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| 5/4/1987 12:00:00 AM

PADRE NO HAY SINO UNO

Juez norteamericano entrega al padre custodia de bebé de madre sustituta

Resolver en manos de quién debía quedar un bebé, cuyo padre "compró" el óvulo de la madre y "arrendó" su útero para que lo gestara, y cuya madre accedió a ello por 10 mil dólares, pero después de tenerlo en su vientre nueve meses y darlo a luz cambió de opinión, es sin duda la decisión más difícil que haya tomado en su vida el juez Harvey R. Sorkow, de Hackensack, New Jersey.
Después de siete semanas en un juicio que no tiene antecedentes en ningún sistema legal del mundo, la decisión fue contundente: la custodia de la bebita de un año a quien su padre había bautizado Melissa, su madre Sara y para efectos jurídicos se conocía simplemente como "Baby M." le fue entregada por completo a su padre, William Stern, al tiempo que la Corte le negaba a su madre biológica todo derecho sobre ella.
La historia había comenzado cerca de dos años antes cuando Mary Beth Whitehead -de 29 años, casada y con dos hijos- accedió a ser la madre sustituta de un hijo de Stern, cuya esposa a pesar de ser fértil no debía quedar embarazada por motivos de salud. En ese entonces la Whitehead firmó un contrato por el cual accedía a ser inseminada artificialmente y gestar el hijo de Stern hasta su nacimiento, a cambio de los 10 mil dólares mencionados. Pero cuando el bebé nació, cambió de opinión y decidió que quería quedarse con la niña que, al fin y al cabo, era también suya.
Fue entonces cuando se inició uno de los casos que más resonancia han tenido a nivel mundial en lo que concierne a los derechos sobre la vida misma. Biológicamente tanto Stern como Whitehead tenían los mismos derechos sobre el bebé. Sin embargo legalmente las cosas no eran claras.
En primer lugar, nunca antes Corte alguna de Estados Unidos o del mundo, había tenido en sus manos un caso similar. No existía por tanto jurisprudencia en una materia que hace apenas unos años, cuando los avances de la biogenética no habían llegado tan lejos, hubiera resultado totalmente insospechada. Las bases para la decisión radicaban formalmente en las normas vigentes en lo relativo a con tratos (el de la Whitehead con Stern) por una parte, y en los conceptos básicos del derecho de familia, por la otra. Pero en últimas dependían ante todo del buen criterio del juez Sorkow para aplicarlas en un caso que sabía que sentaría doctrina hacia el futuro en uno de los asuntos éticos más delicados que haya afrontado la humanidad hasta ahora.
"No puede haber solución del todo satisfactoria en un caso como éste" afirmó Sorkow al salir de la sala de audiencias. "No obstante, cuando una Corte se ve obligada a decidir entre los derechos de los padres y el bienestar del niño, prima y debe primar el bienestar del niño", agregó, acudiendo a los más elementales principios del derecho de familia para resolver el complicado caso y dejando un tanto de lado las numerosas consideraciones morales, psicológicas, jurídicas y hasta religiosas, que durante los dos meses que duró el juicio emitieron expertos de todos los calibres.
En estos términos, el juicio se convirtió finalmente en un típico caso de custodia, en el cual el bebé le fue entregado a quien se consideraba constituía un mejor padre para él, es decir aquel que lo había deseado y buscado.
Por el ser el primero en su género, el caso se constituirá sin duda alguna en el modelo que seguirán en el futuro los jueces que tengan que afrontar casos similares. No obstante, los expertos consideran que aún son muchos los vacíos que permanecen en esta materia, al punto que en Estados Unidos los legisladores de distintas partes del país han iniciado ya un movimiento para que se tome una decisión a nivel nacional sobre si se debe en últimas prohibir la maternidad subrogada o no.
El principal problema radica en la legalidad que tienen los contratos celebrados entre los padres biológicos del niño. El argumento que esgrimen quienes los cuestionan es que se trata de una especie de contrato de compra-venta en el cual una madre está vendiendo al padre su parte del hijo, lo que puesto en plata blanca significa negociar con vidas humanas, mientras la contraargumentación se basa en el derecho que tienen padres que no pueden tener hijos a buscar otros métodos para tenerlos y en el hecho de que el contrato se celebra antes de que el niño haya sido siquiera concebido.
Por lo pronto, Baby M. será finalmente Melissa Stern. La decisión, aunque aún es apelable, quizás logre dar por terminado el caso de Melissa. Pero de lo que no cabe duda es de que constituye apenas el comienzo de lo que se podría denominar el derecho biogenético, una rara mezcla entre lo jurídico, lo científico y lo moral frente a la cual es posible que el hombre tarde mucho tiempo antes de sentar normas que lo lleven a sentirse cómodo manipulando lo que hasta hace poco parecía reservado al ámbito divino.
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