Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/11/22 00:00

Operación histórica

El trasplante de tráquea realizado en una colombiana de 30 años revoluciona el mundo de la cirugía y abre el camino a la creación de órganos en el laboratorio.

Claudia Castillo hoy puede realizar actividades normales como jugar con Isabella y Johan, sus dos hijos

Hasta el miércoles pasado, Claudia Lorena Castillo era una colombiana desconocida. Lo fue hasta que su rostro comenzó a aparecer en los medios de comunicación del mundo y su teléfono empezó a sonar por las llamadas de periodistas que querían sus declaraciones. La noticia apareció en la revista The Lancet y decía que era la primera persona en recibir un trasplante de tráquea con tejido fabricado con la estructura de la de un donante y sus propias células madre. Eso convirtió a la auxiliar de odontología de 30 años en un hito viviente de la medicina.

Cuatro años atrás, a Claudia le empezó una tos persistente que la llevó al médico. El primer diagnóstico dijo que se trataba de una gripa mal tratada, pero detrás se escondía una tuberculosis. Con el tiempo, el mal diagnóstico y la falta de tratamiento adecuado hicieron que su bronquio izquierdo quedara obstruido por la infección. Con esto, el pulmón de ese lado dejó de funcionar y llegaron los problemas. "Cuando estaba enferma no podía conversar normalmente, pues me tocaba parar para tomar aire. Tampoco podía atender a mis hijos ni jugar con ellos. Cosas como subir escaleras o hacer el mercado me costaban muchísimo", le dijo a SEMANA desde Barcelona, ciudad en la que vive desde hace nueve años.

El mal estaba tan avanzado que algunos médicos le dijeron que debía resignarse a "llevar una vida de enferma". Las opciones hasta ese momento eran extirpar el pulmón dañado o intentar un trasplante tradicional con la tráquea de un donante, con riesgos muy altos. En el primer escenario, si hubiera superado las complicaciones, que incluso podrían causarle la muerte, su calidad de vida habría sido muy mala, con deficiencias respiratorias e impedimentos crecientes. Y si se hubiera hecho un trasplante convencional, habría tenido que someterse de por vida a tomar fármacos inmunosupresores contra el rechazo, medicamentos que exponen al paciente a cualquier enfermedad.

Cuando llegó al Hospital Clínico de Barcelona conoció al doctor Paolo Macchiarini, un italiano que llevaba 15 años trabajando las vías respiratorias y que tenía la idea de poder simplificar los trasplantes de tráquea. De hecho, ya había probado exitosamente en cerdos el procedimiento. Así que si funcionaba en humanos, la técnica marcaría un punto de quiebre en la historia de la cirugía. La idea era tomar el tejido de un donante, quitarle las células hasta convertirlo en una estructura de colágeno y luego revestirlo con las células madre del paciente receptor. De esta manera, el cuerpo debería asimilar el nuevo órgano sin rechazarlo. Macchiarini, el principal artífice de la nueva técnica, le dijo a SEMANA que "escogimos a Claudia porque era una paciente con una evolución que no me gustaba para nada. Como tenía apenas 30 años no quería someterla a tener que usar inmunosupresores de por vida o a extirparle un pulmón".

En marzo, tomada la decisión, usaron la tráquea de un donante de 51 años que murió en España por un derrame cerebral. Le recortaron un segmento de siete centímetros que fue enviado a Italia, en donde el grupo de la Universidad de Padua, dirigido por la doctora María Teresa Conconi, hizo 25 lavados con un detergente enzimático con el objetivo de quitar las células y antígenos que pudieran causar rechazo. Después de seis semanas, sólo quedó un cilindro de colágeno que serviría de andamiaje.

Mientras tanto, a Claudia se le extrajeron células madre de la parte sana de la tráquea y de la médula ósea. Con las primeras se obtuvieron células epiteliales iguales a las que cubren el interior de la tráquea, y las de la médula ósea fueron enviadas a la Universidad de Bristol donde el doctor Martin Birchall cultivó células cartilaginosas como las que cubren el exterior. El siguiente paso era lograr que las nuevas células se pegaran al tubo de colágeno y fue realizado en el Politécnico de Milán, con ayuda de un biorreactor. Según el genetista colombiano Emilio Yunis, el biorreactor, que en este caso fue diseñado exclusivamente para este experimento, "es como una rosticería que a temperatura adecuada permite incubar las células". En este se le dieron vueltas al órgano matriz entre las células y el medio de cultivo.

La técnica dio resultado y sólo quedaba el paso final, en el que el nuevo órgano, ya revestido con las células de la recipiente, fue llevado nuevamente a Barcelona. Allí, el 12 de junio, Macchiarini hizo el trasplante sin problemas en seis horas. Cuando despertó, Claudia sintió de inmediato que podía respirar como no lo había hecho en los últimos cuatro años. Diez días después fue dada de alta y tras un mes, una biopsia mostró que el implante había formado su red de vasos sanguíneos y estaba siendo irrigado normalmente.

Hoy, a cinco meses de la cirugía, Claudia reconoce que tiene algunos altibajos porque a veces le da tos y debe tomar medicamentos, pero los exámenes muestran que los resultados son normales para mujeres de esta edad y no hay señales de rechazo a pesar de que no ha tomado inmunosupresores.

Para el equipo científico, "los cirujanos ahora pueden empezar a ver y entender el potencial real de las células madre adultas y de la ingeniería de tejidos para mejorar radicalmente sus habilidades a la hora de tratar pacientes con enfermedades graves". Macchiarini explica que se podrá empezar a trabajar la misma técnica en órganos tubulares como el colon, la laringe o el esófago. Y afirma que a mediano plazo los más beneficiados serán los pacientes del cáncer de laringe. Las posibilidades van más allá, pues algunos pronostican que en 20 años todos los trasplantes se harán de esta manera. Según Yunis, se podrán hacer matrices con materiales biocompatibles revestidos de células del paciente que no serán rechazados. Asegura que "corazones o vejigas artificiales podrían servir de matrices para ser revestidas con células de la otra persona. El resultado le abre camino a muchas posibilidades. El futuro no tiene límites".
 

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