticas dicen que en casos de cuadraplejia como el del técnico, el 75 por ciento de los pacientes que respira con ayuda mecánica fallece, mientras que entre quienes logran recobrar el movimiento autónomo de sus pulmones sólo muere el 15 por ciento. Los médicos de la Clínica Las Américas intervendrán a Montoya con células madre del tipo 'adultas o pluripotenciales', capaces de regenerar cualquier tejido y frente a las cuales no hay tanta resistencia ética porque se trata de una especie de 'autoimplante'. La polémica que gravita hoy entre científicos y gobiernos del mundo es en torno a las células madre del tipo 'embrionario o tutipotenciales', capaces de crear un organismo completo y que por ello despiertan la pregunta sobre cuándo comienza la vida y si es conveniente que el hombre manipule y altere el proceso natural de su creación. Pero el caso de Montoya no es tan sencillo. En laboratorio los científicos lograron curar en 15 días a ratones a los que se les seccionó la médula con un bisturí o se les provocó su fractura radical por medios artificiales. Es posible que en humanos la médula se reponga a tal punto que el paciente recupere dos niveles de motricidad y cinco de sensibilidad. Pero el problema de Montoya es que no se conocen resultados en lesiones producidas por bala. Un proyectil no sólo fractura la médula sino que quema y produce muerte del tejido en dos niveles más hacia abajo y hacia arriba. Él, su familia, el país y la ciencia médica del mundo esperan que los esfuerzos humanos y científicos coincidan de la mejor manera en procura de recuperarlo. Cualquier logro, por pequeño que sea, constituirá una esperanza de mejoría no sólo para él sino para miles de pacientes que tienen la esperanza de no seguir atados a una cama o a una silla de ruedas. La tarde del jueves pasado Montoya recibió por primera vez la visita de su hijo José Fernando, que le llevó un dibujo con un corazón, una cancha de fútbol y la figura de su padre dirigiendo. Adriana Herrera, esposa del técnico, recordó que él siempre, a cada encuentro, levantaba a su hijo en los brazos. "Hoy no pudo, pero sé que lo va a hacer". A su lado, Imre Kocsis, amigo y asistente del técnico, exclamó: "Luis Fernando tiene una fuerza increíble. Con gente como él, uno pregunta para qué inventaron la palabra no".
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