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| 5/19/2012 12:00:00 AM

Océanos en peligro

Un nuevo libro revela la grave situación de los mares. Millones de especies estarían en riesgo de extinción por el exceso de pesca, la polución y el calentamiento global.

A principios de mayo, una expedición de científicos franceses inició un viaje hacia lo que algunos especialistas han llamado 'el séptimo continente'. No es un lugar paradisíaco ni lo habitan personas. Se trata de una isla llena de escombros, ubicada a unos 1.000 kilómetros de Hawái. Este basurero flotante del Océano Pacífico, cuya extensión oscila entre 1,7 y 3,4 millones de kilómetros cuadrados, incluye todo tipo de desperdicios, pero principalmente pequeñas piezas de plástico que contaminan las aguas y matan a las especies que las ingieren.
Esta es una muestra del grave estado en que se encuentran varias zonas marinas del planeta. Desde hace 30 años los océanos, que ocupan casi tres cuartas partes del área de la superficie de la Tierra, han perdido más del 75 por ciento de su fauna y han absorbido un tercio del dióxido de carbono emitido desde la época de la Revolución Industrial.

Callum Roberts, biólogo marino y conservacionista de la Universidad de York, Inglaterra, y autor del libro The Ocean Life, que será publicado esta semana en Estados Unidos, hace un recorrido histórico por la relación del hombre con el mar. Según el autor, varios factores relacionados entre sí han generado su deterioro actual. El más grande es el exceso de pesca. El crecimiento de esta industria, especialmente en el último medio siglo, ha hecho que cada vez más especies estén en peligro de extinción.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el 85 por ciento de las poblaciones de peces son explotadas y consumidas. El problema de la industria pesquera es que con sus métodos no solo capturan el pez que están buscando, sino que afectan las especies que están alrededor "ya sea al lastimar los arrecifes de coral o pescando tiburones, tortugas, aves marinas o mamíferos marinos", señaló a SEMANA Karen Sack, directora de International Ocean Conservation.

Pero además de la pesca, el calentamiento global y la polución del agua han hecho que los mares se calienten y estén más ácidos. Todo esto se genera por la falta de oxígeno, ya que entre más contaminación cae sobre el océano, como en el caso de la isla de basura del Pacífico, es menor su suministro de oxígeno y su capacidad de absorción de dióxido de carbono. "Si juntamos estos elementos podríamos comparar este cambio con el cataclismo que destruyó a los dinosaurios hace 65 millones de años", dijo Roberts a esta revista.

En estas condiciones se produce una explosión de zonas muertas, es decir, áreas donde los bajos niveles de oxígeno hacen imposible la supervivencia de varias especies. Estas, por lo general, se encuentran en las desembocaduras de los ríos caudalosos, las áreas costeras y los mares interiores. Pero, a pesar de esto, algunas especies como las medusas, las algas y otros microorganismos logran sobrevivir.

La degradación de las cadenas alimentarias, producida por la extracción de algunas especies, genera un desbalance que permite el crecimiento de otras menos apreciadas como las medusas. "En la naturaleza no existe un vacío ecológico y es posible que estas resulten como la especie dominante", dijo a SEMANA Patricio Morales, biólogo marino y coordinador del Programa Global y Polar de la Iniciativa de Alta Mar (IUCN).

Según Roberts, reducir el consumo de peces que están en vías de extinción y eliminar métodos de pesca sumamente destructivos como las redes de arrastre de fondo son puntos clave para combatir esta situación. Además, se deben reducir las emisiones de CO2, limpiar las 'islas de basura', las costas y el fondo del mar y establecer reservas marinas para proteger la biodiversidad.

Lo que está en juego no es solamente la vida bajo el mar, sino el bienestar del ser humano, pues la influencia de los océanos en los procesos naturales que definen el planeta es abrumadora. Para sobrevivir a esta crisis se necesita "un cambio radical en la forma en que el hombre se relaciona con el mar, cambiando su uso excesivo por una mejor administración y explotación inteligente", concluye Roberts.
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