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| 4/18/2009 12:00:00 AM

Mujeres y crisis

Los expertos señalan que una recesión haría más visibles los problemas de discriminación que sufren las mujeres en el campo laboral.

La crisis económica podría afectar más a las mujeres que a los hombres. Además de un mayor desempleo entre la población femenina, ellas tendrían un aumento de la carga de trabajo, sobre todo en las labores domésticas. Así mismo, se sabe que en las épocas difíciles las mujeres que antes se podían quedar en casa, salen a buscar empleo y esto hace la competencia aún mas dura. Paradójicamente, la brecha salarial disminuye, lo que no significa que los sueldos sean mejores, sino que no hay tanta desigualdad en la paga entre ambos sexos.

Estas fueron las conclusiones de la ponencia que hizo Ximena Peña, doctora en economía, durante la apertura del foro 'Mujeres de Negocios 2009' que se realizó la semana pasada en Bogotá. Usando datos de la Encuesta de Hogres, esta profesora e investigadora de la Universidad de los Andes generó datos de cómo les va a ellas en épocas de recesion.

En Colombia el desempleo femenino, con o sin crisis, siempre ha sido mayor, por lo menos 5 puntos porcentuales por encima del de los hombres. Además, las mujeres se demoran más que ellos en conseguir trabajo. Para completar, a ellas se les paga menos por el mismo trabajo que a un hombre. Lo más preocupante es que ellas no lo perciben. En una encuesta reciente realizada por Yanbal, las mujeres de entre 18 y 25 años no sienten que haya barreras entre hombres y mujeres.

Peña ha encontrado en sus estudios que el tema de la brecha laboral, que no es exclusivo de Colombia, no se da por falta de preparación, pues actualmente hay más mujeres de entre 25 y 40 años con educación superior. Por cada cinco de ellas con un diploma universitario hay cuatro hombres en iguales condiciones. Por lo tanto, su hipótesis señala la discriminación como responsable del problema.

Isabel Londoño, organizadora del foro y presidenta de Mujeres por Colombia, considera que en efecto hay un trasfondo cultural en esta situación. "Persiste la idea de que el salario de los hombres es para sostener una casa y el de la mujer es para comprarse trapos", dice. Otra hipótesis es que las trabajadoras serían vistas como una carga laboral mayor que los empleados hombres, pues ellas en algún momento de sus vidas van a ser madres y las empresas no quieren invertir en un empleado que luego va a dedicarse al hogar. Helena Alviar, abogada de la Universidad de los Andes, piensa que aunque esa es la percepción general, la realidad es otra, ya que hoy muy pocas pueden darse el lujo de ser amas de casa de tiempo completo. "La mayoría cumple con la doble jornada", dice. Sin embargo, este mito podría afectarlas en coyunturas de crisis no sólo porque dejarían de emplearlas, sino porque estarían en mayor riesgo de ser despedidas.

La carga laboral que supondrían las mujeres incide también en la brecha laboral, pues ello debilita la capacidad de negociación de su sueldo. El cálculo de las empresas es que si llegara a quedar embarazada, éstas no sólo le deberán pagar la licencia de maternidad, sino que la misma mujer podría empezar a recortar las horas de trabajo en favor de su familia. "El empleador -explica- transmite ese sobrecosto a través de un menor salario". Un estudio de la Universidad de Chicago mostró este fenómeno al comparar durante 10 años las carreras de un grupo de hombres y mujeres recién graduados de un MBA. Los investigadores encontraron que la brecha salarial se fue ampliando a lo largo del tiempo, pues luego de tener hijos la mujer empieza a hacer un balance entre trabajo y familia. "Esto la aleja de cargos en los que puede ser promovida y que le exigirían invertir más horas de trabajo".

Pero las mujeres también tienen su cuota de responsabilidad en esta problemática. Algunos estudios han demostrado que el género femenino tiene menos habilidad de negociar un sueldo justo. Linda Babcock, profesora de economía de la Universidad de Carnegie Mellon y autora del libro Women don't ask (Las mujeres no piden), cuenta que durante una entrevista para un trabajo en su facultad ella contrató a dos personas, un hombre y una mujer, con iguales credenciales. "La mujer aceptó mi oferta sin negociar mientras que el hombre luchó por un aumento hasta que logró un 10 por ciento más". Y si bien un 10 por ciento puede no parecer mucho en un comienzo, a largo plazo es significativo con cada aumento salarial anual. Babcock, consciente del problema, luego ajustó el salario de la mujer. Muchos empleadores, por el contrario, hubieran celebrado el haber hecho un gran negocio. "En realidad no es buen negocio para nadie porque esa persona no va a estar estimulada para dar todo en el trabajo".

No obstante, Alice Eagly, autora del libro Through the Labyrinth (A través del laberinto), cree que lo anterior apenas explica el fenómeno parcialmente. Para ella, en este tema incide que no es bien visto que la mujer hable de dinero o suene muy exigente. "Deben ser suaves y atractivas. Cuando se ven asertivas, líderes, autónomas y suficientes, las señalan". Eagly piensa que cuando ellas hacen una pausa para atender a sus hijos, nunca regresan al mismo nivel ni pueden acceder fácilmente a altas posiciones donde podrían ganar más. "Los hombres no tienen ese problema", le dijo a SEMANA. Las que siguen trabajando deben lidiar con otro tipo de comportamientos que, subraya, son inconscientes pero que la afectan directamente, como por ejemplo, poner reuniones de trabajo a las 6 de la tarde cuando muchas de ellas deben estar en sus hogares para hacerles frente a las obligaciones familiares.

La investigación de Peña también encontró que si bien los que presentan menor desempleo son los más educados, los jóvenes son los más perjudicados de este grupo, con mayores tasas de desempleo. Las mujeres recién graduadas, de entre 18 y 25 años, son las que tienen una mayor brecha salarial con respecto a los hombres. Mientras que para ellas es del 17 por ciento, para el resto de generaciones es del 14 por ciento. La brecha es mayor entre las mujeres de menores ingresos y entre las que ostentan posiciones más altas. Quienes están empezando su vida laboral y sólo alcanzaron educación media reciben en promedio la mitad del salario que los hombres en esas mismas condiciones. .

Entrar al mercado laboral con un sueldo inferior al que recibiría un hombre es muy negativo para su carrera porque implica que de entrada ya va regazada. "El salario de una persona al comienzo de su vida laboral es una referencia importante tanto para los aumentos salariales como para las posibles negociaciones en nuevos empleos", dice Peña. Las oportunidades de negociar un aumento disminuyen, además, cuando la mujer se casa y tiene hijos porque "sienten miedo o culpa de exigir más cuando saben que van a tener que pedir permiso para llevar al médico a sus hijos y atender otros asuntos del hogar", sostiene Alviar.

La solución no es fácil, pues a pesar de que hay leyes para evitar discriminación de género, según Alviar, no funcionan por el miedo de las trabajadoras a perder su empleo. Por eso es importante crear conciencia sobre el tema. Isabel Londoño propone que la mujer tome cartas en el asunto y aprenda a negociar su salario y su cargo. (Ver recuadro).

La preocupación de Peña no es gratuita. Ella sostiene que Colombia está vulnerable a la crisis en términos de desempleo. Para el 85 por ciento de los colombianos, el salario es el único ingreso, por lo que el aumento del paro afectaría a muchas familias. Y dados los problemas estructurales del mercado laboral femenino, ellas estarían en un riesgo mayor.
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