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| 6/2/2007 12:00:00 AM

No hay límites

Las simples pancartas y arengas hace rato se quedaron obsoletas. Hoy para protestar no es suficiente ser rebelde, sino también tener mucha imaginación.

El miércoles en el curso del debate en el Congreso en el cual la oposición iba a pedir su cabeza, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, no imaginó que su fina corbata iba a ser la damnificada. Dos mujeres entraron al recinto con dos huevos escondidos en sus sostenes y los estamparon sobre el cuaderno Jean Book en el que cargaba sus documentos mientras le pedían la renuncia y gritaban "Ministro, tiene huevo". Y no mentían, el Ministro quedó salpicado y se limpió como pudo en medio del desconcierto generalizado. Las dos mujeres quedaron en libertad, pues en el país no hay legislación que contemple penas contra el porte ilegal de huevos ni cosas por el estilo.

Hubo quienes calificaron la acción como de mal gusto, pero los integrantes de 'Tienen Huevo', el movimiento que la llevó a cabo, la defienden: "Ya quisieran las miles de víctimas de nuestro país que lo agresivo en sus historias fuera un huevazo. Es un símbolo de rechazo que expresa indignación y con el cual mucha gente se identifica. Es más legítimo que una bala o un insulto", le dijeron a SEMANA.

Desde cuando aparecieron, en 2001, han estado haciendo este tipo de protestas en las que por lo general no les revientan los huevos a los políticos con los que no están de acuerdo, sino que se los entregan. Entre sus 'víctimas' han estado el presidente Álvaro Uribe,Dilian Francisca Toro y Carlos Holguín. A Carlos Moreno de Caro sí se lo pusieron en la cabeza cuando era congresista, pero porque "él nos lo puso primero", comentan.

Esta es una de las tantas formas no convencionales de protestar que se pueden ver actualmente y en las que también hay tortazos, desnudos y puestas en escena, entre otras. Para darse una idea, la semana pasada los artistas Mark McGowan y Yoko Ono decidieron comerse, a las finas hierbas, un perro corgi. Esta es la raza favorita de la reina Isabel II y lo hicieron para protestar porque en febrero su esposo, el príncipe consorte Felipe de Edimburgo, mató a un zorro en una de las tradicionales cacerías reales.

Como estas, hay cientos de protestas inusuales todos los días. Sus raíces datan de la década de 1960, un tiempo de protestas sociales en todo el mundo. "Se sentían incitados a seguir lo que les dictaba el corazón, pero la mayoría de las veces esto era sacar de quicio a padres y policías", le dijo a SEMANA Nancy Snow, experta en propaganda política de la University of Southern California.

Incluso se puede ir más atrás y asociar estas expresiones con los performances de los artistas Dadá, que después de la Primera Guerra Mundial se hicieron célebres por su excentricidad. Básicamente la protesta actual siempre busca transgredir las normas tal como lo hicieron en su tiempo Tristán Tzara o Marcel Duchamp con las leyes del arte. "La cultura es un sistema normativo y la protesta busca romper sus códigos. La mayoría de los grandes líderes ha subvertido el orden. Gandhi, por ejemplo, lo hacía con sus huelgas de hambre, porque rompía con algo tan básico como comer", dijo a SEMANA el antropólogo Germán Ferro.

El incidente del huevo hizo recordar los famosos pastelazos que se han registrado en todo el mundo y ante los cuales Santos puede darse por bien servido. Uno de los más célebres lo protagonizó Bill Gates en 1998, cuando atendía una reunión en Bruselas, Bélgica. Iba sonriente y levantaba la mano para saludar al público. Sin importar la presencia de varios guardaespaldas, un hombre le puso una torta en plena cara y con tanta violencia, que sacudió al magnate de Microsoft. Cuando Gates no se recuperaba aún, salieron otros dos individuos y lo remataron con otras dos tortas.

Los hombres, que acusaban a Gates de monopolista, fueron detenidos y castigados finalmente con una irrisoria multa de 75 euros. El jefe de este grupo, que entre otros tenía amenazados al papa Juan Pablo II, a Bill Clinton y a Tony Blair, dijo que ellos sólo buscaban "acabar, a través del ridículo, a todas las celebridades que se toman a sí mismos demasiado en serio".

A partir de ahí, hubo gente a la que le pareció una gran idea protestar de esta forma. Por lo general, los que recurren a esta práctica son gente de la izquierda, ecologistas y de movimientos antiglobalización, y sus víctimas, representantes de la derecha. Para mencionar unos pocos de los que han sido objeto de los 'terroristas del pastel' hay que nombrar a Ann Coulter, una reconocida columnista conservadora de Estados Unidos; los también conservadores William Kristol, Patrick Buchanan y David Horowitz. Gerrit Zalm, ex ministro de Finanzas holandés también corrió con la misma suerte.

En 2002, el político Pym Fortuym iba rumbo a convertirse en primer ministro de Holanda. Un mes antes de las elecciones sufrió un pastelazo por sus posturas ultraconservadoras en contra de los inmigrantes y el fundamentalismo islámico. El hecho fue presentado como algo anecdótico, pero una semana después, Fortuym fue asesinado por un activista proderechos animales que le disparó seis tiros. Hechos como este hacen que no a todo el mundo les parezcan chistosos este tipo de actos.

Otra de las formas preferidas de protesta social es el nudismo. Desde cuando John Lennon y Yoko Ono escandalizaron al mundo a finales de la década de los 60 al fotografiarse sin ropa, muchos entendieron el poder del desnudo para causar reacciones. Empelotarse es un método usado sobre todo por ambientalistas y defensores de los animales por temas como el toreo, el uso de pieles o la experimentación con animales. La organización de Personas por la Ética en el trato con los Animales (Peta) cuenta entre sus afiliados con celebridades que salen con diminutos bikinis hechos con hojas de lechuga para promover el vegetarianismo. Otros se meten desnudos en réplicas de empaques para carne con el fin de protestar por la producción industrial de alimentos animales.

En España, los encierros de San Fermín son acompañados por una marcha que reúne a cientos de jóvenes que bajo el lema 'ponte en la piel del toro', recorren las calles ataviados solamente con unos cuernos de plástico. En Colombia también hay movimientos antitaurinos que les siguen los pasos. Andrea Padilla, miembro de la junta directiva de la Asociación Defensora de Animales (ADA) dice que "este es un tema impopular y desnudarse es una buena forma de llamar la atención de los medios con algo muy simbólico. Pero acá todavía somos muy tímidos y hay miedo de salir sin ropa".

En cuanto a la pregunta de si estas prácticas son efectivas, parece no haber un acuerdo. Para Snow, no son justificables. "Lo hacen para ser excéntricos sin importar ningún trasfondo político o social, o para conscientizar sobre un tema, pero usualmente no lo logran. Estos actos pueden ser cubiertos por los medios o causar notoriedad en YouTube, pero no cambian la mentalidad de la gente", dice. Sin embargo, Ferro no está tan seguro de eso. "Yo creo que es efectivo cuando hay una propuesta detrás y no es sólo retórica. Por ejemplo, Antanas Mockus llegó al poder bajándose los pantalones y echándoles agua a sus opositores".

El año pasado, en medio de una cumbre que reunía a varios jefes de Estado en Viena, Evangelina Carrozo, una modelo argentina, se paseó en un diminuto bikini y portando un cartel de Greenpeace en contra de las fábricas papeleras que se construyeron en Uruguay y que son consideradas como un atentado al medio ambiente. Evangelina fue sacada inmediatamente pero, aparte de las disimuladas sonrisas y las timoratas miradas de los mandatarios, el tema se dio a conocer mundialmente. Sólo otra muestra de que dentro de las recetas revolucionarias también hay cabida para huevos, tortas y mucha carne.
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