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| 9/7/2013 2:00:00 AM

Pasión por el deporte

Recientes estudios revelan las razones por las cuales los fanáticos de un equipo disfrutan las victorias y sufren las derrotas como propias.

Miles de fanáticos dejaron a un lado sus obligaciones el viernes para ver a la Selección Colombia. Muchos de ellos vibraron y sufrieron durante el partido que era decisivo para la clasificación al Mundial de Fútbol Brasil 2014. En esos momentos todos se levantan y gritan y hasta los más tímidos se abrazan con extraños. Esta afición mueve a la gente sin importar su raza, género o nacionalidad. Para algunos, incluso, es algo por lo que se harían matar. 

Intrigado por el tema, Eric Simons, periodista y profesor de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, investigó las razones por las cuales el deporte genera tal obsesión en los aficionados. Los resultados están consignados en su libro The Secret Lives of Sports Fans: The Science of Sports Obsession, donde revela que algunos heredan esa afición de su familia mientras que otros se sienten identificados con un equipo por la ciudad, el país o los colores que representa. Otro tanto solo quiere vivir esa experiencia social, así no entienda el juego. 

A nivel interno, cuando una persona ve jugar a su equipo genera una respuesta hormonal inconsciente. En el cerebro se activan las neuronas espejo, células nerviosas que se encienden cuando una persona realiza u observa una acción. “Si patea el balón o ve a un jugador hacerlo, siente lo mismo. Gracias a estas neuronas la gente se apropia del dolor de otros con solo ver sus expresiones corporales”, explicó Simons a SEMANA. 

Un partido de fútbol produce un aumento de testosterona en los fanáticos. Lo curioso es que estos niveles cambian en función del resultado. Un estudiante de la Universidad Estatal de Georgia, Estados Unidos, tomó muestras de saliva de los simpatizantes de Brasil e Italia, selecciones que disputaron la final del Mundial de Fútbol de 1994, y encontró que el nivel de testosterona era igual en ambos bandos al principio del partido, pero al final aumentó en los vencedores. Otros estudios han arrojado resultados similares. 

Las investigaciones muestran que los triunfos deportivos fortalecen la autoestima de los hinchas y los vuelve más optimistas. Pero las derrotas no minan el amor de un fanático por su equipo. Esto se debe a que los niveles de dopamina, la hormona relacionada con el placer, se disparan cuando alguien se ve intimidado o derrotado. “Tal vez por eso los hinchas son tan masoquistas. De todas formas el impulso químico que reciben es positivo, ganen o pierdan”, dice Simons. 

El incremento del cortisol y la oxitocina, hormona del amor y la confianza, explicaría por qué el amor a un equipo es igual de fuerte al romántico. Al igual que un enamorado se fusiona con su pareja, el fanático se apasiona por su equipo. “Por eso siente las victorias o derrotas como propias”. De hecho, los estudios muestran que en los estadios como en la cama se encienden las zonas del cerebro de la excitación sexual.

Pese a que el aumento de dopamina se asocia con el consumo de drogas, Simons afirma que la afición al deporte no puede ser catalogada como una adicción. “Puede haber algunos casos en que las personas sean tan apasionadas que sus vidas pueden destruirse, pero a la mayoría no le sucede”. Sin embargo puede generar actitudes violentas en los fanáticos. 

En el país muere al menos una persona cada mes a causa de un hecho de violencia entre barras de equipos de fútbol, y en lo que va corrido de 2013 se han registrado ocho muertes en enfrentamientos entre barras bravas. Factores como la educación y la cultura inciden en ese tipo de conductas, así como el consumo de alcohol. 

“Incluso las rivalidades geopolíticas pueden servir de excusa para que el deporte se use como forma de violencia”, señala el autor. La clave para solucionar estos hechos es mejorar las medidas de seguridad en los estadios y hacer campañas educativas para enseñarles a los hinchas a vivir el deporte en paz. 
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