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| 10/31/2009 12:00:00 AM

No corra el riesgo

Las muertes en el maratón del sábado pasado mostraron trágicamente la importancia de prepararse bien para hacer ejercicio.

Cuenta la leyenda que en el año 490 antes de Cristo, un soldado llamado Fidípides fue encargado de llevar a Atenas el parte de la victoria de Marathon. Tenía que llegar en tres días, pues las esposas tenían instrucciones de suicidarse para evitar ser violadas por los persas si no recibían noticias en ese tiempo. Fidípides corrió desesperadamente para evitar la tragedia, y cuando, cerca del plazo, llegó, sólo alcanzó a decir antes de morir una palabra:"Victoria."

Desde cuando los Juegos Olímpicos en 1896 recordaron esta historia en una competencia de 40 kilómetros, correr el maratón se ha convertido en una de las pruebas más exigentes y atractivas para los atletas. Pero muchos han corrido la suerte del heroico correo. La semana pasada, durante la carrera Nike 10k, fallecieron dos corredores, uno de 47 años y otro de 60. La noticia no habría dejado de ser un caso aislado si no fuera porque una semana antes habían muerto otros tres participantes del medio maratón de Detroit, Estados Unidos, de 60, 36 y 26 años. A comienzos del mes, durante el medio maratón de San José, California, un hombre y una mujer menores de 40 años también fallecieron en plena competencia. Hasta el momento el peor evento ha sido el de la carrera Great North de Newcastle, Inglaterra, en 2005, en la cual murieron cuatro maratonistas.

Esta sucesión de muertes en apenas cuatro años ha hecho que muchos cuestionen esas pruebas. Los científicos han empezado a investigar el tema para despejar dudas y saber a ciencia cierta si correr distancias largas tiene un riesgo intrínseco para el organismo, especialmente ahora que las maratones son populares. "Es una fiebre mundial", dice Juan Carlos González, coordinador de logística del medio maratón de Bogotá.

Hasta ahora la evidencia científica muestra que sigue siendo más peligroso no hacer ejercicio que hacerlo. Un estudio que analizó los fallecimientos del Maratón de Londres en 20 años, encontró que el índice de mortalidad era de uno en 67.000. En contraste, el riesgo de morir en un automóvil es de uno en 6.700, y por diabetes, de 23 por cada 100.000. También se sabe que las muertes entre menores de 30 años casi siempre se deben a malformaciones congénitas del corazón no detectadas y, según señalan, dichos eventos "se podrían haber desencadenado tarde o temprano, así la persona hubiese estado acostada en la cama", dice el médico deportivo Ricardo Gómez. Se sabe que un maratón es un evento difícil y estresante, pero "todavía creemos que la gente que hace ejercicio tiene menos riesgos cardíacos que los que no lo hacen -dijo Paul Thompson, jefe de cardiología del Hartford Hospital en Connecticut a SEMANA-, aunque no estamos seguros en el caso de los maratonistas".

Uno de los trabajos que más han suscitado debate fue publicado el año pasado en el European Heart Journal y se realizó entre 108 alemanes de unos 50 años, corredores aficionados de maratones, quienes habían terminado al menos cinco de estas carreras y no tenían ningún riesgo coronario, ni diabetes u otras enfermedades. Los investigadores se sorprendieron al encontrar placas de calcio en las coronarias, muy similares a las del resto de la población. Más aún, cuando se compararon los niveles de calcificación de los maratonistas con los de hombres con perfiles de riesgo, los de los primeros eran más altos. "Es por lo tanto incierto si el ejercicio exhaustivo frecuente tiene efectos protectores para la aterosclerosis", escribió Stefan Möhlenkamp, uno de los autores. El científico añade que cuando los corredores han sido bien entrenados -correr entre 96 y 128 kilómetros semanales durante un año- la muerte en un maratón es baja. "Sin embargo, en personas mayores de 45 años, lo ideal es que el corredor vaya a donde un médico para ver si tiene problemas coronarios", dijo a SEMANA.

Otro estudio publicado en enero en el Medical Journal de Australia y que analizó a 92 corredores del Maratón de Perth, encontró que el 32 por ciento tenía alto su nivel de troponina, una proteína que sirve para diagnosticar infarto del corazón. Möhlenkamp explica que estos indicadores, como la troponina, con frecuencia se elevan luego de un maratón incluso en atletas saludables, pero "con frecuencia no tiene relevancia clínica", dice. Los expertos, sin embargo, señalan que esta sustancia puede provenir de cualquier otro músculo que, como el corazón, también trabaja durante el ejercicio. Eso encontró un estudio hecho por Davinder S. Jassal, de la Universidad de Manitoba, Canadá, que por primera vez trató de relacionar este y otros marcadores en la sangre con el corazón. Luego de examinar las pruebas y de mirar imágenes en ultrasonido en el interior de este órgano, el científico concluyó que no había daño en el corazón y que cualquier herida que se hubiese provocado era temporal.

Thompson explica que lo que puede ocurrir en los mayores de 40 es que ya tienen enfermedad coronaria y no lo saben "y esas placas calcificadas en sus arterias se pueden romper durante el ejercicio y causar un infarto", dice. Otro factor por analizar, según él, es que hay más personas que corren maratones hoy. Y si se comparan el maratón de Boston de 1979 con el de hoy, se aprecia que cada vez menos personas llegan a la meta en dos horas, como antes. "Eso prueba que está corriendo más gente, más vieja, en peores condiciones y más lento", dice. Si a esto se suma que no saben hidratarse, la cosa puede ser peor porque, como dice González, "el corazón es como un carro, si no está bien de agua y se aumentan las pulsaciones, se funde".

Por eso la gran preocupación de los médicos es qué tanto se prepara una persona antes de involucrarse en actividades físicas muy exigentes. "La mayoría se preocupa por comprar los zapatos, la camiseta, pero no por indagar si su tensión es la apropiada o cuál es su nivel de colesterol", dice el cardiólogo Enrique Melgarejo. Y quienes se inscriben en maratones sin entrenamiento, según Thompson, están en el mismo riesgo que quienes hacen ejercicio intenso solo los fines de semana. "El riesgo de morir de un ataque en un maratón u otro ejercicio exigente aumenta de cinco a siete veces, pero es 30 a 50 veces más peligroso para los atletas de fin de semana", señala.

Un reciente artículo del Wall Street Journal asoció a los maratonistas principiantes con quienes hacen dietas extremas, y cuando los terminan sigue comiendo más que antes. En este caso se presume que los corredores novatos se vuelven sedentarios después de correr el maratón. "Los estudios de comportamiento muestran que esos regímenes difíciles de sostener en el tiempo, con rutinas muy exigentes, minan la fuerza de voluntad", señala el diario.

Los expertos señalan que muchos interrogantes siguen abiertos. Por eso, Möhlenkamp aconseja a los potenciales maratonistas que se hagan un electrocardiograma y una prueba de esfuerzo. Otra clave es entrenar al menos un año antes de la competencia, "el cual debe ser progresivo en calidad y cantidad", dice Gómez. También es importante preguntarse qué es lo que cada cual busca con la competencia. "Si lo que desea es recrearse y mejorar la salud, no tiene que correr maratones, pues con solo caminar una hora vigorosamente todos los días obtiene ese beneficio". Por último, Thompson advierte que hay que escuchar el cuerpo y parar ante signos de dolor o fatiga. Porque lo ideal es que los maratonistas, a diferencia de Fidípides, lleguen a casa y sigan vivos.
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