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| 3/22/2014 1:00:00 AM

Ninfomanía

La película de Lars von Trier acerca de una adicta al sexo ha abierto un debate en el mundo científico sobre la existencia de este síndrome. Esto es lo que dicen los expertos.

“Para mi el amor era solo lujuria. Tenía sexo con siete u ocho hombres por día y me costaba recordar sus nombres. Me avergüenza haberme convertido en lo que me convertí, pero estaba más allá de mi control”. Así describe Joe, la protagonista de Ninfomanía, su agitada vida sexual a un hombre que la encuentra malherida en una calle. Esta película del danés Lars von Trier ha dado mucho de qué hablar en los últimos meses porque muestra de forma cruda la vida de una mujer que se define a sí misma como ninfómana, término que se refiere al deseo sexual femenino insaciable. La cinta ha puesto sobre la mesa el debate de si la adicción al sexo existe o no. Aunque para muchos solo es una ficción, los médicos creen que es una patología y varios casos reales lo confirman.

La adicción al sexo, llamada ninfomanía en las mujeres y satiriasis en los hombres, es una forma de hipersexualidad que sufren algunas personas cuando no pueden controlar sus impulsos y necesitan mantener relaciones sexuales permanentemente. Ese deseo desaforado lleva a quienes lo padecen a sufrir graves desequilibrios en su vida familiar, social y laboral, al igual que un adicto a las drogas o al alcohol. Pero la gran diferencia respecto a otras adicciones es que en este caso lo que genera dependencia no es una sustancia sino una de las necesidades básicas del ser humano llevada al extremo. “Es un cuadro similar al de una persona que come demasiado y sufre el riesgo de volverse obeso o desarrollar otro tipo de enfermedades por no controlar el apetito. Son individuos que viven una sexualidad promiscua,impulsiva e irresponsable”, dijo a SEMANA el sexólogo José Manuel González.

Esta condición está descrita en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud como un impulso sexual excesivo que puede ocurrirle a varones y mujeres al final de la adolescencia o al principio de la adultez. Durante los últimos años el número de casos ha aumentado así como la cantidad de especialistas en el tema. En Estados Unidos, por ejemplo, hace una década solo unos 100 psicoterapeutas atendían este tipo de situaciones, pero ahora se calcula que son más de 1.500. González afirma que en su consultorio recibe en promedio al año cinco o seis mujeres ninfómanas pero muchas de ellas sienten vergüenza de su condición y en ocasiones no vuelven a terapia.

Según Maureen, una ninfómana de la organización Adictos al Sexo Anónimos (SAA, por su sigla en inglés) que se recuperó después de 30 años y narró su historia en The Sunday Times, hay tres signos que le permiten a una mujer saber si es adicta al sexo: mantener relaciones sexuales con varios hombres a pesar de saber que es nocivo, ver cómo aumenta súbitamente la frecuencia de dichos encuentros y no poder detenerse a pesar de quererlo. “No es solo el deseo sexual sino la emoción de sentir esa adrenalina. El problema es que cuando se crea la dependencia sucede lo mismo que con un drogadicto que deja la sustancia: te sientes enfermo y vacío”, afirma.

Esta vivencia coincide con la explicación de Martin Kafka, miembro del Grupo de Trabajo de Desórdenes Sexuales y de Identidad de Género del DMS-5, la biblia de la psiquiatría en Estados Unidos. Kafka señala que algunas buscan sexo para vivir aventuras y tomar riesgos, mientras que otras lo hacen para liberar tensiones y salir del aburrimiento. Sin embargo, en el caso de las ninfómanas se trata de una conducta autodestructiva, y aunque el sexo es uno de los mayores placeres de la vida, ellas son muy infelices. Tienen sentimientos de culpa, baja autoestima, estrés, depresión y ansiedad, síntomas relacionados con traumas graves que por lo general ocurren durante la infancia. Esto les impide tener una relación de pareja normal porque se vuelven promiscuas. Y lo que es peor, en cierto punto, dejan de sentir placer pues su nivel de exigencia es tan alto que los encuentros sexuales les generan gran frustración.

Aunque no hay suficientes investigaciones sobre la adicción al sexo, se calcula que del 10 al 15 por ciento de los pacientes que reciben tratamiento por este trastorno son mujeres. Esto lo hace un problema más complicado porque culturalmente no se ve bien que las mujeres experimenten deseo, hablen de sexo y mucho menos que tengan una libido alta. “Que a una mujer le digan ninfómana es degradante y en la cultura popular equivale a que sea una zorra. Por eso muchas se esconden y no buscan ayuda especializada”, señaló a esta revista Ana Moreno, psicoterapeuta y especialista en adicciones del Centro de Tratamiento Lucida en Miami, Florida.

A pesar de la evidencia, aún hay controversia por cómo definir y clasificar este síndrome, que ni siquiera aparece en el DMS-V. Además, ciertas condiciones médicas como la fase maníaca del trastorno bipolar o el uso de ciertos medicamentos, entre ellos las anfetaminas, “pueden aumentar súbitamente la libido”, dice Robert Weiss, director del Sexual Recovery Institute en Los Ángeles, California.

Pero lo que sí se sabe es que el problema tiene solución, y así como un drogadicto puede lograr la sobriedad química, una ninfómana puede aprender a abstenerse. Ya hay varias organizaciones, como SAA, que ofrecen tratamientos basados en los principios de Alcohólicos Anónimos. Estas terapias grupales y la psicoterapia son útiles para que el paciente acepte su condición y empiece a controlarla. Así lo hizo Maureen, quien luego de haberse acostado con tantos hombres hoy vive una relación estable con su pareja. 
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