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| 4/30/1990 12:00:00 AM

MUERTE EN LA OFICINA

El admirado milagro económico japones parece tener su lado oscuro.

Sinónimos de eficiencia y productividad, los japoneses estan siendo victimas de su propio invento. El exceso de trabajo los esta matando. Cada día la prensa nipona registra nuevos casos de ejecutivos que caen fulminados sobre sus escritorios, despues de agotadoras jornadas de horas extras y alta presion laboral.

Cuando Japon se convirtió en una superpotencia economica, sus trabajadores se convirtieron en modelo para el mundo. Pero desde hace dos años, esas hordas de ejecutivos que se lanzan cada mañana de los vagones del metro en una agitada carrera hacia sus puestos de trabajo, que despachan aceleradamente cientos de asuntos desde sus escritorios y que permanecen hasta altas horas de la noche en sus oficinas sin mas preocupacion que rendir al maximo, saben que sobre ellos se cierne la amenaza del "karoshi" o muerte por exceso de trabajo.

Aunque el gobierno no quiere oir mencionar esa palabra, recientemente destino una suma millonaria para un estudio que determine si realmente trabajar en una oficina japonesa puede conducir a la muerte. Mientras en las empresas las cifras sobre productividad son cada vez mas halagadoras, en los pasillos de las grandes corporaciones cada día son mas frecuentes los comentarios de los empleados sobre nuevos casos y las familias de los trabajadores han empezado a entablar demandas exigiendo indemnizaciones. Pero establecer un vinculo directo entre la presion laboral y la muerte no es tan facil en un pais donde por varias decadas el trabajador ha sido concientizado de su papel en la productividad de la empresa. La lealtad del trabajador se mide practicamente por el numero de horas que trabaja para ella. Esto explica porque de los millones de trabajadores que cada manana arroja el metro sobre los andenes de las estaciones una alta proporcion no regresa en la tarde a sus hogares, mientras los hoteles de negocios del centro de Tokio, o los dormitorios que muchas empresas tienen para sus empleados, se ven atestados de trabajadores que se han quedado hasta altas horas de la noche en las oficinas. Segun el doctor Seki ya, los empleados japoneses trabajan en promedio 500 horas extras mas que sus colegas de Alemania oriental y 225 mas que los americanos.

En aras de la competitividad, nadie pareció darse cuenta en que momento las marchas forzadas del desarrollo tecnológico convirtieron ese ideal en el responsable de miles de muertes repentinas. "Es algo que al parecer nadie quiere asumir", dice Chikanoba Okamura, un abogado de la Universidad de Tokio, quien encabeza una campaña para hacer que el gobierno afronte la verdadera dimension del problema. Hace. un año el gobierno urgio a los japoneses a tomar mas tiempo libre y la jornada laboral se redujo a cinco días. Entonces muchas empresas le hicieron saber a sus trabajadores que esperaban que recuperaran ese tiempo en mas horas de trabajo durante la semana. "Las campañas no quieren admitir que estan matando a la gente", dice el abogado Okamura. En un pais que destina a los gastos de representacion un presupuesto superior al de Defensa Nacional, en las horas de almuerzo o de comida se trabaja con la misma intensidad que en la jornada de oficina.

Segun algunos comentaristas extranjeros, el mito de la eficiencia japonesa desaparece tan pronto se entra a una empresa. La mayoria del personal se ahoga entre montañas de papeles y memorandos, cientos de escritorios ubicados en salones abiertos permanecen a la vista y bajo la su pervisión del jefe de seccion. Y la mayoria de los altos ejecutivos, sin importar que tan interesante sea su trabajo, se quejan de la presión a que son sometidos. Esta asfixiante vida ante un escritorio ha sido el tema de un libro, llamado "Karoshi", que se convirtió en best-seller, en el cual reproducen las atiborradas paginas de las agendas de algunos altos ejecutivos que han muerto victimas de su de sempeño laboral.

Pero la nueva generación de ejecutivos ha empezado a formar una especie de movimiento de "resistencia". Hace un año, Okamura y un grupo de abogados y medicos establecieron la primera "linea directa sobre casos de karoshi". El primer día recibiero cerca de 300 llamadas. "La mayoría dice Okamura, era de esposas de trabajadores que habian muerto por exceso de presión en su trabajo". La prensa denuncio entonces numeros casos de ejecutivos y las familias en pezaron a entablar demandas y a ganar sus pleitos ante los tribunales. En el otoño pasado, una corte distrital Nagoya establecio que la muerte un gerente estaba estrechamente ligada al exceso de trabajo que habia sido forzada a realizar durante cuatro meses. El Ministerio de Trabajo, que hasta entonces habia rechazado la demanda, recibio la orden de pagar a la familia una suma cercana a los 200 mil dólares. Ahora hay cerca de 30 casos similares en los tribunales. La mayoria de ellos presentados por una organización creada recientemente el Consejo de Defensa para las Victimas de Karoshi.

Calladamente, las empresas japonesas han empezado a tomar cartas en el asunto. La Corporacion Sony anunció recientemente que todos sus empleados, quieran o no, deberan tomar vacaciones durante una o dos semanas. Otras compañias han establecido programas para detectar a tiempo las victimas potenciales.
Diariamente, cientos de ejecutivos van a parar a las salas de espera de la Clinica Neurosiquiatrica Sekiya.
"Las grandes empresas estan empezando a enviar a sus empleados. Particularmente las compañias de electrónica y computación. Los programadores son considerados trabajadores de alto riesgo. Trabajan día y noche sin mas comunicación que la de sus maquinas, dice el doctor Toru Sekiya, director de la clinica y una autoridad del mundo médico de Tokio en el estudio del fenomeno karoshi. Por lo menos 30 pacientes llegan diariamente a su consultorio, y la mitad de ellos, debe ser internada.
Todas las mañanas, sin embargo, toman sus maletines y salen disparados hacia sus oficinas para regresar en la tarde a tratamiento y supervision médica. En las salas de espera, ejecutivos entre los 20 y 35 años leen documentos, revistas, planean sus agendas y fuman desesperadamente mientras esperan ser atendidos.

El autor del libro sobre este lado oscuro del milagro japones señala que los japoneses viven urla nueva forma de esclavitud. El tiempo y el dinero se han convertido en sus amos y el estres en su forma de vida, pero los antiguos esclavos, señala el escritor, al menos tenian tiempo para sus familias".
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