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| 11/26/1990 12:00:00 AM

PADRE POR ACCIDENTE

El 80% de los colombianos que contrae segundas nupcias adquiere el status de padrastro.


Los cuentos infantiles lo pintan como un ser intransigente, egoísta y despiadado. Más temido que amado, el padrastro ya no es, sin embargo, ese personaje ocasional de las fábulas familiares sino una figura frecuente en el hogar de los años noventa. Con la alta tasa de separaciones, que según las estadìsticas colombianas alcanza al 30% de las parojas en la mayorìa de las cuales la mujer se queda con la custodia de los hijos, se estima que el 80% de los hombres que contrae un segundo matrimonio ingresa al desagradecido y complicado rol de padrastro.

Algunos demógrafos predicen que una tercera parte de los niños nacidos en los años ochenta vivirán con un padrastro antes de cumplir los 18 años.
Pero mientras padres y madres tienen una idea definida acerca de còmo deben comportarse y cuáles son sus responsabilidades frente a los hijos, nadie parece saber cuál es el papel que juega el padrastro. Ni siquiera en los cientos de comedias familiares que pululan en el cine y la televisiòn, existe un modelo en qué apoyarse. Las raras veces en que son caracterizados, los libretistas resuelven el problema haciendo poca distinciòn entre ellos y los padres biològicos, o atribuyéndoles las caracterìsticas típicas de los cuentos, como personajes frìos, distantes o malévolos.

Asì las cosas, los padrastros modernos deben improvisar un papel para el cual no existe libreto, cuyas mejores apariciones tienen breves momentos de aplauso y figuraciòn. Lo cierto es que ser un buen padrastro exige no sólo la paciencia del santo Job sino también la sabidurìa del rey Salomòn.

Por eso, hay quienes aseguran que el padrastro deberia ingresar en la galeria de héroes modernos. Si la paternidades una misiòn dificil, el reto de ganarse el afecto de los hijos ajenos, de impartir disciplina sin tener autoridad legal, de asistir a las reuniones escolares aunque el Dìa del Padre los regalos sean para otro, puede convertirse en una empresa descomunal y, la mayorìa de las veces, un tanto ingrata. Un hombre que lleva varios años en el gremio, como padrastro de un niño de 12 años y una niña de 15, lo describe asì: "Llévelos de camping el fin de semana, acompáñelos a cine, recójalos a media noche de las minitecas o ayúdeles en las tareas, pero todo lo que usted consigue como recompensa es que apenas pueden , salen corriendo a la casa de su padre a decirle que yo hablo con la boca llena o que mis propìos hijos, que me visitan en el fin de semana, son unos tarados".

Esa especie de caballero de las cruzadas que llega en su corcel blanco al rescate de su nueva esposa, para liberarla de la pesada carga emocional y muchas veces econòmica de educar sola a sus hijos, puede parecer muy seductor y atractivo para la señora de sus sueños, pero a los ojos de sus hijos es apenas un intruso en el hogar materno.
Una joven de 15 años relataba a su profesora: "En mi propia casa, a las 10 de la noche, tengo que ponerme la bata para ir por un vaso de leche a la nevera, sólo porque él está en nuestra sala" .

Según los sicòlogos, pocas parejas de separados en trance de organizar nueva mente su vida alcanzan apercibir los conflictos y tensiones que puede generar el sano deseo de formar un segundo hogar. "La mayoria de los adultos que reinciden en el matrimonio tienen la idea de que esta nueva unión puede resultar simplemente si se evitan los errores que hicieron fracasar el primer matrimonio. Sin embargo, los segundos matrimonios tienen caracterEsticas muy distintas y complejas", dice la sicólos ya Jeaneth Samper de Sánchez.

Para empezar, explica la especialista, no existe un sòlo modelo de segundas uniones. Las combinaciones son múltiples y cada caso presenta características diferentes. Separados con hijos, separados sin hijos, viudos con hijos mayores, solteros, etc., lo cual determina que las normas para establecer una nueva familia deban ser instituidas por la pareja según sus propias condiciones. Hay muchos factores en juego en esta nueva relaciòn, explica la especialista en terapia de pareja. "Por ejemplo, es más fácil para un separado con hijos manejar las relaciones con los hijos de su nueva esposa, que para un soltero que con el matrimonio adquiere una familia instantánea y no tiene ni idea de lo que es la paternidad. De la misma forma, es más sencillo para un niño que ha sufrido la muerte de su padre adaptarse a vivir con otro adulto que ocupe su lugar, aunque no lo reemplace, que para aquel que ha vivido una separación" .

Las parejas que quieren formar una nueva uniòn tienden a idealizarla, sin tener en cuenta que en un segundo matrimonio entran en juego una serie de emociones y sentimientos muy distintos de los que cuentan en un primer matrimonio, donde se trata sòlo de dos personas. "En primer lugar, dice la sicòloga, hay que tener en cuenta que un segundo matrimonio nace siempre de una pérdida. Tanto adultos como niños deben haber superado emocionalmente el proceso, de la separación o la muerte de uno de los padres, antes de pensar en iniciar una nueva relación.
Por otra parte, al contrario de lo que sucede en la familia tradicional, que primero se afianza y los hijos llegan después, en la segunda unión esta relación no se da automáticamente sino que hay que crearla y eso demanda tiempo.

Ya no se trata solamente de afianzar la relación entre la pareja, sino de establecer normas de convivencia que involucran a tres familias" . Esta especie de acuerdo multilateral, donde los hijos juegan un papel importante, puede alcanzar los perfiles de un arreglo sindical.

El propio doctor Benjamin Spock, una autoridad en sicología infantil, sufriò la mayor humillación de su vida al ingresar en el atolladero del "padrastrazgo". Luego de su matrimonio con una mujer madre de un niño de 10 años, el famoso sicólogo tuvo que volver a escribir varios capítulos de uno de sus libros sobre educaciòn infantil y crianza. "Ser un padrastro fue la más dolorosa experiencia en mi vida, y obviamente fue aún más dolorosa para mi hijastro", confesò el especialista una vez en una charla sobre el tema.

Si hay adolescentes de por medio una época de rebelión que puede exasperar aun a los padres naturales, el reto puede convertirse en una empresa descomunal y los conflictos pueden empañar la dicha de esa segunda luna de miel. Investigadores y sicólogos generalmente aconsejan que la parte disciplinaria permanezca como responsabilidad del padre biológico. "La separación acaba con la relación de pareja pero no con la responsabilidad hacia los hijos. Por eso, el padrastro debe tener muy claro que nunca podrá reemplazar al padre biológico", señala la sicòloga. En general, la difìcil etapa que atraviesa el adolescente, cuando lo que busca es mayor independencia, aceptar la intervenciòn o el control del padrastro es casi un imposible. Un hombre recuerda la reacciòn de su hijastro cuando no le permitia ver todas las peliculas por cable. "Mi papá sí me dejaba verlas", y agregaba: "Además, ésta es la televisión de mi mamá" . "Yo no sé cómo hice el primer año para no ahorcar ese chino", dice.

A los ojos de los especialistas, la hostilidad de los niños se origina en diversas tensiones que deben tenerse en cuenta. No es fácil para un niño ubicarse en una nueva familia donde aparecen de la noche a la mañana otros abuelos, padrastros, hermanastros y medio hermanos. Por una parte, el ingreso del padrastro en el hogar marca el final de una secreta esperanza por parte del niño, de que sus padres volvieran a vivir juntos. Por otro lado, cualquier gesto de amabilidad con el padrastro es interpretado por el niño como "una falta de lealtad hacia su propio padre". En el comienzo de un segundo matrimonio, el padrastro puede parecer un ser extraño y los hijos de su esposa no acceden fácilmente a aceptar que intervenga o ejerza mucho control sobre sus vidas.
Generalmente, ante el conflicto, muchos padrastros deciden marginarse completamente de la educación de los hijos ajenos y dejar todos los problemas de disciplina y educaciòn en su esposa, pero no es fácil para muchos hombres convertirse en una especie de convidados de piedra en su propio hogar, así que lo mejor es propiciar una relaciòn armònica y estable donde se establecen las normas de convivencia y el papel que juega cada uno de los miembros de esta nueva familia. Y la armonía del nuevo hogar depende en gran parte de la que exista entre los cònyuges con sus ex esposos o con sus hijos biològicos.

Lo cierto es que si el entendimiento con los hijos ajenos puede poner a prueba todo amor y la comprensiòn del nuevo cónyuge, los especialistas aseguran que ser padrastro puede convertirse en una relaciòn altamente gratificante.
Además. este hecho juega un papel de finitivo en la buena marcha de la nueva relaciòn.

Muchos sicòlogos consideran las relaciones padrastro hijastro como el mejor predictor del éxito o fracaso de los segundos matrimonios. Y aseguran que es precisamente en esta difícil tarea de conciliaciòn donde pueden radicar las causas de que las tasas de separaciòn de segundos matrimonios sean casi tan altas como las del primero.
Una sicòloga cuenta el caso de una pareja de separados con hijos adolescentes que, después de dos años de intentar la convivencia, decidiò separarse temporalmente y planear vivir juntos luego, cuando los hijos hubieran crecido.
Pero esta no es la soluciòn ideal. El padrastro es un personaje cada vez más frecuente en los hogares modernos y la sociedad debe empezar a escribir su libreto.

El caso reciente, ocurrido en Estados Unidos, de un hombre cuya segunda esposa muriò después de tres años de matrimonio y pidiò a la Corte la custodia de sus tres hijastros de 4, ò y 11 años, ha iniciado un movimiento en torno a los dorechos de los padrastros. Aunque la Corte concediò la custodia al padre biològico, quien habìa tenido muy poco contacto con sus hijos durante la mayor parte de su vida, el caso llamò la atenciòn de la opiniòn pública acerca de la necesidad de establecer ciertos derechos a los padrastros. La verdad es que el árbol familiar tiene ahora otras ramificaciones y la sociedad debe empezar a adaptarse a las necesidades de esas nuevas familias. Dar dos boletas para la ceremonia de graduaciòn de bachilleres, puede ser un acto discriminatorio que deje por fuera a ese padrastro que por muchos años ejerciò su papel de tiempo completo.
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