Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2002/02/26 00:00

Parto en casa

Vuelve una tendencia del pasado: tener el hijo en casa con la ayuda de una partera. Ventajas y riesgos de esta nueva moda.

Parto en casa

Hace varias decadas lo más natural era que las mujeres dieran a luz en sus casas al lado de su esposo e hijos en un ambiente familiar y con la asistencia de un médico o una comadrona. Esa costumbre fue perdiéndose en la medida en que aparecieron la anestesia y otros avances técnicos que les brindaban nuevas alternativas de alivio a las mujeres y evitaban riesgos a sus bebés. Lo curioso es que aunque hoy la gran mayoría de infantes nacen en un hospital está creciendo una tendencia entre mujeres que quieren volver a tener los hijos como en los viejos tiempos: en la comodidad de su propia casa.

Mujeres en Europa están encontrando en esta opción una alternativa para tener partos con menos estrés y por lo tanto más rápidos y menos dolorosos, aun sin anestesia. En Gran Bretaña y Alemania, donde el 30 por ciento de los partos se llevan a cabo en casa y con la ayuda de parteras, los ginecobstetras atienden a la mujer durante todo el embarazo y si no presenta riesgos dan la autorización para que el parto pueda realizarse en la casa. En estos países las enfermeras especializadas asisten el trabajo con la ayuda de un monitor fetal y si se presentan complicaciones remiten a la paciente a un centro especializado. Lo mismo sucede en Estados Unidos, donde además las futuras madres prefieren estar atendidas por parteras y no por médicos especialistas. Eso sí, no se trata de las comadronas del tiempo de las abuelas que basaban sus conocimientos en la experiencia, sino de personal paramédico —muchas veces enfermeras— que han estudiado una carrera para atender exclusivamente la llegada al mundo de los pequeños.

En Colombia, sin embargo, la opción está limitada a un porcentaje pequeño de la población debido a que no existe la profesión de partera como tal y aún las mujeres sienten gran desconfianza de dejar en manos de una persona no profesional el nacimiento de su hijo, excepto en la zona rural, donde la mayoría prefieren los partos en casa asistidos por comadronas.

Pero esta visión comienza a cambiar. Las mujeres que han tenido la oportunidad de vivir la experiencia de dar a luz en casa han reportado que es una experiencia más grata pues sienten mayor tranquilidad en el hogar y mucho más apoyo emocional que en los centros hospitalarios. Ese fue el caso de Karen López, una bogotana que tuvo a su primera hija en su casa. Cuando comenzaron las contracciones ella y su esposo se prepararon para el proceso, que en este caso no es hacer una maleta y correr para la clínica sino colocar ciertos elementos: escaleras de madera para sujetarse y soportar el dolor, así como cuerdas, además de sillas y cojines para la comodidad de la madre. La mujer decide con quiénes quiere estar en el momento de dar a luz. “A muchas les gusta que las miren parir e invitan a una amiga muy cercana, una hermana. Otras prefieren estar solas con su esposo”, dice Gloria de Luque, una médica que atiende partos en casa. El trabajo de esta experta consiste en darle apoyo físico y emocional durante todo el proceso, asistencia que puede oscilar entre dos y ocho horas, dependiendo del caso. No sólo hay monitoreo del ritmo cardíaco y la respiración sino también masajes en la espalda para facilitar el movimiento del bebé hacia el canal vaginal. Cuando la cabeza del bebé comienza a asomar las madres pueden tocarlo. Pero básicamente se busca respetar a la madre, permitiéndole hacer lo que desea: caminar, gritar, hablar o llorar. “Este tipo de consideraciones no es tenido en cuenta en los hospitales”, dice Constanza Echeverry, una partera especializada de Ciudad de México. Al final, cuando el bebé es expulsado, la madre lo abraza en su pecho durante un buen rato, momento que es trascendental para el vínculo afectivo que se establece entre madre e hijo.

El resultado de dar a luz en un ambiente familiar y de tener una atención más personalizada y permanente le brinda mucha tranquilidad a la madre. Esa sensación de bienestar reduce la tensión y le ayuda a dilatar más rápido y a tener un parto menos doloroso. “En las clínicas hay más estrés debido a que es un lugar extraño y a que allí debe estar sometida a reglas y normas de terceros”, dice la experta.

Un parto puede ser desgastante y largo. Lo ideal es que el médico acompañe a la mujer en el proceso. Pero en la realidad esto no sucede debido a que un médico especializado no puede detenerse durante ocho horas para atender un solo parto por los costos que esto le generaría al sistema de salud. Por eso suele aparecer hacia el final cuando llega el momento de dar a luz. “Es duro decirlo pero lo que les importa es un útero expulsando un bebé y no todo el proceso emocional y físico que antecede este momento”, dice la doctora Gloria de Luque. Muchas de estas mujeres pasan solitarias este trance y ocasionalmente son visitadas por personal paramédico y enfermeras, quienes monitorean al bebé y a la madre hasta que ambos estén listo para el momento del alumbramiento.

El médico ginecólogo Juan Carlos Mendoza está de acuerdo con que este tipo de atención le aporta muchas ventajas tanto a la madre como al niño. Pero ve preocupado una posible complicación. Según las estadísticas el 90 por ciento de los partos son normales. Sin embargo uno de cada tres termina en cesárea debido a diferentes razones. “El punto crítico es saber cuál es el momento preciso para llevar a esa madre a la clínica para que un profesional altamente calificado atienda esa complicación, dice Mendoza. ¿Quién toma la decisión y de quién es la responsabilidad? A eso es a lo que se teme”, afirma.

El ginecobstetra Manuel Antonio Plata sólo apoya la idea de las parteras en zonas rurales, donde sí aportan una verdadera ayuda. “En casas de ciudad no está bien visto porque es inseguro, riesgoso y no hay garantías para atender las complicaciones”, dice.

Gloria de Luque afirma que algunas de las complicaciones —desproporción entre el bebé y el canal de parto o cuando la mujer no dilata— son previsibles desde muy temprano en el embarazo. Las complicaciones propias del parto, como la posición inadecuada de la cabeza del bebé o cuando el cordón sale antes que él, dan tiempo para recurrir a un centro hospitalario para que ambos reciban atención especializada. “Esto no es para todo el mundo, aclara Gloria. Las mujeres que veo que pueden tener un parto exitoso en casa son aquellas que tienen embarazos normales y cuentan con un soporte de la familia”.

Ante el riesgo de una complicación en ciertas partes del mundo se ha optado por una opción intermedia: alumbramientos manejados por parteras pero en hospitales o en centros especializados. Al menos esa es la tendencia en Estados Unidos. Esto tiene una ventaja adicional, y es que descongestiona las salas de los hospitales y se reducen los costos de atención en salud. “Lo ideal es que los centros para tener hijos estén ubicados cerca de los hospitales para evitar los complicaciones”, afirma Wenda Trevathan, antropóloga de la Universidad de Nuevo México y partera. Pero para ella, más que pensar en las bondades de dar a luz en un centro especializado o con una partera, lo importante es que la sociedad le ofrezca opciones seguras, confiables a la mujer y sea ella quien diga la última palabra.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.