Domingo, 26 de febrero de 2017

| 1992/10/26 00:00

MORIR JOVEN

Los especialistas en salud mental están alarmados por el aumento del suicidio de adolescentes.

MORIR JOVEN


LA PERDIDA DEL AÑO ESCOLAR, UNA pelea con la novia, problemas familiares e interpersonales o la pédida de un ser querido son los principales motivos que llevan a los adolescentes a acabar con su vida. Pero estos eventos, que aparecen como causas, actúan sólo como detonadores de un largo y complejo proceso que muchas veces ha pasado inadvertido para los adultos.
En opinión de los especialistas de salud mental, el suicidio de la misma forma que la violencia juvenil ha aumentado en forma alarmante en la última década.
Aunque por fortuna en Colombia las tasas son mucho más bajas que en otros países en los Estados Unidos es la tercera causa de muerte entre adolescentes es un fenómeno preocupante. A tal punto, que será uno de los temas del XXXI Congreso Nacional de Siquiatría, que se realizará en Manizales del 8 al 11 de octubre. SEMANA consultó con los siquiatras Luis Fernando Gómez, Jorge Hernán Calderón, Daniel Rodrigo Jiménez, Jorge Eduardo González y María Eugenia Amézquita para profundizar un poco más en el tema.
Los estudios mundiales muestran que el suicidio de niños es muy raro y se incrementa después de la pubertad. Y en menores de 19 años es considerablemente más elevada en varones que en mujeres, pero esta proporción disminuye a medida que aumenta la edad. Aunque la compleja naturaleza del suicidio intento o consumado hace muy difícil establecer su verdadera prevalencia, algunas cifras aisladas pueden dar una idea de la magnitud del problema.
Según la sicóloga María Constanza Lozano, coordinadora del programa de orientación de La Casa, de la Universidad de los Andes, el 40 por ciento de las personas que llaman a pedir ayuda acerca del suicidio son menores de 20 años. Y de todos los que llaman, el 35 por ciento lo ha intentado alguna vez. En cuanto al suicidio consumado, en el Instituto de Medicina Legal de Bogotá se conocieron entre enero y junio de este año, 21 casos de suicidio de jóvenes, entre los 12 y los 20 años (14 hombres y siete mujeres).
Esta es sólo la punta del iceberg. La mayoría de los casos de suicidio, especialmente entre adolescentes, son encubiertos como "accidentes" por el grupo familiar para evitar, además del dolor y los consecuentes sentimientos de culpa, la condena social. De otra parte, muchos casos de "intento de suicidio" en adolescentes no son percibidos por los adultos como tales. "El consumo de alcohol y estupefacientes, la propensión a los accidentes y ciertos actos que representan inminentes riesgos de muerte, pueden ser una manera del adolescente para comunicar sus ideas suicidas", señala el doctor González. De hecho, algunos siquiatras consideran estas conductas como un "suicidio a plazos".
En opinión de los especialistas, el aumento de la drogradicción y el alcoholismo puede estar contribuyendo al incremento del suicidio juvenil. "El caos ambiental que produce el consumo de drogas y de alcohol, sumado a las dificultades interpersonales y las pobres habilidades para afrontar problemas, aumentan el riesgo", afirma González. Los estudios de seguimiento indican que el alcoholismo junto con la depresión son diagnósticos que se presentan en tres cuartas partes de los suicidas jóvenes. Al parecer, tratando de combatir la depresión con el abuso de sustancias, consiguen eliminar la inhibición de la auto destrucción. Otro factor de riesgo que señalan los expertos es el fácil acceso que los jóvenes tienen hoy a las armas de fuego. "Su presencia en los hogares es un factor que posibilita ejercer la violencia y dentro de este contexto está el suicidio", señala la doctora Amézquita. De hecho, los métodos activo violentos se han convertido en los más utilizados por los menores en los últimos 10 años. (De las 21 muertes registradas en el Instituto de Medicina Legal, 13 fueron por proyectiles).
Pero hay algo más que depresión en el suicidio de adolescentes. Mientras ésta es común en las victimas de todas las edades, la extrema ansiedad (desesperación e impulsividad) es el principal desencadenador en el caso de los menores. También se han encontrado elevados niveles de hostilidad en quienes realizan tentativas de suicidio en comparación con pacientes deprimidos que no realizan dichas tentativas.
"Los jóvenes que intentan autoeliminarse casi invarialemente tienen una larga historia de problemas de conducta y de difcultades académicas e interpersonales", señala el doctor Gómez. Por su parte el siquiatra Daniel Jiménez agrega: "La adolescencia es una época con importantes alteraciones síquicas y vaivenes anímicos, en la que es posible esperar depresiones transitorias. Sin embargo, los jóvenes que cometen suicidio no son muchachos normales quienes repentinamente son víctimas de depresión o ansiedad. Estas generalmente no aparecen en forma sopresiva sino que son procesos incubados durante uno o más años". Por eso, advierte que es importante que ciertos comportamientos mo el retraimiento, el bajo rendimiento escolar, la irritabilidad y el oposicionismo sean vistos por los adultos como situaciones bajo las cuales subyacen problemas emocionales que hay que tratar a tiempo.
En las descripciones hechas por jóvenes que han intentado suicidio, generalmente el motivo consciente ha estado asociado con perdidas representativas (academicas, del objeto amoroso, de un ser querido) que son sentidas por el adolescente como irreparables.
Incluso muchos se adelantan a una perdida real como un mecanismo para afrontar el dolor y la sensación de soledad o abandono, explica el doctor Gómez. "Pero si la motivación puede ser impulsiva, el acto real es bastante deliberado". Los estudios de seguimiento muestran que en el 80 por ciento de los casos, la victima ha comunicado sus intenciones a amigos y familiares. Aunque muchas de estas advertencias son ignoradas o negadas por los adultos, está demostrado que quien manifiesta intenciones de suicidio está en un gran riesgo. Igualmente se ha probado que aquellos que tratan de suicidarse una vez, buscarán hacerlo de nuevo hasta que lo consigan, a menos que un tratamiento siquiatrico los haga desistir de sus intenciones.
Esta manifestación, más que una amenaza para llamar la atención, es una forma de pedir ayuda.

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