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| 9/17/1984 12:00:00 AM

NO A LA CONCEPCION POST-MORTEN

La batalla legal de la francesa que pedía inseminarse con semen de su esposo muerto, desata agitado debate científico y moral. El director del Centro de Esperma, Georges David, habló en forma exclusiva con SEMANA sobre el caso.

Después de meses de una diffcil batalla legal, convertida en debate internacional por los medios de comunicación que le dieron amplia difusión a tan insólita historia, el caso de Corinne Parpalaix parecía haber llegado a un final feliz. Un juez parisino leyó públicamente el veredicto en el que se le reconocía a la joven Corinne, de 23 años, el derecho de intentar engendrar un hijo utilizando la esperma de Alaín, su esposo muerto, depositada en un banco de semen antes de morir de cáncer el año pasado. Los funcionarios de la institución alegaban, entre otras cosas, que la petición de Corinne debería ser rechazada, con el argumento de que Alaín--que falleció dos días después de su matrimonio-no había dejado consignada por escrito su voluntad Pero el juez estuvo de acuerdo en que la intención de Alaín había sido la de procrear un hyo con su esposa, independientemente de que tal concepción se llevara a cabo en vida o después de su muerte.
Para el banco de esperma, sin embargo, el debate sigue abierto. El Cecos (primer centro francés de estudio y conservación del semen humano, inaugurado en 1973) posee una revolucionaria actitud frente a las donaciones de semen, que están en boga en los países desarrollados. Contrariamente a lo que se había establecido en instituciones semejantes (el donante debía ser joven, soltero y recibía una remuneración por su donación), el donante del Cecos tiene que estar casado, tener mínimo un hijo y 45 años, contar con el pleno acuerdo de su esposa y donar su semen gratuitamente.
Este cambio de la noción de "donante" por la de "pareja donante" y de "mujer receptora" por el de "pareja receptora" ha atenuado, según el fundador y director del centro, Georges David, la imagen adulterina y culpabilizadora que muchos tienen de la inseminación artificial con donante.
En entrevista exclusiva con SEMANA el doctor David responde algunos interrogantes sobre el tema y explica las razones que tuvo para oponerse firmemente a la posibilidad de que Corinne engendre un hijo post-mortem.
SEMANA: El tribunal que juzgó el caso de Corinne (ver SEMANA N° 114) ordenó devolver el semen que su marido había depositado en este "banco ", ¿Para usted es una decisión coyuntural o considera que la justicia francesa ha autorizado así la procreación post-mortem?
GEORGES DAVID: Lo que estaba en juego en este caso era precisamente la posibilidad de procrear después de la muerte. Es un hecho muy importante que supera el marco estrictamente médico. Como responsable de los centros de inseminación considero que ese juicio es puramente coyuntural, según su expresión. Es decir, que si se nos presenta otro caso adoptaremos la misma actitud: haremos obstrucción y esperaremos otro juicio. Sabemos que es una situación que no puede durar. Por eso reclamamos una legislación particular. Si se prohibe la inseminación post-mortem la ley deberá indicar que hacemos con el semen. Si se autoriza, tocará reformar las relaciones familiares, el derecho de filiación, los problemas de herencia, etc.
S.: ¿ Según usted el tribunal dejó de lado los verdaderos problemas planteados por el caso de Corinne.
G.D.: Sí. El tribunal se limitó a examinar si el difunto había expresado su voluntad de que su semen fuera utilizado. Los jueces comprobaron que esa voluntad había existido. Eso y el hecho de que la ley no prohibe la inseminaciónpost-mortem guió al tribunal y lo llevó a ordenar que el semen fuera devuelto. Pero esa decisión se basó en el vacío jurídico. El tribunal no discutió en función del niño, del futuro adulto. Lo que está en juego no es la petición de una mujer y la voluntad de un hombre, sino el destino de un ser de la próxima generación. Tenemos que preguntarnos si hay más riesgos, para él, de ser concebido así que en situaciones normales.
S.: ¿Cómo lo plantea usted?
G.D.: Me pregunto cuál es el interés de la inseminación post-mortem para el que muere. Yo sé que es un viejo sueño de la humanidad de verse prolongada. En este momento la humanidad sueña terriblemente porque la ciencia está haciendo retroceder los límites de lo posible. Se le está pidiendo al médico borrar la muerte. Ya hay hasta personas que congelan el cadáver de sus allegados pensando que la ciencia podrá resucitarlos más tarde. El individuo se dice que si no puede o no quiere dejar una obra inmortal dejará, al menos, su semen en el nitrógeno líquido. ¿Debemos satisfacer ese tipo de petición? El muerto no podrá transmitir a su hijo su herencia cultural. No veo, pues, cuál es el interés del muerto.
¿Cuál es, por otro lado, el interés de la mujer? Es verdad que ella da una formidable prueba de amor. ¿Pero es necesario que ella conciba ese niño para manifestar su dolor? ¿Debe hacerlo sin pensar en el destino del futuro adulto? En Francia, como en todas partes, hay proverbios del buen sentido popular, que dicen, en sustancia, que ningún dolor resiste al tiempo. Temo que la inseminación postmortem fije de manera permanente ese dolor que,como se sabe, es un estado evolutivo. ¿Cuál es, en fin, el interés del niño? Temo que muchos quieren proyectar, a través de él, la imagen del padre. Me impresiona comprobar, en ese sentido, que hay una petición predominante por parte de los padres del hombre que, en el caso de Corinne como en otros casos, era hijo único. Uno entiende que ellos quieran continuar su descendencia.
Pero ¿han pensado los efectos que causa ser el hijo de un muerto? ¿Han pensado que si la madre no se casa de nuevo; es decir, si fija su dolor de manera permanente, criará a su hijo en un ambiente que, para mí, no es sano? Y si se casa ¿se han preguntado que ocurrirá con el nuevo esposo? Corinne evocó esa posibilidad y dijo estar segura de que, en ese caso, su marido querrá al niño puesto que la amará a ella. ¿Pero es necesario que el niño se encuentre en la posición falsa de ser hijo de otra persona y ser amado por intermedio de su madre? En definitiva, puedo decirle que cuando pienso en todos los interlocutores de este asunto, no veo el interés de ninguno de ellos.
S.: ¿No hay estudios concretos que permitan respondera esas preguntas? ¿No saben, por ejemplo, qué ocurre con los hijos cuyos padres murieron antes de su nacimiento?
G.D.: Ya se ha pensado reunir todos esos elementos a propósito de las personas que nacieron en esa Situación o en otras que, sin ser idénticas, son comparables. Hay por ejemplo, otro modelo desfavorable según los siquiatras. Se sabe que cuando una pareja joven pierde el hijo mayor tratan de remplazarlo inmediatamente. Y si el nuevo es del mismo sexo se le pone, a menudo, el mismo nombre. Es una manera de mantener la memoría y de prolongar el hijo muerto. No se ha desarrollado, sin embargo, una reflexión razonable, experimental en este campo que es mitad ético, mitad sociológico.
S.: ¿A la luz de esa reflexión, podrían ustedes cambiar su decisión de no inseminar las mujeres solas?
G.D.: En ese campo también se presentan muchos casos. Tuve, por ejemplo, la petición de una joven de 20 años que quería hacerse inseminar porque quiere tener un niño pero se opone a todo tipo de relació sexual. ¿Cuál podría ser el futuro de un niño o de una niña criado por esa virgen? Hay, sin embargo, un pequeño porcentaje, entre las mujeres solas que he recibido, cuya petición me parece razonable.
S.: ¿ Qué propone usted para que la nueva ley respete la especificidad da cada caso?
G.D.: En lo que concierne a la inseminación post-mortem creo que debe haber una ley general que se aplique a todo el mundo...
S.: ¿ Una ley que, según usted, debería prohibírla?
G.D.: Sí. Para las mujeres solas, en cambio, pienso que la ley debería establecer condiciones que les permita reflexionar y recibir varios puntos de vista. Se podría instaurar algo parecido a lo que ya existe en Francia cuando se quiere adoptar un niño. Se trata, en última instancia, de evitar al máximo que los niños de encuentren en situaciones aberrantes como la que proponía la joven virgen. Pero no creo que la decisión de inseminar o no a las mujeres solas deba ser sistemáticamente si o no.
S.: Según usted, el tríbunal eludió los problemas esenciales. Sin embargo, usted aplícará su decifsión, ¿por qué?
G.D.: Desde hace años reclamo un debate sobre estos problemas con moralistas, médicos, juristas y las autoridades. Desde hace años pido que se tomen decisiones, pues nosotros nos encontrarnos ante casos concretos y graves. Y se me respondía que eran, en el fondo, casos raros. Por primera vez, un tribunal tomó una decisión.
Esta decisión no es buena, porque los jueces se contentaron con registrar que hay un vacio juridico. A pesar de eso, no apelaré. Pero ahora digo a los poderes públicos: como ustedes consideran que la inseminación postmortem es permitida, modifiquen el derecho de filiación. ¿Por qué ese niño no tiene derecho a llevar el apellido del padre? ¿Por qué no tiene derecho a recibir la herencia de su padre? ¿Por qué el semen no es considerado como parte de la herencia? La decisión del tribunal nos permitirá acelerar las discusiones. Y, a nosotros, nos permitirá hacer presión para salir de ese vacio juridico. Los poderes públicos y la sociedad entera se encuentran así contra la pared.
S.: ¿No cree usted que frente a las peticiones extravagantes ante las cuales se encuentran cíertos centros como el suyo y a las que generaran los progresos de la medicina, los médicos deberian estar asesorados, en casos morales extremos, por comités éticos?
G.D.: Los comités éticos son útiles, pero el médico no debe descargar sus responsabilidades sobre un grupo. Los médicos están acostumbrados a tomar decisiones morales grayes, sobre todo desde que disponen de medios activos importantes. Por eso estoy en desacuerdo con los que piensan que el médico debe limitarse a ser un simple técnico. El médico ocupa en la sociedad actual un puesto de enorme responsabilidad. Debe asumirlo. Pero debe ser igualmente consciente de que debe haber garantias, contrapoderes, para evitar que se convierta en juez exclusivo.
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