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| 2/25/2012 12:00:00 AM

Partir cobijas

Más de la mitad de las personas reportan problemas de sueño por dormir con sus parejas. Para algunos expertos solo hay una solución: tener cuartos separados.

En sondeos y estudios, la mayoría de las parejas declaran que prefieren dormir juntas que separadas. Pero según el experto Marco Venegas, la verdad es otra: “la gente duerme mejor sola que acompañada”. Y sus palabras son respaldadas por evidencia científica. Un estudio hecho por la National Sleep Foundation encontró que la mayoría de los adultos que cohabita pierde tiempo precioso de sueño por asuntos sutiles como las peleas por las cobijas o porque tienen termostatos diferentes. El mismo trabajo reveló que, ante estos problemas, 23 por ciento de esas parejas han tomado la decisión de partir cobijas y dormir en camas –y hasta en cuartos– separados, un aumento considerable si se tiene en cuenta que una década atrás esa cifra era de apenas 12 por ciento.

Según el experto Miguel Dávila, el problema de acople más difícil de la pareja sucede cuando tienen cronotipos diferentes. “El uno se frustra porque se duerme solo y el otro cuando le hacen bulla en la mañana”, dice. Pero en el listado también está robarse las cobijas y dejar al otro desarropado; voltearse de un lado a otro y con cada movimiento sacar a la pareja de su sueño más profundo; actuar los sueños y dar brazadas y patadas a diestra y siniestra; levantarse al baño varias veces en la noche, o ver televisión hasta tarde. “Muchos pueden terminar separados si no hablan del asunto y negocian”, dice Dávila. Philip Gehrman, médico de la Universidad de Pensilvania, señala que es posible que todo termine en divorcio, pero lo más común es que esta situación “lleve a una frustración permanente con la pareja”.

Lo grave es que nadie se refiere a esto ni consulta por miedo a ser criticado. “Piensan que lo que sucede en la noche es inherente a la relación de pareja o que aguantarse este tipo de cosas es una demostración de amor”, dice Venegas, quien agrega que estos incidentes no pasan de ser chistes y anécdotas que se cuentan en las reuniones. “Cuando finalmente consultan porque el marido ronca se sienten culpables, y el esposo acusado se siente traicionado”, dice el especialista.

La mayoría resuelve los problemas en silencio o con soluciones caseras como irse a dormir al sofá o al cuarto de huéspedes. Pero para algunos estos son pañitos de agua tibia y lo que se necesita son soluciones más drásticas como dormir en camas separadas.

Uno de los primeros en plantear el tema fue Neil Stanley, un experto inglés que hace dos años presentó un estudio con el cual concluyó que las parejas sufren de 50 por ciento más problemas de sueño si comparten el mismo lecho. Gracias a este trabajo se estableció que en promedio los adultos se despiertan seis veces en la noche por culpa del otro y que casi la mitad no es capaz de volver a conciliar el sueño.

Para Stanley, dormir en una misma alcoba es una invención relativamente reciente, pues antes de la revolución industrial las parejas solo estaban juntas para tener relaciones sexuales y cada cual dormía en su propio cuarto. Pero con la industrialización, que trajo consigo la migración del campo a la ciudad, el espacio de las viviendas se redujo y a muchos no les quedó más remedio que compartir cobijas.

Con Stanley coincide Stephanie Coontz, autora del libro Marriage, a history, en el que señala que durante el siglo XIX las mujeres dormían solas para perpetuar la idea de pureza. Más de un siglo después, en 1960, con la revolución sexual, la cama doble cobró importancia a un costo muy alto. Y todos, con contadas excepciones, están pagando el precio con horas de sueño. La reina Isabel de Inglaterra tiene un cuarto separado del de su esposo, el príncipe Felipe, y todo indica que los ricos del Reino Unido siguen ese ejemplo.

Pese a que esta decisión haya funcionado para muchos, las parejas se resisten a dejar el lecho marital por miedo a que la relación se deteriore. De hecho, algunos expertos no están muy seguros de que el beneficio sea mutuo. Ben Fletcher, autor del libro Flex, dijo al Daily Mail que “es importante que marido y mujer estén juntos al final del día, no solo por el sexo, sino para tener un rato de intimidad para hablar. Al dormir cada uno en su cuarto, se pierde algo de la relación, un nivel de cercanía”, dice.

En efecto, la solución de tener cuartos separados es difícil de vender, pues todavía se cree que las parejas que lo hacen tienen problemas maritales. Al fin y al cabo está muy arraigado en la cultura que un buen matrimonio duerme en la misma cama. Así, no todos ven con buenos ojos esta propuesta porque piensan que se debe a falta de compromiso por parte de quien lo solicita. “A veces lo que se necesita es tener una discusión abierta sobre dar o no este paso”, dice Gehrman, quien también ha visto que esta medida extrema se puede evitar si se habla de la incompatiblidad y se piensa conjuntamente en las soluciones intermedias.

Para Nelly Rojas, experta en relaciones de pareja, el lecho marital no debería tener la importancia que las parejas le dan. En su consulta ha visto muchas personas que se quieren y tienen cuartos separados, así como parejas muy desavenidas que pasan la noche en la misma cama. “Dormir juntos no es indicador de nada”, dice. Explica que todo depende de la actitud. Decidir que lo mejor es que cada uno tenga su cuarto, pero seguir cuidando la relación, puede ser ideal para ambos.

Un estudio hecho por Wendy Troxel, de la Universidad de Pittsburgh, encontró que las parejas que tienen problemas de sueño suelen pelear en el día, pues culpan al otro por haber pasado mala noche. Basados en esto, algunos especialistas creen que dormir solos no solo mejora el sueño sino la vida emocional y sexual de la pareja. Stanley sostiene que la pareja, al dormir en camas separadas, vuelve a sentirse como en el noviazgo.

Con él coincide Dávila, quien recomienda a sus pacientes desde camas hasta casas separadas. Aunque existen muchas soluciones intermedias (ver recuadros), si tienen una vivienda lo suficientemente grande para que cada uno tenga su espacio, dice el experto, que lo hagan. “Hay personas que realmente tienen que dormir solas”. Lo positivo de esta decisión es que tendrán menos roces por la convivencia. Y el manejo es fácil, según Dávila: “lo único que tienen que hacer es citarse para el amor, y luego, cada cual se va para su cuarto a dormir plácidamente en brazos de Morfeo”.
 
El ‘arrunchis’

El problema: Cuando a uno de los dos le gusta dormir abrazado pero al otro no. El solitario se despierta constantemente en su esfuerzo por escapar de los brazos de su pareja. El cónyuge cariñoso se siente despreciado.

La solución: Hablen del problema, dense un tiempo para abrazarse y luego emprender la retirada.
 
El pateador

El problema: Algunos patean de noche porque sufren el síndrome de la pierna inquieta. Otros actúan sus sueños, estiran los brazos y piernas, y se mueven mucho, lo cual despierta al otro.

La solución: Ponga una barrera de almohadas en las piernas o compre una cama grande. Considere camas separadas.
 
El teleadicto

El problema: Ver televisión hasta tarde o llevar a la cama el computador, o la tableta digital, generan un ruido y una luz incómoda que perturba el sueño de la pareja, sobre todo de las que prefieren dormir en silencio y oscuridad.

La solución: Utilicen la cama solo para dormir y para los placeres del sexo.
 
El hablador

El problema: Escuchar hablar a la pareja en medio de la noche puede llegar a ser una pesadilla. Esto no es un síntoma grave, solo una incomodidad para el que escucha.

La solución: Use tapaoídos y evite involucrarse en la conversación de quien habla mientras sueña o poner atención a lo que dice.
 
El búho y la gallina

El problema: Cuando el reloj interno los hace ser madrugadores o, por el contrario, dormilones, lo cual crea conflictos por los ruidos respectivos que cada cual hace por esa diferencia de horario.

La solución: Duerman a diferentes horas. El secreto aquí es respetar el sueño del otro y no despertar a quien está dormido.
 
El ‘robacobijas’

El problema: Hay personas que tienen la habilidad de envolverse entre las sábanas sin pensar en la suerte que correrá su media naranja. También es común que tengan termostatos diferentes, lo que lleva a que una persona se desarrope cuando siente calor y que la otra quede tiritando de frío.

La solución: Sábanas y cobijas para cada cual.
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