Lunes, 23 de enero de 2017

| 2008/11/22 00:00

Nunca es tarde

Un estudio reciente muestra que la infidelidad entre las personas mayores de 60 está aumentando.

Nunca es tarde

Las estadísticas sobre infidelidad siempre han tenido un problema y es que la gente tiende a mentir cuando se le pregunta sobre sus deslices amorosos. Los hombres por lo general los exageran mientras que las mujeres los niegan rotundamente, así la encuesta proteja su privacidad. Por eso, no es raro que los estudios sobre relaciones extramatrimoniales arrojen resultados tan contradictorios. Algunos dicen que la infidelidad va en aumento mientras que otros aseguran que el panorama no ha cambiado demasiado.

Pero como lo importante en ciencia es hacer las preguntas correctas, el siquiatra David Atkins decidió mirar el problema desde diferentes ángulos para ver si observaba cambios. Y en efecto, al analizar los datos por cohortes, el científico encontró que la infidelidad sí está aumentando pero no en todas las edades sino entre los más viejos. Comparando las respuestas actuales con un sondeo nacional hecho en Estados Unidos en 1991, los hombres mayores de 60 infieles pasaron de ser 20 por ciento en 1991 a 28. En este grupo de edad, las mujeres también reportaron más infidelidades pues en 1991 eran 5 por ciento y en 2008 ese porcentaje subió a 15.

Muchos podrían pensar que posiblemente las actitudes acerca de la infidelidad estén cambiando y por lo tanto la gente estaría más dispuesta a admitir este comportamiento. Atkins dice que aunque dicha hipótesis es probable, no fue lo que mostró su análisis pues las respuestas de los individuos a través de los años frente a si la infidelidad era buena o mala no han cambiado. “Noventa por ciento de los encuestados dice que la infidelidad es siempre o casi siempre mala, sin importar la edad o el género”, afirma Atkins.

Lo que está pasando, según Atkins, tiene mucho que ver con el Viagra, pues el aumento coincide con la fecha de aparición de este medicamento y sus primos cercanos, Cialis y Levitra, en 1998. La hipótesis del Viagra es la que más fuerza tiene para el investigador, además porque otros estudios en el mundo lo han confirmado. Uno de ellos fue hecho en Nueva Zelanda por Annie Potts, de la Universidad de Canterbury quien encontró resultados mixtos. En unas parejas el medicamento había sido bueno pero en otras el efecto era negativo pues las esposas no estaban interesadas en reanudar sus relaciones sexuales al tiempo que los hombres demandaban más encuentros de este tipo. En su trabajo, Atkins encontró que la curva de infidelidad en hombres mayores de 60 no aumentó sino hasta 1998, año que coincide con la aparición de los medicamentos para la disfunción eréctil

Algo similar encontró el urólogo Alonso Acuña para quien “no cabe duda que hay una relación entre Viagra y el comportamiento infiel de los hombres mayores”. Acuña estudió una muestra de más de 800 pacientes mayores de 40 años y halló la misma tendencia. Del 48 por ciento que reportaron infidelidad, un 80 por ciento dijo tener una relación estable con otra pareja diferente de su esposa durante más de cinco años. “Hay un pico de aumento hacia los sesenta y luego la curva vuelve a descender”, explica.

Acuña sostiene que la principal razón es la facilidad de automedicarse con estas drogas, que le han dado la posibilidad a los hombres de mantener su aparato reproductor en un estado óptimo. Al mismo tiempo, señala que las mujeres menopáusicas empiezan a reducir su sexualidad por la falta de lubricación, y aunque también tienen tratamientos hormonales para que sus genitales se mantengan jóvenes, muchas no los toman por temor a desarrollar cáncer o a tener un infarto. “Y cuando el hombre viejo está preparado para coquetear con su esposa se encuentra con que ella no quiere”, dice Acuña. Y ahí es cuando se consigue una compañera por fuera del matrimonio.

Acuña también cree que está incidiendo una cultura menos prejuiciosa frente a los comportamientos sexuales. “Antes un viejo verde era condenado por la sociedad pero que un hombre hoy salga con una mujer joven no es ningún escándalo”.

En un sondeo realizado por la revista Oprah, hay datos que confirman la relación del Viagra y la infidelidad. Una de cada 10 mujeres dijo que su esposo la había engañado por primera vez después de empezar a tomar la medicación. Hay que aclarar que si la relación es saludable y fuerte, el Viagra ayuda a fortalecer la pareja. “Cuando no, puede exacerbar los problemas”, dice el estudio.

El estudio de Atkins también reportó un aumento de la infidelidad de las mujeres mayores. Su análisis mostró que en 1991 aquellas infieles entre 60 y 70 años fueron el 5 por ciento de la muestra analizada, y para 2006 esa cifra aumentó a 15 por ciento. “Las mujeres muestran una tendencia clara al aumento”, dice Atkins en su reporte, especialmente en el último año, lo que sugiere que la brecha entre hombres y mujeres se está cerrando.

Para los expertos, una explicación es que las terapias hormonales ha contribuido a que la mujeres veteranas se sientan más ‘sexys’, ya que la testosterona y los estrógenos pueden mantener el impulso sexual y la lubricación vaginal en buen estado. Incluso cirugías como el transplante de cadera han incidido en una mejor actitud sexual de las personas mayores hacia el sexo.

El hecho de que las mujeres hoy no estén aisladas en sus hogares sino integradas a la fuerza laboral hace que tengan más oportunidades para tener un affaire, como lo explica Alonso Acuña. Curiosamente, en sus análisis, la mujer es más proclive a relaciones extramatrimoniales ocasionales que a las prolongadas, como se ve en los hombres.

La pornografía explicaría el aumento de la infidelidad en las parejas más jóvenes pues se ha demostrado que la mayor disponibilidad del cine triple X afecta las actitudes y percepciones de lo que se considera como comportamiento normal.

Otros creen que es simplemente un asunto generacional. Los hombres que hoy son mayores de 50 hacen parte de la generación del Baby Boom que por lo general se casaron con su novia de colegio mientras que los más jóvenes están menos programados para una vida sexual exclusiva con una sola mujer o un solo hombre.

El trabajo de Atkins deja abiertos muchas posibilidades para seguir explorando los cambios en la sexualidad, un tema que, por los riesgos de infecciones como el VIH, tiene implicaciones en la salud pública.

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