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| 2/24/2007 12:00:00 AM

Para salvar el planeta

Científicos hablan de la necesidad de un plan para prevenir que un asteroide gigante golpee la Tierra. Aunque parecen remotas, las posibilidades existen.

Año 2036. El asteroide 2004 MN4 conocido como Apophis, nombre griego del antiguo dios egipcio Apep, enemigo del sol y la luz, está rumbo a impactar la Tierra. Los expertos habían descartado desde hace años el riesgo de una colisión y dijeron que las probabilidades de que Apophis penetrara en la atmósfera en el futuro eran de una en 45.000. Sin embargo, en 2029, cuando pasó a tan solo 32.000 kilómetros (muy cerca si se tiene en cuenta que la Luna está a 384.400 kilómetros), la fuerza gravitacional de la Tierra lo atrajo y le cambió el curso, por lo cual el nuevo acercamiento de 2036 se convirtió en una potencial catástrofe.

Los gobiernos preparan planes de última hora para desviar o destruir esta amenaza de unos 300 metros de diámetro, pero el choque es inminente. Se esperan efectos devastadores, como tsunamis y una gigantesca nube de polvo que obstruirá la entrada de luz solar por mucho tiempo. Habrá una liberación de energía de unos 850 megatones, que equivale a varias decenas de miles de bombas como la de Hiroshima golpeando simultáneamente.

Lo anterior parece la historia de una película de ciencia ficción. Pero es una posibilidad remota y sin embargo, tan real que en el último encuentro de la Asociación Estadounidense para el Desarrollo de la Ciencia, realizado en San Francisco del 15 al 19 de febrero, fue uno de los temas más discutidos. Astronautas de la Asociación de Exploradores Espaciales (AEE), adelantaron que actualmente trabajan en un plan de acción para que los humanos estén preparados en caso de amenaza. Se espera que para 2009 el proyecto esté terminado y que sea presentado a la ONU, organismo que debería encargarse de adoptar un tratado para proteger al planeta.

¿Peligro real?

Los Asteroides Cercanos a la Tierra (Neas, por su sigla en inglés) provienen de una región conocida como el Cinturón de Asteroides, que está ubicada entre las órbitas de Marte y Júpiter. "La fuerza de gravedad planetaria los empujan y muchos llegan a moverse sobre órbitas que pueden llevarlos a acercarse o incluso a golpear planetas", dijo a SEMANA Michael Nolan, jefe del radar astronómico del observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, encargado de monitorear a Apophis .

Precisamente sobre Apophis están puestos todos los ojos, ya que cuando fue descubierto, en 2004, se le dio una aterradora posibilidad de uno en 38 de colisionar con la Tierra. Aunque nuevas investigaciones llevaron a que en 2006 su nivel de peligrosidad disminuyera a una en más de 40.000, el tema sigue siendo mirado con seriedad. "Ya que no podemos medir a la perfección dónde está ni cómo se está moviendo, seguimos teniendo en cuenta una posibilidad de choque. Debemos seguir monitoreando y así probablemente comprobemos que no va a impactar. Si en 15 años no logramos probar eso, será el momento de preocuparse", dice Nolan.

Este no es el único cuerpo celeste que puede llegar a la Tierra. Todos los días muchas rocas pequeñas, llamadas meteoros, golpean la superficie terrestre. Pero también hay algunas de gran tamaño que podrían hacerlo eventualmente. Hasta este momento se han encontrado 843 cuerpos que podrían pasar cerca, y la Nasa rastrea 127 asteroides con posibilidades de colisionar.

La preocupación ha aumentado a medida que se encuentran nuevos planetoides cercanos, al punto de que, por ejemplo, el Congreso de Estados Unidos declaró que la Nasa debe iniciar una búsqueda y catalogación más agresiva de asteroides. Se calcula que hay unos 20.000 sin descubrir que revisten algún peligro.

La experiencia del pasado ratifica que un asteroide puede causar enormes cataclismos (ver recuadro) y es por esto que ya se está trabajando. "Un asteroide de más de un kilómetro de diámetro produciría el daño equivalente al ocasionado por una bala de cañón de ese tamaño", le dijo a SEMANA Alberto Quijano Vodniza, fundador y director del Observatorio Astronómico de la Universidad de Nariño.

"La posibilidad de colisión no es nula, pero todavía no hay evidencia científica de que un asteroide ya viene directo a la Tierra. Las precauciones que se tomen al respecto no sobran", remata Quijano.

Planes contra asteroides

Durante años se ha teorizado sobre la mejor manera de hacerle frente a un asteroide gigante que tenga un curso de colisión con la Tierra, pero todavía hace falta mucha investigación al respecto. Además, se deben considerar las características particulares de cada uno a la hora de idear un plan, ya que mientras algunos son rocas compactas, otros se asemejan más a grupos de escombros.

De esta manera, lo que en las producciones de Hollywood puede parecer una gran idea, en la vida real puede causar un daño aun peor. Por ejemplo, tratar de destruir una de estas grandes rocas con un misil atómico puede provocar que éste se disemine en miles de pequeños meteoros incontrolables que se esparcirían y golpearían en más lugares. En opinión de Nolan, en general resultaría mejor desviar el objeto que desintegrarlo.

En cuanto a Apophis, se estudian varias posibilidades. Los astronautas reunidos en San Francisco hablaron de la posibilidad de usar una especie de remolque espacial. Edward Lu, astronauta veterano de la Estación Espacial Internacional, explicó que se trata de un tractor que se colocaría cerca del asteroide y lograría arrastrarlo en pocos días usando la gravedad. Por su parte, la Nasa estudia la posibilidad de enviar en 2013 (año en que el asteroide estará cerca de la Tierra) una misión para instalar un monitor que vigile los movimientos del planetoide y las variaciones en su órbita.

En otro de los planes se lee que si en 2019 continúan las probabilidades de colisión, la Nasa empezaría a hacer pruebas sobre el asteroide o alrededor de su órbita. Entre 2024 y 2028 tratarían de desviarlo usando la tecnología desarrollada para la sonda Deep impact que en 2005 impactó el cometa Tempel I para realizar pruebas científicas. Sin embargo, esta vez el 'impactador' tendría que ser mucho más grande e ir a mayor velocidad, ya que no se trata solamente de producir un cráter, como en aquella ocasión, sino de provocar un cambio de órbita.

Por ahora, todo está en el terreno de las especulaciones pero gran parte de la comunidad científica no está dispuesta a esperar demasiado. Como dijo Russel Schweickart, quien fue astronauta del Apollo 9, "se debe actuar cuando parece que las cosas van a suceder, ya que si se espera hasta tener la certeza de que ocurrirán, será tarde".
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