Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/12/02 00:00

Ocupación: molestar

Los hombres recién jubilados pueden llegar a ser una pesadilla para sus familias si no están preparados para este momento. Los expertos aconsejan qué hacer para superar el Síndrome del Esposo Retirado.

La esposa es la principal víctima, pero los hijos y hasta los vecinos padecen sus caprichos

Acto prime ro: novios.Ella, con tono amoroso: Mi amor, ¿a dónde vamos a ir esta noche?

Acto segundo: 10 años de casados.Ella, con tono inquisidor: mijo ¿a qué horas piensa llegar a la casa?

Acto tercero: 30 años después.Ella, con desespero en la voz: Ay, mijo, de por Dios... ¿por qué no se va un rato con sus amigos a ver si deja de poner tanto pereque y podemos aspirar, lavar y cocinar?

Esta es, grosso modo, la manera como suelen evolucionar los diálogos entre esposos a medida que avanzan los años. Lo curioso es que en el acto tercero, cuan do muchos creerían que por fin va a tener tiempo para los dos -los hijos se han ido, hay cierta estabilidad económica y se cuenta con todo más tiempo gracias al retiro laboral- es cuando se presenta una grave crisis de la pareja.

Se trata del síndrome del esposo retirado, una condición que emerge cuando el esposo se jubila y, luego de estar casado por 40 años con su trabajo, regresa a la casa sin un papel claro. La esposa, que durante ese tiempo ha aprendido a desenvolverse sola en la casa y con los niños, ve a su pareja como un extraño que interfiere en la vida cotidiana del hogar. Algunas veces el señor no le deja cumplir con los deberes de limpieza; en otros casos, sobre todo cuando el marido ha ocupado cargos de autoridad, empieza a dar órdenes a diestra y siniestra y a descalificar el trabajo de los demás. "Todo funcionaba bien y de pronto llegan ellos y no dejan aspirar, cambian las rutinas y empiezan a opinar. Antes gerenciaban una empresa y ahora quieren gerenciar la casa. Eso se vuelve una verdadera pesadilla", dice la sicóloga Connie de Santamaría. "¿Por qué compran bombillos de 100 vatios? Esos consumen más energía y además dañan los portalámparas" o "no se le ocurra llamar al electricista, yo le arreglo esa plancha", son frases que se le escuchan a este 'nuevo' miembro de la familia. Ellas no se quedan calladas. "No me abra las ollas". "Yo no soy su mandadera", les contestan. Pero hay quienes se restringen de hacer su rutina. Si antes tenían una tarde para ir al gimnasio, al grupo de oración o a la reunión de damas voluntarias, ahora con el marido en la casa les da remordimiento salir.

Japón es uno de los países que reportan más frecuencia de este síndrome, con 60 por ciento de la población femenina mayor padeciendo sus síntomas: depresión, úlcera, asma, alergias de la piel y presión arterial alta. El problema allá es más agudo debido a la cultura japonesa, que en caso de divorcio no protege a la mujer y ante una separación ella quedaría sin protección económica. Como sucedería con cualquier enfermedad sin cura, ese pronóstico poco alentador las deprime aun más. Algunas están tomando decisiones radicales: un día se marchan sin decir una palabra, tomando consigo los ahorros familiares, una situación que los mismos japoneses denominan Divorcio Narita, en homenaje al nombre del aeropuerto de Tokio.

Aunque Japón es el caso más extremo, el asunto ha alcanzado notoriedad en todo mundo debido a que hoy la población vive más. También es un problema generacional ,pues los primeros baby boomers (nacidos entre 1948 y 1964) han alcanzado la edad de 60 años y están retirándose de la escena laboral. El fenómeno es más frecuente en aquellos modelos de pareja cuyo rol masculino ha sido trabajar y proveer el sustento de la familia, mientras que el de ella se ha enfocado en criar hijos y administrar el hogar. "Si los dos se retiraran al tiempo, probablemente se presentaría otro modelo de adaptación", dice Connie de Santamaría.

Aunque la esposa es la más damnificada, casi todos los miembros de familia sufren con el regreso del esposo a la casa. "Pueden volver locos a los hijos porque empiezan a enterarse de cosas en las que nunca habían participado", afirma Connie de Santamaría. Como no tenía una obligación que cumplir ya retirado, Eduardo Peña se convirtió en representante de los padres de familia y en presidente de la junta del barrio, lo cual puso en aprietos a su hijo Carlos. "Él se enteraba primero que todos los demás papás de lo que yo hacía, recuerda Carlos. Un día nos pillaron escapados del colegio y nos sancionaron. Como él era el representante, fue el único padre que se enteró y el regaño fue triple. Si habría estado trabajando, no se hubiera enterado nunca", añade. A veces las consecuencias del retiro se extienden más allá del hogar. "El vecino mío se acaba de jubilar y se entromete en todos los asuntos de mi casa, dice Aldemar Villabona. Nos dice a mi esposa y a mí que arreglemos esto y lo otro, que no gastemos agua porque la cuenta nos va a salir cara", dice Villabona

Los hombres que se retiran hacen sufrir, pero también sufren. La autoestima les llega al piso porque se sienten poco útiles o atraviesan por un proceso de duelo debido a que pierden muchas cosas como el prestigio, la fama, el poder o el reconocimiento. En casos más extremos, según la sicóloga Gloria Pérez, hay un aumento del consumo de alcohol y de depresión. Lo anterior se presenta cuando no hay una preparación para esta etapa de la vida y en esto la sociedad no es muy colaboradora. Al contrario, hay una idea muy arraigada de que la juventud es "un divino tesoro", y se desdeña con facilidad la sabiduría de los más viejos.

Para los especialistas, lo importante es prevenir el problema y por eso sugieren que desde temprano la gente se prepare no sólo en lo económico, sino con su actitud para llegar a esta etapa mejor preparados. "Jubilación viene de júbilo", dice María Cecilia Betancur, a quien le parece imperdonable escucharles decir a los retirados la frase "estoy matando el tiempo". Tal vez porque ella no ve el retiro como la antesala de la muerte, sino como el momento en que comienza la etapa más productiva de la vida.

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