Lunes, 16 de enero de 2017

| 2006/06/24 00:00

No me la monte

La violencia entre compañeros de clase en los colegios es mucho más preocupante de lo que parece. Antes que 'moldear el carácter', puede desembocar en tendencias depresivas y, en casos extremos, el suicidio.

No me la monte

En cuarto primaria, Juan Carlos Martínez era uno de los mejores de su curso. Al regresar de vacaciones, sin embargo, su situación cambió y sus compañeros ya no lo tenían en cuenta para nada. Peor aun, empezaron a decirle cosas y a burlarse de él. "Me decían 'niña', bobo, me perseguían. El día que cortaban el prado me hacían comer pasto, aserrín y arena. A veces me encerraban con candado en el clóset del salón durante todo el recreo. Yo no peleaba. No tenía posibilidad de defenderme. Pero empecé a acomplejarme y a perder seguridad en lo que hacía, odiaba el colegio. El primer día de clase era el más triste de mi vida", recuerda.

Historias como estas parecen anécdotas sin importancia. Pero estas humillaciones y golpizas son agresiones que se conocen como maltrato entre iguales (bullying, en inglés), un fenómeno que ha saltado a la palestra porque se le asocia a los recientes casos de suicidio entre jóvenes estudiantes que han sacudido a Colombia.

El bullying es un tipo muy especial de violencia. Para que exista debe ser un abuso repetido en el tiempo y en forma intencional de un niño hacia otro. Si bien ambos se encuentran en un mismo estatus, ya sea tener la misma edad o estar en el mismo curso, es posible que la relación entre la víctima y el bully sea asimétrica. Según Nora Rodríguez, pedagoga argentina autora del libro Guerra en las aulas, los agresores no responden a un patrón definido. "No siempre son los más fuertes físicamente, más corpulentos y seguros de sí mismos. Y las víctimas no son siempre de apariencia frágil, delgadas e inseguras", afirma. Sin embargo, entre ellos se establece una relación que se caracteriza por el desbalance de poder, posiblemente porque el que maltrata es más hábil o tiene una autoestima más fuerte, mientras que el niño abusado es más sensible o, pese a ser muy seguro, su confianza en sí mismo se va deteriorando con el maltrato y la intimidación repetidos.

Por falta de conocimiento, el maltrato entre iguales pasa inadvertido ante otras formas de violencia, como por ejemplo la de las pandillas. Según Olga Lucía Hoyos, directora del departamento de sicología de la Universidad del Norte, en esta situación las dos bandas miden sus fuerzas en igualdad de condiciones. Pero en el caso del bullying, si bien se comparte un mismo estatus, la agresión transcurre en silencio y la víctima está en desventaja porque su autoestima se ha debilitado, tiene miedo y se siente incapaz de pedir ayuda.

Este fenómeno no es nuevo. Aunque la palabra suena sofisticada, en términos populares bullying no es otra cosa que 'montársela' a alguien. Lo que sucede es que anteriormente se veía como un comportamiento natural entre los niños y, sobre todo, como algo necesario, que ayudaba a forjar el carácter. No obstante, desde que sicólogos y siquiatras han investigado en profundidad el tema, se ha visto que las secuelas del bullying son grandes y que es preciso detectar los casos a tiempo para evitar graves consecuencias. Según Rodríguez, hoy este tipo de comportamiento se ha propagado tanto, que la mitad de los niños escolarizados en todo el mundo ha participado de una situación de bullying. Según Annie de Acevedo, sicóloga del colegio Nueva Granada, entre los posibles factores que han disparado este acoso físico y sicológico está "la gratificación rápida que lleva a los niños a manejar bajos niveles de tolerancia a la frustración", señala. También inciden los contenidos televisivos agresivos, la soledad que deben afrontar debido a que ambos padres trabajan y la falta de pautas y límites claros sobre hasta dónde debe llegar una chanza.

El abandono y otros maltratos en el hogar -no necesariamente de los padres- pueden llevar a un niño a lastimar a otros para sentirse bien. A pesar de su apariencia segura, el bully necesita protagonismo y ser aceptado. Burlarse de otros es una manera de lograr esto y de sentirse, además, fuerte y poderoso.

La preocupación de los expertos radica en que el bullying sin contención puede llevar a que la víctima se vengue de su opresor o que "se sienta tan sola y humillada, que vea en el suicidio la única salida". Otros expertos opinan que se requiere de una serie de factores, probablemente de una base depresiva, para que el adolescente llegue a este extremo.

En una investigación que la doctora Hoyos realizó con 332 niños estudiantes de Barranquilla entre los 12 y los 16 años, se encontró que la incidencia de los tipos de maltrato más grave (acoso sexual, amenazas y chantajes) no es muy alta. Los tipos de agresión más frecuentes son el maltrato verbal, la exclusión social y la agresión física indirecta, lo cual es preocupante si se tienen en cuenta las consecuencias dañinas de esta forma de humillación. "Un rumor o un chisme, un apodo ofensivo, el rechazo dentro del grupo o el ataque a sus útiles personales son armas silenciosas que minan la autoestima de quien soporta este maltrato", explica la experta. La mayor incidencia de maltrato se da entre los 12 y los 14 años.

Un dato llamativo del trabajo realizado por Hoyos es que los estudiantes colombianos tardan mucho más tiempo en detectar el maltrato entre iguales, que niños de países como España, donde el tema ha tenido mayor investigación y divulgación. "Esto quiere decir que aquí hay más tolerancia a las situaciones de violencia", dice Hoyos.

Lo más importante para afrontar estas situaciones es conocer el fenómeno. Y el primer paso para lograrlo es detectar los diferentes ropajes bajo los cuales se esconde este tipo de violencia. Cuando es física, es más fácil detectarla, pues deja cicatrices visibles, pero cuando es sicológica o social, se requiere de un ojo más especializado. Los padres y los profesores deben estar atentos a cambios de humor, trastornos del sueño, ansiedad, apatía al colegio y disminución del desempeño escolar. No está de más observar si el niño tiene moretones, si le roban los útiles, si llega con la ropa rota o evita a sus compañeros. De esta manera se dejará de trivializar un comportamiento nocivo que por mucho tiempo se ha visto como un juego o algo que la víctima "se buscó", o como simples "cosas de la edad".

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