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| 4/11/2016 3:02:00 PM

¿Le teme a estos analgésicos?

Los efectos adversos y el riesgo de adicción hacen que algunos pacientes no tomen con tranquilidad ciertos medicamentos opioides para el dolor. Este temor, según los expertos, es infundado.

La reacción de la mayoría de pacientes a quienes les formulan Tramadol no siempre es la mejor porque creen que es un medicamento que se utiliza para enfermedades terminales y por lo tanto no es para ellos. Ni qué decir de la morfina, tal vez el opioide con peor fama. Lo que la gente no sabe es que la mayoría de estos temores son infundados. Estos medicamentos son una excelente opción en el manejo de un sin número de enfermedades crónicas que producen dolor como el cáncer o la artritis reumatoidea.

Los médicos se siguen por las guías de la Organización Mundial de la Salud, que creó un modelo para la utilización adecuada de los analgésicos. En la base se encuentran medicamentos como el Acetaminofén y los AINES (Naproxeno e Ibuprofeno). Más arriba se encuentran los opioides, que se pueden dividir a su vez en débiles o fuertes y que se debe recetar dependiendo del tipo de dolor.

Al principio se utiliza el Tramadol, un excelente analgésico que puede ser utilizado en dolores crónicos y agudos. El problema es que cuando no se toma adecuadamente puede producir efectos adversos desagradables como somnolencia, mareo, vómito o estreñimiento. Esto se debe a que los médicos en ocasiones no son claros sobre cómo usarlos al iniciar las terapias y los pacientes no entienden cómo tomarlos, lo cual crea que estén prevenidos y opten por descartarlos. Es cierto que por ser derivados del opio estos medicamentos tienen un riesgo potencial de adicción, pero eso puede ser contrarrestado con un adecuado uso.

Cuando el dolor es generado por enfermedades como el cáncer los medicamentos de elección son los opioides fuertes. Para este grupo la primera opción es la morfina, que aunque es el medicamento más temido, es una excelente opción de tratamiento para pacientes con dolores severos que no pueden tomar antiinflamatorios como por ejemplo pacientes con úlceras gástricas o daño renal.

Sin embargo, como este opioide se relaciona generalmente con pacientes en estadios terminales los pacientes no quieren tomarlos e incluso los médicos tienen dudas de formularlos. Para Isabel Puello, médica familiar, "la dificultad que plantean los analgésicos opioides es que muchas personas tienen la concepción de que su prescripción es exclusiva para pacientes terminales” dice y agrega que “por eso, principalmente la morfina está tan estigmatizada al punto que hasta los mismos médicos evitan su formulación".

La fama de la morfina se debe a que antes de la existencia de otros fármacos era casi la única opción en pacientes que requerían manejos paliativos. Pero en la actualidad existen medicamentos más potentes como la Hidromorfona o la Oxicodona, que hoy son  formulados con mayor frecuencia en pacientes en estadios terminales.

La Asociación para el estudio del dolor (IASP), define esta sensación como una  experiencia desagradable generada por un daño en algún tejido del cuerpo. La percepción de dolor depende de su intensidad, duración y localización, es decir, no es lo mismo el sufrimiento por un golpe al que genera un cáncer metastásico. Estas características permiten individualizar  distintos tipos de drogas contra el dolor.

El dolor es un síntoma frecuente. Los de cabeza, de las articulaciones o de espalda hacen parte del día a día de una gran parte de la población y generan un deterioro de la calidad de vida de las personas. Los médicos se enfrentan a un amplio número de enfermedades que generan esta sensación y  que en ocasiones son agudos como una fractura o un dolor abdominal generado por una apendicitis o los que son crónicos como la artrosis o fibromialgias. En cada tipo de dolor se utiliza un analgésico diferente. Esta diferencia depende a su vez de cada paciente.

Debido a que el dolor es un signo subjetivo, se utilizan escalas para medir su intensidad. Estas se denominan Escalas Análogas del Dolor, donde se pide a los pacientes que en una escala en la que cero es ausencia dolor y diez  uno insoportable, califiquen cual podría ser su intensidad. Esto ayuda a orientar el diagnóstico y elegir el tratamiento más eficaz.

Cada dolor es distinto y al igual que en cualquier enfermedad, los tratamientos son escalonados y se debe iniciar por los que menos efectos adversos generan, pero si se requiere de medicamentos más fuertes para controlar un síntoma no está de más utilizarlos. Los opioides en dosis adecuadas y bajo la supervisión de un profesional son seguros y una gran ayuda para los pacientes en los que con solo controlar el dolor se logra mejorar la calidad de vida.

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