Sábado, 21 de enero de 2017

| 2003/11/24 00:00

No tan verdes

Para combatir la falsificación ya circulan en el mundo los nuevos billetes de 20 dólares.

No tan verdes

La Reserva Federal de Estados Unidos acaba de poner en circulación billetes de 20 dólares que presentan un nuevo diseño. Por primera vez desde 1905, cuando se emitió la serie del Certificado de Oro de 20 que llevaba un tinte dorado, se usarán sutiles colores verde, durazno y azul destacados en el fondo de ambos lados del billete, además de otras características de seguridad, tales como una gran águila azul detrás del sello negro del banco central estadounidense, las palabras 'twenty USA' impresas en un tenue azul a la derecha del retrato del presidente Andrew Jackson, una águila pequeña y un escudo verde metalizados a la derecha del retrato, que lo harán más difícil de imitar. Hoy día cualquier persona, con la ayuda de una fotocopiadora de alta resolución o un escáner y una computadora puede hacer un billete casi idéntico a uno verdadero.

La preocupación no es gratuita. Mientras que en 1995 menos de 1 por ciento de los billetes falsificados encontrados en Estados Unidos había sido producido en forma digital, en 2002 ese número había aumentado hasta en un 40 por ciento. Por ese motivo entre 2004 y 2005 se emitirán nuevos diseños para los billetes de 50 y 100.

El tema de la falsificación de dólares siempre ha sido un dolor de cabeza para las autoridades de Estados Unidos. A principios de los años 90 el Servicio Secreto detectó billetes falsos de 100 dólares de una calidad tan buena como los producidos en los troqueles del Departamento del Tesoro. Provenían de Irán y fueron impresos en las sofisticadas prensas que Estados Unidos dio a su antiguo aliado el sha Muhammad Reza Pahlavi.

Ante la amenaza de estos superbilletes que pasaban las pruebas de detectores electrónicos, en 1992 se creó un comité secreto de investigación conformado por el Servicio Secreto, la CIA, el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y el Consejo de Seguridad Nacional. Los billetes falsificados salían en aviones iraníes desde Teherán hasta Siria, y de allí, protegidos por militares sirios, llegaban al Líbano donde el Hezbolá los enviaba en barco a Chipre, y de ahí se repartían por el resto del mundo.

Para algunos senadores de Estados Unidos la fabricación de estos superbilletes debería ser considerado como un acto de guerra puesto que un papel moneda falso de tal calidad podría utilizarse para promover el terrorismo, comprar armas en el mercado negro, financiar actividades relacionadas con el narcotráfico y adquirir material nuclear de contrabando.

Aunque el monto de los dólares falsos que circula en el mundo alcanza tan solo entre 0,01 y 0,02 por ciento, el mayor peligro radica en que si la gente pierde la confianza en la divisa toda la economía se vería afectada. Por ese motivo en 1996 se optó por rediseñar todos los billetes excepto el de un dólar. Aparte de la cinta de seguridad que ya se les había introducido, ahora llevaban un retrato más grande, marca de agua, microcaracteres y una tinta que varía de color según el ángulo en que se mire.

En sus archivos el Servicio Secreto guarda más de 10.000 modelos de billetes falsos y tiene también la colección de tintas más grande del mundo. Comparando los rasgos particulares de los billetes falsos se puede saber si los hace la misma persona, y al analizar las características de las tintas se puede rastrear su procedencia y si se intentó imitar las propiedades magnéticas de las tintas de los billetes genuinos.

La empresa Crane and Company provee el papel de seguridad para la fabricación de los dólares. Se elaboran con algodón en 75 por ciento, y lino en 25 por ciento. Esta mezcla se cocina a presión durante unas dos horas y luego se limpia, prensa, blanquea y refina aún más. En esta fase se le agregan las fibras de naylon rojas y azules que se dispersan al azar en la pasta aun húmeda. En seguida se añaden al papel otras dos medidas de seguridad: el hilo metálico perceptible a simple vista y detectado en la luz ultravioleta, y la marca de agua con la misma figura histórica del retrato que se imprimirá después.

Cada año la Oficina de Grabado e Impresión del Tesoro de Estados Unidos recibe de Crane and Company suficiente papel para que se impriman 9.000 millones de billetes. Allí el papel se convierte en papel moneda al ser estampado mediante una enorme presión sobre las planchas grabadas. Aparte de las tintas con propiedades magnéticas se emplea la tinta opticamente variable para imprimir el valor del billete en la esquina inferior derecha. En el caso del nuevo billete de 20, este número cambia de color cobre a color verde cuando se inclina hacia arriba o hacia abajo. Cada día la Oficina produce 37 millones de dólares que son apilados, empacados en ladrillos de 4.000 y enviados a la Reserva Federal, que luego los reparte en los bancos.

Para salvaguardar la confianza en el dólar la Reserva Federal planea rediseñar los billetes cada 7 ó 10 años, agregando nuevas características de seguridad como el holograma que ya llevan los euros. Sin embargo los billetes antiguos no serán retirados de circulación y todas las formas de papel moneda emitidas por el gobierno de Estados Unidos desde 1861 se consideran dinero de curso legal y reembolsable. Tampoco se cambiarán los íconos de los nuevos billetes, que seguirán siendo los mismos que se utilizan desde 1929 ya que éstos simbolizan su estabilidad política y económica.

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