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| 10/25/2014 10:00:00 PM

Para aprender hay que saber estudiar

Muchas discusiones se centran en la importancia del maestro, pero un nuevo libro asegura que saber cómo estudiar también es clave.

En Finlandia los niños no hacen tareas, no estudian hasta tarde ni se clavan en sus libros por horas para prepararse para un examen. Sin embargo, arrasan en las pruebas mundiales sobre habilidades como matemáticas y lenguaje. Según Benedict Carey, periodista científico de The New York Times, esto se debe en parte a que los finlandeses son más eficientes a la hora de aprender.

Carey es el autor de libro, The way we learn en el cual desafía muchas de las nociones erradas que predominan sobre cómo el cerebro asimila información y aprende. El autor señala que  ‘comer libro’ ya no es necesario.  Y aunque eso no significa que el esfuerzo para aprender sea menor, lo que muestra es que debe hacerse de manera más inteligente.  “El cerebro no es un músculo. Es algo más: es un órgano sensible al estado de ánimo, al tiempo, a los ritmos circadianos, al ambiente y a la ubicación. Registra muchos más datos de los que conscientemente le damos y añade detalles que no notamos”, dice.

El autor asegura que una buena nota en un examen no es sinónimo de aprendizaje pues aunque embutirse el material la noche antes de la prueba ayuda a pasarlo, lo más probable es que en el mediano plazo esa información se pierda. Esto se debe a que, en dichos casos, el cerebro está gastando más energía en concentrarse que en aprender.

Carey señala que la gente siempre se encierra en un mismo sitio silencioso donde concentrarse mejor.  Sin embargo, se aprende más cuando el estudiante altera las rutinas de estudio y escoge diferentes ambientes para hacerlo pues de esta forma el cerebro hace asociaciones que facilitan la evocación. “Quedarse siempre en un solo sitio nos vuelve más lentos”, explica.

Para volverse maestro en una habilidad, ya sea la guitarra clásica o la división de fraccionarios, se debe evitar pasar largas sesiones de estudio y alternarlo con otras actividades. La razón es que de esta manera el cerebro toma los patrones más eficientemente que cuando se le presiona a concentrarse en un solo tema. El cerebro, dice Carey, “quiere variedad; quiere tomarse descansos periódicos”.

El tema de la distracción es crucial porque hoy los estudiantes fácilmente se entretienen con los nuevos medios digitales. Carey dice que si bien es cierto que para escuchar una conferencia o para leer un libro se necesita enfocarse, en otros casos, como resolver una ecuación matemática o tener un golpe de creatividad, es mejor dejar al cerebro deambular.

En conclusión no hay una manera buena o mala de aprender sino diferentes estrategias y cada una funciona de manera única para asimilar determinada información.

Cinco en todo

Estos son algunos consejos para saber más:

Autoexamínese: evite dejar el estudio para lo último, pues aunque esta estrategia funciona en el corto plazo, más tarde la información se perderá. Cuando se hace así la persona no le advierte al cerebro que esa información es importante. Para lograrlo se requiere revisar la información unos días después. La mejor manera de lograr es hablar al respecto, hacer el papel del profesor basado en lo aprendido o someterse a una autoevaluación.

Distribuya el aprendizaje: es mejor dedicarse a un tema por intervalos. Si tiene un examen en una semana planee dos periodos de estudio con dos días de diferencia entre cada uno.

Duerma bien: el sueño termina de consolidar el aprendizaje. “Dormir es parte de aprender”, dice Carey. Teniendo en cuenta que la primera fase del sueño sirve para retener datos y  la segunda para las habilidades matemáticas, si tiene examen de inglés duérmase temprano y repase en la mañana. Si tiene prueba de matemáticas revise lo aprendido antes de dormir para que el cerebro procese la información.

Distráigase: cuando tenga que resolver un dilema, la distracción es su mejor aliada. Si se siente agotado también es hora de parar.
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