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| 12/3/2011 12:00:00 AM

Mucho cacique…

Con creciente frecuencia los empleados deben lidiar con dos o más jefes. Los expertos aconsejan cómo sobrevivir en una oficina en donde muchos mandan.

LOS TRABAJADORES creen que lo más grave de un empleo es caer en manos de un jefe difícil. Pero hay algo peor, según los expertos, y es tener que reportarle a más de un superior. Algunos tienen dos y otros, tres, como sucede en las multinacionales, donde los trabajadores reciben órdenes del gerente del país, del regional y del gran jefe. Pero ha habido casos estudiados de personas que llegan a tener hasta 33. No importa el número; si pasa de uno, manejar los jefes es el reto más grande que enfrentan los empleados hoy, según afirman los psicólogos organizacionales.

Y es difícil porque los subalternos deben aprender a manejar diferentes estilos de trabajo

de manera simultánea, enfrentar entregas en las mismas fechas o recibir órdenes contradictorias. Y lo más probable es que entre todos haya alguno que no sea propiamente un angelito. En esos momentos es cuando muchos añoran tener un jefe, así sea un ogro, pero uno solo.

Este fenómeno es común hoy debido a que la estructura vertical y rígida, que era lo más usual en las empresas, se cambió por una más horizontal para darle agilidad y un toque democrático a la organización. Según Clara Reyes, socia consultora de CRM Psicología Organizacional, también es común en empresas familiares, donde los dueños se sienten con autoridad de mandar a cualquiera sin respetar las jerarquías, o en aquellas en las que los perfiles de autoridad no están muy claros y todos se creen jefes. Además, muchas organizaciones están adoptando un esquema matricial, es decir, de manejo por matrices, en el que los empleados trabajan en diferentes equipos de varios departamentos, por lo que

terminan teniendo tantos jefes como proyectos. Esto, sin mencionar el poder informal que ejercen personas que no son propiamente jefes pero su cercanía a ellos o su influencia en la estructura es determinante para tratarlos como tales.

María Serrano, consultora de una agencia multilateral, vive esta situación pues sus tareas son supervisadas por dos superiores de un mismo rango pero de diferentes áreas. "Yo hago cosas que le gustan a uno pero el otro las critica. Al final no sé qué hacer, porque ambos son jefes y siento que debo tenerlos en cuenta a los dos", dice. Uno de ellos trata de influenciarla a escondidas del otro, lo que le genera una gran presión porque, como ella misma lo dice, "no quiero caer en desgracia con ninguno".

Y son precisamente los mensajes contradictorios uno de los tres retos más difíciles que los trabajadores afrontan a diario. A veces estos líderes evitan las confrontaciones entre ellos y el empleado se convierte en el mensajero de ambos, situación que no se debe permitir (ver recuadro). Esperanza Rodríguez, ejecutiva de un banco, dice que cuando el manejo es así, contradictorio e indirecto, sufre más porque se desorienta y estresa, además de que debe dedicar tiempo extra a manejar a sus jefes. "El problema no es recibir órdenes sino que los superiores no estén en la misma página, porque uno se siente como en un sándwich, totalmente sin control".

Con varios jefes es muy común sobrecargarse de trabajo, otro de los grandes retos que los expertos señalan. Ningún jefe sabe los proyectos que tiene encima un empleado y simplemente le asigna funciones que para él son prioritarias. Y así sucede con los demás superiores, de modo que los tiempos de entrega de tareas a veces coinciden. Todos quieren lo suyo para ya, pero el empleado queda paralizado y frustrado sin saber a quién atender primero. Y, como señaló en entrevista con la revista Harvard Business Review Adam Grant, autor del libro The Hidden Advantages of Quiet Bosses, "si usted no tiene cuidado, puede terminar por defraudarlos a todos".

Esto lleva al tercer reto, que es la demostración de lealtad hacia cada jefe, pues cada uno quiere saber que es él la prioridad número uno. Si el ego de ellos es grande, hay que ser expertos en alta diplomacia para no herir susceptibilidades.

El escenario de los jefes múltiples hace que los trabajos se demoren y que la productividad baje. Para Chris Schreuders, coach empresarial, también deja al empleado sin sentido de pertenencia con la empresa, porque ante tantas órdenes este no sabe para quién trabaja ni para qué.

Los expertos recomiendan fomentar la comunicación entre los jefes para que se enteren de los proyectos de cada subalterno. También recomiendan hacer muchas preguntas relacionadas con quiénes son las personas a las que deben reportar en cada caso. Algunos expertos promueven la idea de establecer límites pues las investigaciones científicas han mostrado que tener muchos jefes implica una constante interrupción. Por eso, establecer periodos enfocados al trabajo, sin contestar llamadas, es una manera de sacar las tareas adelante.

No obstante, Robert Sutton, autor del libro Good Boss, Bad Boss, dice que esto funciona en ambientes saludables pero hay organizaciones poco funcionales y en ellas es necesario ser un poco solapado. "Hay que ver cuál de los jefes tiene más poder o quién lo puede perjudicar menos, y con base en eso se deben tomar decisiones acerca de cuál exigencia atender y cuál ignorar".

Cuando se opta por atender al jefe de mayor jerarquía, se corre el riesgo de generar competencia de poder en los otros, como lo señala Reyes. Hoy esto es tan común en las multinacionales que la consecuencia es un 'bypass' en el mando. La experta explica que esto sucede cuando los empleados pasan por encima del jefe local y se comunican directamente con el regional. Por eso, tener varios jefes no es solo perjudicial para los empleados, sino para los mismos superiores, quienes pueden quedar desautorizados o aislados de las dinámicas de la empresa.

Teniendo en cuenta que este tipo de organización horizontal va a estar vigente por mucho tiempo, lo mejor es que el empleado aprenda a manejar esta situación desde el comienzo para que no sienta que en la oficina, como se dice popularmente, "hay mucho cacique y poco indio". n
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