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| 8/29/2009 12:00:00 AM

Muerto de sueño

El trágico final de Michael Jackson ilustra los problemas que a diario afrontan quienes padecen de insomnio crónico.

Una sobredosis del anestésico Propofol fue la causa de la muerte de Michael Jackson, según el informe que los médicos forenses dieron a conocer la semana pasada. Y lo que llevó al rey del pop a buscar desesperadamente este sedante, de uso exclusivo de las salas de cirugía, fue una condición que sufre el 10 por ciento de la población mundial: insomnio crónico. Cualquiera sabe qué es pasar una noche en blanco, pero para este grupo de personas, a quienes la dificultad de quedarse dormida o mantener el sueño se prolonga por más de cuatro semanas, puede resultar un verdadero infierno. Algunos viven esta pesadilla por décadas. Ese sería el caso de Jackson, de quien se reporta que no había dormido bien en años.

Los expertos coinciden en que nadie muere de insomnio, pero esta condición trae consigo un mayor riesgo de enfermedades y logra deteriorar la calidad de vida. Las más recientes investigaciones muestran que la gente con insomnio crónico, que duerme menos de cinco horas en la noche, tiene más riesgo de desarrollar diabetes e hipertensión. También está más susceptible a sufrir accidentes. Basta una noche en vela para que la amígdala, una región del cerebro que controla la capacidad de alerta del individuo, quede descompuesta. Esto lleva a que la corteza prefrontal, encargada de manejar los procesos lógicos y el reflejo de actuar, también se deteriore. En términos prácticos, todo esto significa que el insomne puede quedarse dormido en el trabajo o sobre el volante, tener déficit de energía o experimentar fallas de memoria. "Es como si estuviera enguayabado, con una capacidad de concentración muy pobre, dolor de cabeza y gran irritabilidad", dice Franklin Escobar, de la fundación SueñoVigilia Colombiana.

No obstante, para el médico Marco Aurelio Venegas, somnólogo de la Clínica Palermo, todo lo anterior no es tan peligroso como lo que la gente hace para combatir el mal. Entre las medidas desesperadas está consultar en las droguerías o recibir recomendaciones de amigos. "Todo el mundo formula en este tema", dice Édgar Osuna, experto en sueño de la Fundación Santa Fe. "A los especialistas nos llegan estos pacientes sólo cuando el problema ya es muy complejo", agrega. En 2008 un panel de expertos convocados por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) coincidió en que muchos de los afectados recurren al alcohol y a los antihistamínicos, que se recetan para las alergias. El insomnio, explican, es un síntoma de que algo está mal y por lo tanto el objetivo del médico debe ser explorar en cada paciente lo que le puede estar llevando a pasar sus noches contando ovejas. Tratar con bebidas alcohólicas o sedantes es peligroso, pues al atacar solamente el síntoma la persona pierde la oportunidad de que la causa del insomnio sea tratada apropiadamente.

Muchos problemas físicos, como las molestias gástricas o los dolores musculares, ocasionan insomnio, pero los pacientes no lo advierten porque el impacto de no poder dormir es mucho más abrumante que la condición que lo genera. Incluso la depresión o la ansiedad pueden disparar la dificultad para dormir, aunque también puede suceder lo contrario, con lo cual el insomnio se convierte en un círculo vicioso.

Aunque hoy existe una nueva generación de ayudas farmacológicas que no producen adicción y son seguras si se toman bajo control médico, las investigaciones muestran que el tratamiento más efectivo es la terapia cognitiva conductual. Un estudio de la Universidad de Virginia, publicado en el mes de julio en la revista Sleep, mostró que las personas que se sometieron durante nueve semanas a un curso por Internet que les enseñaba a tener buenos hábitos de sueño con la ayuda de gráficos, textos, animaciones y exámenes, mejoraron los síntomas y el efecto se mantuvo por más de seis meses.

La terapia cognitiva conductual es crucial porque se basa en cambiar la percepción que la gente tiene del sueño y por ende los hábitos poco sanos que contribuyen a mantenerlo despierto. El insomne, durante su condición, aprende a tenerle miedo a todo lo que se relacione con ir a dormir y así el desvelo se convierte en su peor enemigo. Su mundo empieza a girar alrededor del tema, dejan de salir y divertirse porque se acuestan más temprano y exigen en su casa silencio total a partir de las 7 de la noche. "Lo peor es que se van a dormir con ideas que anticipan cómo será esa noche, cuando lo normal es que nadie piense en si va a dormir bien o mal", dice Osuna. Además, el insomne cambia de hábitos. El más dañino es hacer actividades de vigilia bajo las cobijas como ver televisión, usar el computador o trabajar. Y estos comportamientos sólo incrementan el problema, pues se le envía al subconsciente un mensaje confuso que genera más frustración y ansiedad.

A pesar de la evidencia, la terapia cognitiva conductual es la que menos se utiliza porque es dispendiosa, costosa, y por falta de expertos que se dediquen exclusivamente a ella. En Colombia, donde una consulta no demora más de 15 minutos, es muy difícil lograr establecer una causa de ese síntoma y mucho más enseñar estas técnicas. Esto es un gran obstáculo para el tratamiento del insomnio porque "en una consulta uno se demora mínimo una hora sólo indagando las razones que lo están provocando", dice Venegas. "Con nuestro sistema de salud la solución más fácil termina siendo recetar una droga que induzca el sueño", señala el especialista.

Pero también está la presión del paciente, que quiere una cura de la noche a la mañana y los beneficios de la terapia cognitiva sólo se empiezan a apreciar luego de tres semanas de haberla iniciado. El tratamiento más efectivo, según los expertos, es el que combina los medicamentos con la terapia conductual. Sus ventajas radican en que mientras el médico indaga sobre las causas primarias del insomnio y trata esa condición, el paciente logra dormir gracias a la droga. "Lo que buscamos es que el proceso de recuperación no se haga a palo seco", dice Osuna. El medicamento se va descontinuando progresivamente en la medida en que el paciente le pierde miedo a ir a la cama o se cura del problema que generó el insomnio.

Lo más grave en estos casos es perder el control, según Venegas. Por eso la gran recomendación es que cuando haya dificultades con el sueño, la persona visite un especialista que le dedique tiempo y le ayude a encontrar la manera de volver a dormir bien. Lo importante es no dejar el asunto en manos inexpertas o en dejarse llevar de la desesperación que, como se vio en el caso de Michael Jackson, fue la peor consejera.
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