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| 12/11/2000 12:00:00 AM

No más estrés

Una nueva técnica llamada ‘biofeedback’ es la última revelación en tratamientos contra el estrés.

El estres ha sido uno de los grandes aliados del instinto de supervivencia. Al explorar este proceso a través de la evolución los sicólogos han encontrado que cuando el hombre prehistórico se enfrentaba a un peligro —ya fuera un animal u otra amenaza para su vida— se desencadenaba una respuesta de estrés, con la cual el organismo se preparaba para atacar o huir. La respiración aumentaba y la sangre se concentraba en las extremidades superiores e inferiores. lo que le daba fuerza y energía para responder ante la amenaza inminente.

Con el tiempo este tipo de estímulos ha desaparecido y, aunque en algunos momentos las personas se enfrentan a enemigos que pueden hacerles daño físico, la mayor parte del estrés que un ser humano sufre hoy es sicológico. La competitividad, la rapidez con que se producen los cambios en la sociedad, la ambición por el dinero, el deseo de ser exitosos y famosos, los problemas en las relaciones personales y el exceso de trabajo son apenas algunos de los estímulos que lo provocan en la gente hoy.

El estrés tiene dos caras. Hasta cierto punto los expertos lo consideran necesario para llevar una vida normal pues sin este ingrediente, dicen ellos, los días serían intolerablemente aburridos. Pero cuando se siente de manera exagerada y no se controla puede llegar a convertirse en un gran problema de salud.

La realidad muestra, para desgracia de muchos, que la mayoría de personas ha optado por conocer la cara oscura del estrés y por eso hoy es considerado el peor enemigo del hombre. Según un estudio reciente de la Universidad de Harvard, en promedio un individuo desencadena hasta 50 episodios de esa respuesta de ataque o huida, que es la manifestación físca del estrés. Si se compara con lo que sucedía en la época de las cavernas es como si una misma persona padeciera la angustia de lidiar un tigre 50 veces en sólo 24 horas.

Cuando el estímulo es muy frecuente el organismo dispara una nueva respuesta de ataque o huida cuando aún no se ha recuperado de la anterior. En estas condiciones el estrés se convierte en un asunto crónico y empieza a hacer mella en la salud. Las personas se sienten cansadas, fatigadas, irritables, ansiosas y deprimidas. También pueden llegar a sentir dolor muscular, insomnio, taquicardia, calores o escalofríos y hasta náuseas, mareos, diarrea y dolores abdominales.



Estres, ¿cuánto vales?

Mucho se ha dicho para ayudar a las personas a controlar este problema. Pero tal vez el tratamiento que ha mostrado más efectividad hasta el momento es el biofeedback. Este término —que en español se traduce como biorretroalimentación— fue acuñado en 1969 pero desde hace un par de años se ha ganado el respeto de la comunidad médica a tal punto que centros reconocidos mundialmente —como la clínica de la mente y el cuerpo de la Universidad de Harvard— la aplican con muy buenos resultados.

El biofeedback emplea un equipo con un software especializado que describe una serie de funciones involuntarias del cuerpo. El paciente se conecta a este aparato por medio de electrodos, lo cual le permite ver en una pantalla lo que sucede dentro de sí mismo en términos de tensión muscular, frecuencia cardíaca, respiración, temperatura de la piel y la actividad de las glándulas del sudor.

“El equipo es como un espejo que permite observar lo que está sucediendo dentro del organismo”, dice Claudia Londoño, sicóloga experta en el manejo del estrés y el dolor. En otras palabras, este aparato mide estas funciones como lo haría un termómetro debajo del brazo con la temperatura.

La primera parte del proceso, por lo tanto, consiste en que el paciente visualice en el monitor lo que sucede dentro de su cuerpo cuando se desencadena una respuesta de ataque o huida. Uno de los cambios automáticos frente a una amenaza es acortar la respiración. La persona, entonces, ve en la pantalla una línea casi plana que indica que está respirando rápida y superficialmente. Pero no todo el mundo responde de la misma manera. Otros pueden ver en el monitor un aumento de la temperatura de la piel o de la actividad de las glándulas del sudor. En otros casos son los músculos los que reaccionan ante el estímulo de tal manera que incrementan su tensión.

Una de las grandes ventajas de la técnica es precisamente que les permite al especialista y a la persona ver cómo funciona la respuesta de estrés en su propio cuerpo. Esta información es valiosa para dirigir el tratamiento correctivo, que consiste en poner en práctica ciertos ejercicios para manejar esas funciones que se disparan en momentos de tensión.

Para controlar la respiración la especialista enseña a su paciente a tomar el aire en forma lenta y profunda hasta sentir que llega al abdomen. El paciente ve de inmediato en la pantalla que en lugar de esa línea plana puede dibujar con su respiración grandes montañas, espaciadas unas de otras, y que otros índices de las funciones corporales, como la tensión arterial y la temperatura, también comienzan a estabilizarse. “Las técnicas generan una respuesta de relajación que contrarresta los efectos de la respuesta de ataque o huida y, por consiguiente, disminuye los síntomas problemáticos del estrés”, dice Londoño.

Ella también entrena al paciente para hacer ejercicios de relajación, meditación, autohipnosis y visualización. Con esta última se producen resultados que parecen milagrosos. La persona visualiza en su mente un objeto caliente o una fuente de calor muy clara, como una chimenea o un fogón en llamas. Esta sugestión mental modifica de inmediato la temperatura de la piel como si se estuviera accionando un interruptor en el organismo. “Lo interesante es que se puede ver en forma concreta el efecto de ese pensamiento en el cuerpo”, comenta la sicóloga.

Al principio el paciente debe apoyarse en las pantallas para ver cómo los ejercicios surten el efecto esperado. Pero cuando adoptan la técnica como algo natural, estar conectados con electrodos y ver las funciones en el monitor se vuelve innecesario. Ellos aplican las técnicas de forma automática.

La duración de la terapia depende del tipo y severidad de los síntomas y de la motivación del paciente. Pero en promedio puede durar entre seis y 12 sesiones.



Tecnica multipropósito

Al principio la comunidad médica veía esta práctica con escepticismo pero los estudios científicos han mostrado que el biofeedback es efectivo para calmar los síntomas tanto del estrés como de muchos otros problemas, incluyendo migrañas y dolores crónicos. Investigaciones recientes indican que tiene un 70 por ciento de efectividad para el tratamiento de dolores de cabeza.

Los cardiólogos lo usan en pacientes con altos niveles de tensión arterial y estrés, dos condiciones que lo ponen en riesgo de un ataque al corazón. En otros casos es recetado para quienes están bajo tratamiento farmacéutico. “Muchos de los pacientes dejan de necesitar la drogas o pueden reducir la dosis”, asegura Londoño.

Los más recientes hallazgos asocian el biofeedback a pacientes con parálisis y daños en la columna, muchos de los cuales han logrado recobrar cierta movilidad con este entrenamiento. También tiene buenos resultados en pacientes con incontinencia urinaria

Pero en realidad la gran lección que el biofeedback ha dejado es la evidencia de que los humanos tienen mucho más control sobre el cuerpo del que se creía. Antes, aunque la ecuación mente sana = cuerpo sano sonara muy lógica, la falta de pruebas hacía que el tema se tomara como una frase vacía e intangible. Pero ver es creer. Ahora, con el biofeedback y la posibilidad de visualizar los cambios que la persona puede ejercer en su propio cuerpo, no cabe duda de que pueden modificar reacciones involuntarias negativas en el organismo para tener una vida más saludable y placentera.
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