Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/09/24 16:22

El Disneylandia del sexo

En Sao Paulo los moteles son un negocio millonario. Entre piscinas privadas, salas temáticas y absoluta privacidad, estos establecimientos son un epicentro de la extravagancia y el placer.

En el hotel Lush la noche cuesta desde 120 dólares. Foto: lushmotel.com.br

Es común asociar la idea del motel a inciertos escenarios de dudosa calidad y elegancia: luces de neón y nombres extravagantes y estrambóticas estatuas adornan lugares que suelen ser calificados como ‘de mala muerte’. Para la mayoría basta con que el establecimiento sirva como escondite e ignoran la decoración.  

Sin embargo, en Sao Paulo como en otras ciudades, los moteles ya no son sólo un lugar para escapadas furtivas sino que se han convertido un verdadero negocio que ofrece cientos de opciones para todo tipo de clientes.

“Los clientes de los mejores moteles brasileros ahora piden una experiencia que va mucho más allá de encontrar un lugar discreto en donde tener relaciones sexuales”, le dijo al diario The New York Times Flavio Monteiro, el director del Apple Motel de Sao Paulo.

Lujuriosas y lujosas tardes entre cascadas de agua cayendo en piscinas privadas, DJ’s personalizados y paseos en helicóptero y en Ferrari ya no son cosa de otro planeta.

Un reportaje del New York Times registró que según la Asociaciôn Brasilera de Moteles, a pesar de tener fuertes detractores, los moteles son toda una tradición en el país y el mercado es tan concurrido y competitivo que hay alrededor de 5.000 moteles en el país, y 300 en Sao Paulo.

En esa ciudad, son muchos los establecimientos que ofrecen servicios bastante fuera de lo común por un precio que, a pesar de ser alto (350 dólares por un paseo de media hora en un Ferrari, 120 dólares por una noche en el hotel Lush), algunos pagan con gusto.


Una de las habitaciones del Lush hotel. Foto: tripadvisor.com

Algunos establecimientos ofrecen servicios temáticos para satisfacer todas las fantasías: desde suites al estilo de 50 sombras de Gray, o con decoraciones que van desde las civilizaciones antiguas, japoneses y hasta las que dedican homenajes a equipos de fútbol.

The New York Times registró que uno de los más ambiciosos proyectos es el del Harmony Hotel, que tiene suites temáticas sobre distintos lugares en Asia.

La suite Nagoya, por ejemplo, está equipada con un escenario de pole dance, una sala para jugar Xbox, máquinas de pinball, una terraza para tomar el sol, cervezas, un barbecue, un acuario con peces exóticos y claro, una cama King size para los amantes.

Según el diario neoyorquino, el Harmony permite la organización de fiestas de hasta 100 personas dentro de la suite y el precio para una pareja durante un par de horas está alrededor de los 100 dólares.

“Los moteles en Brasil son como el Disneyland del sexo”, le dijo a The New York Times Dinah Guimaraens, una antropóloga y arquitecta que se ha especializado en el estudio de los moteles brasileros.

“Proveen una combinación de entretenimiento, fantasía y escape permitiéndole a la clase media o alta sentirse poderosa durante algunos instantes”, agregó Guimaraens.

El público es muy variado y va desde parejas jóvenes y matrimonios de largo alcance hasta turistas y locales acompañados por prostitutas.


Foto:Youtube.com

A pesar de la profunda crisis económica que pesa sobre el país vecino, el negocio de los moteles se mantiene a flote y las posibilidades parecen infinitas: la innovación está en pleno apogeo. Y se confirma, de nuevo, que el sexo suele ser un buen negocio.

“El sexo es una fuente inagotable de negocios”, le dijo Marine, una joven francesa radicada en Sao Paulo a Semana.com. “Estos lugares son una fantasía para salir de la rutina y a pesar de que son bastante costosos, comparado con el precio de los hoteles de lujo y teniendo en cuenta la originalidad de los servicios, vale la pena”, afirmó Marine, de 25 años.

“En Francia, por ejemplo, no existe esa cultura de moteles y poder pasar una noche como las que he pasado en algunos de estos lugares es impensable”, explicó la joven.

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