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| 5/8/2010 12:00:00 AM

No más correa

Una demanda pretende modificar el Código Civil para abolir cualquier tipo de <br><br> castigo físico de los padres a sus hijos.

Pocas situacio-nes estremecen más a la sociedad que pegarle a un menor de edad. Sin embargo, cuando es el papá o la mamá quien lo hace, y el motivo es reprenderlo por una mala conducta, no hay objeciones. No obstante, hay quienes consideran que el castigo físico no debe existir y que la vieja creencia de que la letra con sangre entra está mandada a recoger. Esa es quizá la idea de la concejal de Bogotá Martha Ordóñez, quien hace pocos días instauró una demanda para modificar el Código Civil, porque, según ella, uno de sus apartes permite implícitamente usar el castigo corporal en los niños como método de disciplina.

El artículo es el 262 y dice que "los padres o la persona encargada del cuidado personal de los hijos, tendrán la facultad de vigilar su conducta, corregirlos y sancionarlos moderadamente". En su opinión, la expresión 'sanción moderada' da pie a distintas interpretaciones. "Así como para un papá una palmada puede ser algo mínimo, para otro puede ser moderado pegarle a su hijo con el cable de la plancha", dice Ordóñez. Aunque la Corte Constitucional hace varios años se pronunció sobre el tema y dijo que la norma implicaba que no hubiera ninguna violencia física ni maltrato, la demandante señala que las estadísticas muestran lo contrario.

De acuerdo con cifras de Medicina Legal, mientras en 2008 se registraron 13.523 casos de maltrato infantil, el año pasado la cifra aumentó a 14.094. Aunque estos datos corresponden al maltrato en general, que incluye abuso sexual, la concejal Ordóñez considera que las cifras son preocupantes, sobre todo porque los reportes dicen que la mayoría de quienes inflingen los castigos son los padres.

Los expertos consideran que aunque el castigo físico sí puede modificar la conducta de los hijos, para ellos no es claro por qué su conducta fue sancionada. "En ocasiones se logra obediencia pero se da más por miedo que por convicción", dice el pediatra Sergio Isaza, autor del libro Educar sin maltratar, el castigo en la crianza. Además, estas reprimendas son un mal ejemplo porque los hijos aprenden que esta es la manera para solucionar los problemas. "Las personas que apelan a las palmadas seguramente en su infancia experimentaron lo mismo y están reproduciendo un patrón de comportamiento", dice Isaza.

A pesar de esto, algunos padres consideran que una nalgada de vez en cuando no hace daño y que en ocasiones es necesario. Franklin Escobar, profesor de siquiatría de la Universidad Nacional, explica que esto se debe a que en la sociedad estos métodos son permitidos culturalmente, lo que no significa que sean apropiados. "Lo que ocurre es que para algunos padres es mucho más fácil dar una cachetada o un correazo porque esto exige menos tiempo y menos trabajo intelectual", anota Escobar. El experto dice que a través de buena comunicación, todos los niños entienden y pueden modificar su comportamiento.

Aunque hace poco se aprobó en el Reino Unido un código de conducta para permitirles a los profesores usar la fuerza en las aulas de clase, cada vez son más los países que eliminan el castigo corporal. Suecia fue el primero en prohibir las palmadas en 1979 y hoy ya son 23 países en el mundo los que han eliminado esta forma de disciplina.

Varios estudios han demostrado las consecuencias físicas y sicológicas del castigo en los niños. El mes pasado expertos de la Universidad de Tulane publicaron en la revista Pediatrics una investigación en la que analizaron a 2.500 jóvenes que habían recibido palmadas cuando tenían menos de 3 años. Los resultados mostraron que aquellos que habían sido golpeados más de dos veces en un lapso de un mes tenían 50 por ciento más probabilidades de desarrollar conductas violentas. Los expertos también determinaron que los niños que recibieron nalgadas a esa edad eran más desafiantes que quienes no habían sido castigados, se frustraban con más facilidad, eran más irascibles y agredían a otras personas o animales. Otras investigaciones dicen que los niños reprendidos severamente son más violentos con sus compañeros y más tarde con su cónyuges.

El sociólogo Murria Straus, de New Hampshire University¸ presentó una ponencia el año pasado durante la Conferencia Internacional sobre Violencia, Abuso y Trauma de San Diego (Estados Unidos), en la que demostró que los infantes que eran reprendidos de forma

violenta por sus papás tenían hasta cinco puntos menos en su índice de inteligencia, y resaltó el impacto de este hecho en toda una nación. En una encuesta entre más de 17.000 universitarios de 32 países, Straus determinó que en aquellas naciones donde los azotes eran permitidos el promedio del coeficiente intelectual de la población era mucho menor.

Roger Dávila, coordinador de protección de Save the Children, aclara que al establecer una penalización del castigo corporal no se pretende que los padres vayan a la cárcel sino que se respeten los derechos del niño. Lo importante -dice- es que al abolir el castigo corporal dentro de los hogares se contribuye a disminuir otros tipos de violencia. También comenta que al eliminar el castigo físico no quiere decir que la disciplina desaparezca.

Para muchos padres el dilema es que sin una sanción corporal se puede incurrir en la permisividad extrema. Para evitar esto, la sicóloga Annie de Acevedo recomienda emplear una técnica de la sicología denominada crianza positiva, que se basa en la idea de "ser amable pero firme". Una de las formas para corregir un comportamiento inadecuado es quitarle privilegios al niño, como por ejemplo, prohibirle ver televisión si este no hace la tarea. Otra técnica es la del tiempo afuera, que consiste en poner al niño en un espacio donde pueda reflexionar sobre sus actos. "Lo importante es que él entienda que toda conducta negativa tiene una consecuencia", dice Acevedo.

Sin duda, las formas de crianza han cambiado y por eso los expertos coinciden en la necesidad de realizar campañas para generar conciencia de que hay muchas otras maneras de impartir disciplina en la casa, que no son a punta de correa. n
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