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| 8/21/2000 12:00:00 AM

Neuronas musicales

Los científicos están descubriendo que el cerebro humano viene acondicionado para apreciar la música.

El laboratorio de Sandra Trehub fácilmente podría confundirse con una de esas asfixiantes academias para forjar superbebés. Sonrientes nenes entre los 6 y los 9 meses quedan fascinados mientras los parlantes les entregan unos cuantos segundos de melodía. Sin embargo, esta sicóloga de la Universidad de Toronto no les dicta a los niños lecciones de apreciación musical.

Ella trata de averiguar si el cerebro humano viene con un ‘software musical’ preinstalado del mismo modo que los computadores traen el Windows desde el almacén. En una prueba Trehub varía la altura del sonido, el tempo y el diseño melódico de la pieza y encuentra que los bebés son capaces de percibir los cambios. Ellos reconocen que la melodía cuyo tempo o altura varió es la misma que les habían mostrado antes, lo que sugiere que tendrían ciertos conocimientos de los componentes musicales.

Trehub encontró también que los niños sonríen cuando escuchan acordes de cuartas y quintas, es decir, con acordes o secuencias separados por cinco medios tonos como do y fa, o por siete medios tonos como do y sol. Por el contrario, los bebés detestan el tritono, en el cual dos notas están separadas por seis medios tonos, como es el caso de do y fra sostenido. El tritono se oye tan irresuelto e inestable que en la Edad Media se lo identificaba con “el demonio”. Lo que parece ser una preferencia de origen biológico “puede explicar la razón de que, independientemente de las diferencias culturales y a través de los siglos, todos los pueblos hayan utilizado en su música las cuartas y las quintas exactas”, ”, dice la doctora Trehub.

Aparte de los bebés melómanos otro tipo de pruebas sugieren que el cerebro humano viene dotado de circuitos especiales para la música y que algunas formas de inteligencia son estimuladas por ésta. Tal vez la evidencia más sorprendente de que existe en el cerebro una región especial para la música es que usualmente las personas pueden memorizar cantidades impresionantes de melodías y reconocer cientos más. Por el contrario, solamente recuerdan fragmentos de algunos pasajes en prosa. Con todo, dice la sicóloga Isabelle Peretz, de la Universidad de Montreal, “el cerebro parece estar especializado en música”.

Los lóbulos temporales del cerebro, localizados en el área que queda justo detrás de las orejas, actúan como centro musical. Cuando los neurocirujanos estimulan esas regiones con una sonda, los pacientes escuchan melodías con tal vividez que preguntan: “¿Por qué hay un equipo de sonido en la sala de operaciones?”.



Ciencia y música

El hallazgo más controvertido acerca de la mente musical es que el aprendizaje de la música puede ayudar a que los niños se desempeñen mejor en matemáticas. Cuando un investigador mencionó estos estudios durante el reciente congreso en Nueva York, el auditorio estalló en risas. Sin embargo la relación entre música y matemáticas, documentada inicialmente en 1997 por Gordon Shaw, de la Universidad de California, (Irvine) y Frances Rauscher, de la Universidad de Wisconsin, se ha sostenido. El año pasado Shaw comparó tres grupos de niños de segundo grado: 26 de ellos recibieron instrucción en piano y práctica con un juego de video matemático, a 29 se les dictaron clases adicionales de inglés, además del juego de video, y 28 no recibieron instrucción especial. Después de cuatro meses los niños con instrucción musical obtuvieron puntajes entre 15 por ciento y 41 por ciento superiores en un test sobre razones y fracciones. Este año Shaw informó que la música puede contribuir a reducir las barreras socioeconómicas. Comparó los alumnos de segundo grado del interior de Los Angeles con alumnos de cuarto y quinto grado pertenecientes al adinerado vecindario de Orange County, en California. Después de un año de estudios de piano dos veces por semana, los estudiantes de segundo grado obtuvieron puntajes igual de altos que los de cuarto grado que no estudiaron música y la mitad de los de segundo grado inclusive llegaron a igualar los puntajes de los de quinto grado.

¿Opera la magia de la música simplemente porque hace más agradable la escuela, o porque las lecciones de música generan mejores relaciones entre los estudiantes y sus profesores?

Aunque los niños con educación musical manifiestan mejorías generales en relación con el “estado de ánimo y la atención ”, como observa el sicólogo Martin Gardiner, de la Universidad de Brown, el gran avance se observa específicamente en matemáticas. Al fin y al cabo la música tiene que ver con proporciones, razones y secuencias, todo lo cual constituye un substrato del razonamiento matemático.

El cerebro parece absorber la música como una esponja y la música lo transforma. Los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro están conectados por un gran tronco denominado cuerpo calloso. Al comparar el cuerpo calloso de 30 personas que no saben de música con el de 30 músicos profesionales que tocan instrumentos de cuerda y piano, los investigadores del Centro Médico Beth Israel de Boston, dirigidos por el doctor Gottfried Schlaug, encontraron diferencias sorprendentes. La parte frontal de este grueso cable conformado por neuronas es más grande en los músicos, especialmente entre los que comenzaron su entrenamiento musical antes de los 7 años. La parte anterior del cuerpo calloso conecta los dos lados del cortex prefrontal, que es el área de la planeación y la anticipación. También conecta los dos lados del cortex premotor, en el cual las acciones son diseñadas antes de su ejecución. “Dichas conexiones son críticas para la coordinación de movimientos rápidos de las dos manos”, tales como los que ejecuta un pianista en un allegro, dice Schlaug. La autopista neural que conecta el hemisferio izquierdo (vinculado con la organización) con el derecho (vinculado con las emociones) puede también explicar por qué los grandes músicos, además de ser maestros de la técnica, también comunican emociones.

Sea lo que fuere que la música haga con el cerebro, los científicos pensaban que uno tenía que ejecutar música para obtener los beneficios. Tal vez esto no sea necesario. Investigadores liderados por el doctor Alvaro Pascual-Leone, de Beth Israel, les enseñaron a personas no conocedoras de la música un simple ejercicio de piano que involucra los cinco dedos. Los voluntarios practicaron en el laboratorio dos horas diarias durante cinco días. Como era de esperarse, el área utilizada por el cerebro para coordinar los movimientos de los dedos se expandió.

Sin embargo, los científicos también le pidieron a otro grupo de personas que realizara las prácticas mentalmente durante dos horas diarias por cinco días consecutivos. “Esta actividad cambió el mapa de la corteza cerebral exactamente del mismo modo que ocurrió en quienes estuvieron practicando físicamente”, informó el doctor Pascual-Leone. “Ellos cometieron menos errores al tocar físicamente el piano. En promedio, el mismo número de errores que quienes habían estado practicando físicamente. La práctica física y mental combinada mejora el desempeño más que la sola práctica física, y eso ahora lo podemos comprender desde el punto de vista de la fisiología”.

Los pianistas Arthur Rubinstein y Vladimir Horowitz hicieron legendario su desagrado por las prácticas. A Rubinstein simplemente le fastidiaba sentarse frente al piano durante horas seguidas. Horowitz, temía que la sensación y el sonido provenientes de pianos distintos de su amado Steinway pudieran perjudicar su ejecución en concierto. No obstante ambos músicos establecieron sistemas metódicos de ensayos mentales. “La imaginería mental puede activar las mismas regiones del cerebro que la práctica física y generar los mismos cambios en las sinapsis”, dice Josef Rauschecker, de la Universidad de Georgetown.
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