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| 12/25/2010 12:00:00 AM

No hay cama para tanta gente

En 2011 nacerá el terrícola número 7.000 millones. Este hito tiene a los demógrafos debatiendo si hay que limitar el número de nuevas personas o disminuir el consumo.

El tema de la sobrepoblación volverá a ser noticia en 2011. El hecho simbólico que lo traerá a la agenda es que en cualquier momento a partir de la segunda mitad de este año, el mundo recibirá al habitante número 7.000 millones. Más que ser una celebración, el nacimiento ha generado inquietud pues significa que en solo una década aumentó la población en 1.000 millones. A pesar de los esfuerzos que muchos países han hecho por controlar la natalidad, cada vez hay más personas en el mundo. "Se necesitaron siglos para llegar a 1.600 millones, que eran los habitantes en 1900, pero solo en 100 años ya éramos 6.000 millones. Y ahora aumentamos 1.000 millones en solo 10 años", explicó a SEMANA Carl Haub, demógrafo del Population Reference Bureau.

Se calcula que cada seis horas nacen 50.000 niños en el mundo, el mismo número de personas que caben en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Así las cosas, para 2050 se espera que haya 9.000 millones en la Tierra. Cada 1.000 millones suponen un problema de grandes proporciones debido a que nuevos seres tendrán que competir por recursos cada vez más reducidos. "El mundo está atiborrado y las consecuencias de ello se están viendo en el presente, ya no en el futuro", dijo a esta revista Robert Engelman, autor de More y vicepresidente del Worldwatch Institute. El experto señala que el promedio de tierra por habitante hoy es de 2.000 metros cuadrados, menos de la mitad de lo que era en 1961; 900 millones viven con hambre y la emisión de gases efecto invernadero producto de la actividad de cada ser humano tendrá un efecto devastador en el clima del planeta. Habrá 1.000 millones de personas viviendo en países con escasez de agua en 2050.

Si bien Thomas Malthus creyó hace más de un siglo que la población mundial se mantendría estable gracias a la alta mortalidad, sus cálculos fueron errados porque no tuvo en cuenta que el ingenio humano dio paso a mejor salubridad y que los antibióticos bajaron las tasas de mortalidad en el mundo. En 1960, cuando no solo nacían muchos niños sino que la gente vivía más, los demógrafos llamaron la atención sobre el tema. Uno de los primeros en sonar la alarma fue Paul Ehrlich, quien con su libro The Population Bomb, expuso que el rápido crecimiento de la población era la amenaza número uno del planeta.

El ideal es que la gente se reemplace a sí misma, lo que equivaldría a que cada pareja tuviera apenas dos niños. Pero eso está lejos de ser una realidad en África, donde en algunos países, como Zambia, el promedio de hijos por cada mujer es 5,8. En esta región, además, han llegado los avances científicos del mundo desarrollado y gracias a ello hoy sus habitantes tienen una expectativa de vida más alta, lo que genera retos grandes debido a la pobreza de este continente. "El problema es que la mayor tasa de crecimiento se da en los países más pobres, y a ese ritmo África no tiene esperanza", señala Haub.

Sin embargo, todo indica que ese acelerado crecimiento está llegando a su tope. No solo se trata de los países como Japón y algunos de Europa donde cada mujer tiene en promedio uno o dos hijos lo que ha reducido la población en forma parecida a las guerras o la peste en el pasado. Rusia, con una tasa de fertilidad de 1,28 y una expectativa de vida de apenas 59 años, está viendo cómo su número de habitantes se reduce en 700.000 personas cada año. Con la sola excepción entre los países desarrollados de Estados Unidos, país que crece al 1 por ciento anual, no solo por su tasa de nacimiento, sino a causa de la inmigración, en general hoy se puede decir que en todos los países la tasa de fertilidad ha ido disminuyendo.

Por esta razón, algunos expertos piensan que los esfuerzos deben concentrarse ahora en evitar el sobreconsumo. Si alguien se fija solo en los números pensará que el problema de sobrepoblación es de países como India, donde hay cerca de 1.129.866.154 habitantes, cuatro veces más que en Estados Unidos, donde se calcula que hay 310 millones de personas. Pero si se incluye la variable consumo, las cosas cambian drásticamente, pues en Estados Unidos un individuo toma más recursos del planeta que un indio promedio. "Estados Unidos, por lo tanto, debería ser la nación más sobrepoblada del mundo", dicen Paul Ehrlich y su esposa Anne, del Center for Conservation Biology de la Universidad de Stanford. En esa misma línea está Jesse Ausubel, director del programa de Ambien-

te Humano en la Universidad Rockefeller en Nueva York, quien cree que el ingenio de los humanos proveerá soluciones para que el planeta albergue 10.000 millones de personas "con mejores cosechas, cambios en la dieta y reservando más tierra para la naturaleza, —según dijo a SEMANA—. Sería de gran ayuda que la gente fuera más vegetariana, que consumiera menos pescado y gastara menos energía", agrega. Para otros, menos seres humanos significa menor desarrollo y crecimiento económico. Países como Francia, preocupados por el envejecimiento de su población, han puesto en marcha medidas para estimular a las mujeres a tener más hijos. Lo mismo ha sucedido en Australia y Polonia. El temor, como lo destaca Ben Wattenberg en su libro Fewer, es que muchos dudan que una población tan pequeña de jóvenes pueda generar la riqueza necesaria para mantener al creciente grupo de viejos. Según Wattenberg, habrá pocos para sostener los niveles de gasto, para mantener los salarios bajos y para generar impuestos y pensiones.

Esta es una mirada desde la economía, y aunque es una preocupación legítima, Engelman sostiene que los problemas de un mundo con menos humanos es más manejable que los retos que se tendrían con una población que crece a un ritmo de 78 millones de personas al año. "Pensar que el problema no es la población sino el consumo es tonto, —enfatiza—. Son ambas cosas, pues mientras más personas vivan al ritmo de hoy, el mundo será menos sostenible".

Hace un poco más de una década, la Universidad de Stanford realizó un estudio para resolver la pregunta del millón: ¿cuál es el número ideal de habitantes? El trabajo llegó a la cifra de 2.000 millones, menos de un tercio de la población actual y la misma que existía en los años 30. "Eso no significa que esa deba ser nuestra meta en los próximos años, —dice Ehrlich, quien participó en ese trabajo—. Aun si empezáramos con 7.000 millones, nos tomaría un siglo o más llegar allá", añadió.

Hay dos formas sencillas de reducir la población del planeta: controlar la tasa de nacimientos o la de mortalidad. La más sencilla es la primera y en esto, señala Engelman, aún hay mucho por hacer. Una gran oportunidad es trabajar en reducir los embarazos no deseados, que se calculan en 80 millones en el mundo. Según el Instituto Guttmacher, hay más de 200 millones de mujeres sexualmente activas sin métodos anticonceptivos y que no desean tener hijos. Para Gabriel Ojeda, de Profamilia, la clave es educar a las mujeres para que tengan los hijos que ellas quieren y pueden sostener. En Colombia la tasa total de fecundidad es de 2,4, un gran logro si se tiene en cuenta que en 1960 las mujeres tenían en promedio siete hijos. "Pero aún no se puede cantar victoria porque el país sigue creciendo", afirma.

Si no se controlan los nacimientos, Engelman teme que el control entonces se hará con la tasa de mortalidad, lo cual es más grave desde el punto de vista ético. "No se cómo será, pueden ser hambrunas o con guerras por recursos". Lo único que él sabe es que la Tierra es un lugar finito y que el número de humanos no puede crecer indefinidamente.
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