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| 11/1/2014 10:00:00 PM

“No me quiero jubilar”

Lo que muchos esperaban con ansias se ha convertido en una preocupación: la gente hoy quiere seguir trabajando después del retiro. ¿Qué está pasando?

Las generaciones anteriores no veían la hora de llegar a viejos para disfrutar de un merecido retiro después de más de 30 años de trabajo continuo. Dedicarse a descansar, viajar, jugar golf, leer y otras actividades más placenteras era la mejor manera de vivir a plenitud esa última etapa de la vida. Pero ahora las cosas han cambiado y para quienes están llegando a esa edad, la jubilación más que felicidad les está provocando un drama: muchos no quieren dejar de trabajar.

Las razones son variadas. Para algunos la plata de la pensión, que corresponde a un porcentaje menor del sueldo, no es suficiente para sostenerse. Pero para la gran mayoría, la idea del retiro es equivalente a claudicar a la vida, algo que muchos no están preparados para hacer. “Al principio uno va al museo, a la finca, a una conferencia pero llega el momento en que uno dice: y ahora qué más hago”, señala Adriana López, una profesional ya jubilada.

Algunos se jubilan pero luego de un tiempo entran en una profunda depresión porque se sienten inútiles y ante esto no tienen otra opción que regresar al mercado laboral. “Uno no sabe qué hacer sin el trabajo porque construyó una vida alrededor de él”, dice Marina García, de 63 años. Otros logran acuerdos en sus empresas para seguir haciendo la misma labor después de la jubilación. Hernando Gómez, pensionado desde hace cinco años, le manifestó a su jefe que no quería irse por dos razones: sostener a dos nietas que tiene a su cargo, algo que no podría cumplir con la pensión, y porque se sentía con capacidad física y mental para seguir. Su jefe aceptó la oferta de continuar en su puesto. “¿Hasta cuándo? No lo sé”, dice.

Esta medida no es popular en las empresas pues se cree que detiene el relevo generacional. En Estados Unidos, donde los baby boomers, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, están postergando el momento de la jubilación, se calcula que ese fenómeno está creando un problema para los millones de desempleados más jóvenes.

Pero la psicóloga Elisa Dulcey señala que no se puede culpar a quienes no se quieren retirar del desempleo de los jóvenes, porque en Colombia dicha opción es un lujo de unos pocos. De los 22 millones de trabajadores, solo 9 millones contribuyen a pensión y de ellos solo 2 millones se pensionan.

Aun así, la mayoría de los expertos consultados cree que la gente que lo puede hacer se pega a los puestos no tanto por dificultades financieras sino por razones emocionales y sociales. Según Isabel Londoño, coach en educación, el problema es que la sociedad no ha asimilado esa nueva realidad y no hay conciencia de la duración de la vida. La jubilación fue un concepto introducido a finales del siglo XIX cuando la expectativa era de 47 años y a la mayoría le llegaba la muerte trabajando. Hoy, sin embargo, una persona que llega a jubilarse a los 60 años puede esperar vivir otros 20 años en buen estado físico y mental. “Para empezar la jubilación no les va a alcanzar, pero la verdadera razón por la que no quieren irse es porque su identidad está atada a su cargo en la empresa. Así, el retiro llega con la angustia de perderla”, dice.

Además, en una sociedad que discrimina por edad y desconoce el bagaje de conocimiento que tienen los mayores, pero enfrenta el envejecimiento de su población, “dar el paso de la adultez a la vejez es mucho más difícil. A diferencia de las anteriores, esta generación no sabe lo que viene después”, señala William Thomas, un médico geriatra especializado en el tema. Aunque las investigaciones muestran que si la vejez se acepta puede ser la etapa más enriquecedora de todas, la mayoría aún no quiere pensar en ello porque la ve como un declinar y no como una oportunidad. Según Londoño, la gente empieza a planear la jubilación a los 58 cuando debería hacerlo como mínimo cinco años antes. “Les da miedo porque la asocian con la muerte y se hacen los locos hasta el día en que forzosamente deben irse”.

Según Olga Lucía Acosta, economista de la Cepal, al país le falta tener un debate que articule el tema de la jubilación con el de envejecimiento, un proceso que se inicia cuando la gente nace. “Por eso se habla de que la verdadera reforma de las pensiones comienza en las guarderías”, dice, pues para garantizar una buena vejez se necesita una intervención en el desarrollo de la primera infancia.

También se requiere pensar en nuevos posibles escenarios para las personas que se encuentran entre 60 y 75 años y todavía son productivas. La Fundación Saldarriaga Concha, ha emprendido campañas para mostrar que la vida no es un una rueda de Chicago sino una montaña rusa, no es un ciclo sino un recorrido con altibajos. “No volvemos a ser niños ni jóvenes sino personas con experiencia y sueños”, dice Soraya Montoya, directora de esta entidad.

Por eso es necesario que la gente integre desde joven en sus planes este momento de la vida. En Estados Unidos, una de las poblaciones con mayor emprendimiento es la de los mayores de 60 años, que aprovechan su jubilación para hacer realidad metas con las que siempre soñaron y en las que involucran a jóvenes. Un artículo reciente del diario The Wall Street Journal muestra que quienes se jubilan para emprender una nueva carrera reportan una satisfacción mayor a la que tenían cuando eran empleados. “Muchos de los que han dado el salto dicen que han emergido no solo con un nuevo camino sino con un nuevo conocimiento sobre ellos mismos”, dice Anne Tergesen, autora del artículo. Mark Freeman, CEO de Encore, una empresa que ayuda a los que están en edad de jubilación a reinvertirse señala que cada vez se observa más gente con “capítulos laborales diferentes, incluido uno que comienza a partir de los 70”.

Por eso para Montoya el cambio de mentalidad es crucial. “A esta edad hay que preguntarse cuál es mi responsabilidad con todos estos años de experiencia”, y agrega que si bien Colombia envejece, lo que se ve como una realidad dura, de hecho es un campo de oportunidades. Como ellos mismos han podido constatarlo con campañas, hay oferta no solo en los procesos de generación de paz, sino también en el área de servicios de cuidados, donde los viejos son de gran ayuda.

Una lección de la demografía del envejecimiento es que no se puede meter a todos los adultos mayores en un solo costal. El padre Alejandro Angulo, director del centro de investigaciones del Cinep lo sabe por experiencia propia. A los 79 años ha podido constatar que la etapa de los 60 a los 70 es una y otra muy diferente es la de los 80 en adelante. Para él los viejos son una inversión que tiene la sociedad porque es la gente con más experiencia. Y se les debe abrir espacios en universidades, centros culturales y en empresas para seguir siendo útiles. Por su parte, él ya tiene planeado qué hacer cuando no pueda trabajar. “Mi programa será escribir y leer y adoptar una banca en el parque para ver a la gente pasar”.

Vejez productiva

Estos son consejos de los expertos para las personas y empresas:

Para el individuo

Cinco o diez años antes de jubilarse piense qué quisiera hacer: ¿seguir trabajando o iniciar una nueva carrera?

Para qué soy bueno. Haga una lista de habilidades que ha logrado acumular en los últimos 30 años de trabajo.

Si necesita prepararse para el nuevo reto de emprender algo, no dude en volver a la universidad y tomar los cursos que sean necesarios para ello.

Para las empresas

Genere horarios
de trabajo flexibles para facilitar a los mayores más tiempo de descanso.

Considere el valor de tener una fuerza de trabajo con diferentes generaciones y genere comunicación para que los viejos enriquezcan a los jóvenes.

Invierta en la planeación de la sucesión para que haya relevo generacional a todas las edades, incluidas las personas mayores de 60.
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