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| 12/15/1986 12:00:00 AM

NOTICIAS DE LA SIERRA

Acaba de ponerse en marcha una Fundación para que no se muera la Sierra Nevada


A la Sierra Nevada de Santa Marta no la dejan descansar. Ahora están talando los caracolíes gigantescos del bosque primitivo que todavía quedaba a la orilla del mar, entre los ríos Don Diego y Palomino, último eslabón ecológico que aún conectaba las aguas del Caribe con las nieves perpetuas. Es una invasión de 350 familias, que en los últimos años habían tumbado monte para colonizar la vertiente occidental de la Sierra y ahora han sido expulsadas de allí por las fumigaciones de glifosato con las cuales se pretende combatir el negocio de la coca. Las nuevas talas, como las fumigaciones, se hacen en el territorio protegido de un parque nacional, naturalmente. Pero ¿y qué?

Pues por fin algo. Después de unos cuantos meses de tanteos, la Fundación Pro Sierra Nevada se ha echado por fin a andar, y ella encarna la primera tentativa seria por poner coto al deterioro creciente de ese paraíso tropical, cuyas riquezas ecológicas, arqueológicas y antropológicas son únicas en el planeta. La Fundación celebró su primera asamblea el 14 de octubre pasado en Santa Marta, con la asistencia de todos los interesados: desde las delegaciones indígenas de los kogis y los arhuacos hasta el ministro de Agricultura, que llevó el respaldo explícito del gobierno central. Ya han sido instaladas las juntas regionales en los departamentos que comparten la Sierra (Magdalena, Cesar y Guajira), en las cuales participan los gobernadores y los alcaldes de las capitales respectivas, la seccional del Inderena del Magdalena, las corporaciones autónomas regionales de la Guajira y el Cesar, las universidades, así como miembros representativos de la comunidad. La primera reunión de la junta directiva de la Fundación se hará el 5 de diciembre. Y, sobre todo, más allá de toda esta efervescencia burocrática están en marcha también las tareas prácticas. Ya está instalada una estación de la Fundación en el Alto de Mira, verdadero candado de toda esa región que los conquistadores españoles llamaron La Caldera y que se extiende entre los ríos Don Diego, Guachaca, Córdoba y Frío desde las cabeceras del Buritaca.

Los cuatro bohíos de la estación, construidos en tierras que fueron de los kogis y que luego usurparon los colonos, servirán para controlar por fin el acceso a esa zona de la Sierra, todavía bien conservada desde el punto de vista ecológico. El sitio del asentamiento es clave: por ahí pasa el antiguo camino de piedra de los taironas que lleva desde la costa hasta Ciudad Perdida, por el cual suben cada día más numerosos los grupos de turistas (no menos de quince grupos lo harán en este diciembre); desde ahí se domina un verdadero panal de sitios arqueológicos que hasta ahora habían estado abiertos a las incursiones de los guaqueros; y hasta ahí han llegado los colonos, con su marimba o su ganado. La Fundación aspira a comprarles sus mejoras para cerrar entonces definitivamente el acceso depredador y organizarlo de manera que no sólo no sea destructivo, sino que deje recursos para proteger el conjunto de la Sierra.

A largo plazo, el objetivo es regenerar toda la región, afectada por la descomposición social provocada por el negocio de la marihuana y la coca. Se pretende cambiar las bases de la economía de la Sierra, desde hace años reducida al devastador proceso de la tala y la quema, la siembra de una o dos cosechas de marimba o de coca y el paso luego a la ganadería extensiva, destructora y poco rentable. Se trata de erradicar los cultivos prohibidos, pero no fumigándolos a la fuerza, sino mejorando las condiciones de vida de la población. La cual, después de una bonanza marimbera que no le dejó en fin de cuentas más que tierras devastadas, es ahora receptiva a otras propuestas. Existe, pues, un proyecto de asistencia agrícola a los colonos ya instalados, que con el tiempo podría convertirse en un plan piloto de Reforma Agraria en el Don Diego y el Guachaca. Pero por el momento la Fundación Pro Sierra Nevada aspira a resultados más modestos pero más inmediatos: la puesta en práctica de un plan de salud para indígenas y colonos, en colaboración con las entidades del Estado, que ya está listo para entrar en aplicacion en febrero del 87. Existe la financiación inicial, provista por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a través de la Fundación Santa Fe, que se ocupará de coordinar el plan de atención básica en estrecha cooperación con la población: los promotores de salud de las comunidades indígenas estarán en contacto por radio con la estación de la Fundación, donde un médico les dará asesoría. Cuando el caso requiera, por ejemplo, la evacuación de una persona, la Policía ha anunciado que está dispuesta a colaborar con sus helicópteros, para cambiarles la imagen creada por las fumigaciones de ser simples destructores de cultivos.

Se trata de un comienzo. Y para sus primeras tareas--la estación del Alto de Mira, el centro de documentación que se instalará en Minca, cerca de Santa Marta--, la Fundación tiene ya los recursos, donados principalmente por Ecopetrol y Bavaria. Pero para garantizar la continuidad de la empresa será necesario financiar un fondo--que Juan Mayr, director ejecutivo de la Fundación, calcula en 80 millones de pesos para el primer año-- cuyos intereses alimenten el funcionamiento y la realización de un proyecto más vasto: el levantamiento de un diagnóstico general de la Sierra Nevada, sin el cual es imposible establecer prioridades. Un inventario y un diagnóstico que permitan saber cómo está la Sierra: dónde hay bosque, dónde hay colonos, dónde hay marimba. Analizando mediante computadores las planchas aerofotográficas que existen es posible realizar esa tarea en el primer año. Y para la ambiciosa empresa de la protección y regeneración se cuenta ya no sólo con la ayuda del comité científico de la propia Fundación, en el que figuran investigadores de fama internacional, sino con el apoyo de otras instituciones cargadas de experiencia: la Fundación Charles Darwin de las Islas Galápagos o el Smithsonian Tropical Research Institute, con base en Panamá.

Lo que ha hecho la Fundación en los cuatro o cinco meses corridos desde que se creó tiene ya algo de asombroso: ha puesto a comer en el mismo plato a las diversas entidades del Estado tradicionalmente rivales al Inderena con el Instituto de Antropología, a Ingeominas con Planeación Nacional, para no hablar de las universidades, las corporaciones autónomas regionales, la Policía Nacional, las instituciones internacionales y las empresas privadas. Pero hay algo todavía más notable, y es el respaldo reiterado y enfático del gobierno actual. El cual no era tan obvio como pudiera indicarlo la importancia del proyecto, puesto que al fin de cuentas la Fundación Pro Sierra Nevada es una herencia casi póstuma que le dejó a su sucesor el presidente Betancur, quien la inauguró con gran despliegue en su última semana en el poder.--
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