Sábado, 1 de noviembre de 2014

| 1992/04/06 00:00

Paternidad subrogada

Un jurado acaba de condenar a un especialista en fertilidad, que utilizaba su propio semen para inseminar a sus pacientes.

Paternidad subrogada

COMO EN LA HISTORIA DE KUNDERA, muchos niños de Alexandria, un pequeño poblado norteamericano, tienen un "asombroso" parecido con el ginecólogo de sus madres y, al parecer, son medio hermanos de la mayoría de sus compañeros de colegio. Pero este no es un cuento sino una realidad que tiene conmocionados a los habitantes de Virginia. El caso salió a la luz la semana pasada, durante el juicio seguido al médico Cecil B. Jacobson, director de una clínica de fertilidad, acusado de utilizar su propio semen para inseminar a sus pacientes. Jacobson podría ser el padre de por lo menos 75 niños concebidos a través de inseminación artificial.
El miércoles anterior un jurado, compuesto por ocho mujeres y cuatro hombres, lo declaró culpable de 52 cargos de fraude y perjurio. Aunque solamente 15 de los cargos presentados en su contra se refieren a su participación como donante, la utilización del propio semen por parte de un especialista en fertilidad ha escandalizado a la opinión pública y preocupado a los tribunales de ética médica.
El prolífico especialista admitió ante la Corte que durante 20 años utilizó su propio semen para fertilizar los óvulos de sus pacientes. Esta misión reproductiva comenzó en los años 70, cuando era profesor asistente de la clínica de fertilidad del Centro Médico de la Universidad George Washington. Según confesó, la primera vez lo hizo porque el donante -un estudiante de la facultad de medicina- no llegó a tiempo y la paciente ya estaba lista para la inseminación. Posteriormente, cuando inició su práctica privada, siguió prestando secretamente sus servicios "porque en Virginia es muy difícil conseguir donantes de semen". Aunque el médico señaló que lo hizo en "circunstancias aisladas", se estima que en su clínica trató a un centenar de mujeres con problemas de infertilidad. Jacobson dijo a la Corte que nunca confesó a sus pacientes que estaba utilizando su propio semen, porque le habían advertido que el nombre del donante fuera mantenido en secreto "Nunca consideré que esto fuera ni ética ni médicamente incorrecto", dijo luego de conocer el veredicto.
Aunque la mayoría de las madres damnificadas prefirieron no presentar cargos para evitar poner en evidencia la paternidad de sus hijos, varias mujeres testificaron durante el juicio utilizando seudónimos. Algunas afirmaron que pensaban que estaban siendo inseminadas con el semen de donantes anónimos que habían sido cuidadosamente seleccionados. Otras creyeron que recibían el semen de sus propios esposos que, por presentar bajo conteo de espermatozoides, estaba siendo tratado en el laboratorio del médico. Una mujer, madre de gemelos, señaló ante la Corte que a fines del año pasado ella y su esposo se enteraron de las acusaciones contra Jacobson y entonces supieron la terrible noticia de que el médico era el padre biológico de sus hijos.
Su marido dijo a su abogado que sentía tanta ira como si su esposa "hubiera sido violada". Según el testimonio de otra paciente, Jacobson le dijo al iniciar su tratamiento: "Dios no le da su bebé, yo se lo doy", pero ella comprendió muy tarde el significado de sus palabras. Durante el juicio, algunos antiguos empleados del médico aseguraron que nunca vieron en la clínica un banco de esperma y que creían que el médico era el único donante.
Calificado por el fiscal como "ególatra" y "charlatán", el doctor Cecil Jacobson era hace unos años un prestigioso especialista en fertilidad, autor de numerosas publicaciones científicas y con el crédito de haber ayudado a desarrollar métodos de diagnóstico para detectar defectos de nacimiento. Sin embargo, hace cuatro años, una estación local de televisión reveló que practicaba cuestionables y fraudulentos tratamientos de fertilidad. El medico utilizaba el correo y el teléfono para ofrecer sus servicios en inseminación artificial. A raíz de ese escándalo, las autoridades médicas de Virginia le exigieron dejar la práctica médica y pagar indemnizaciones por un monto de 250 mil dólares a sus pacientes. Desde 1989, cuando tuvo que cerrar su clínica, se radicó en Utha donde se dedicó a la investigación genética. Pero un grupo de abogados en Alexandria decidió continuar por su cuenta las pesquisas sobre Jacobson y hace unas semanas presentaron los cargos ante la Corte de Virginia. "Pasé mi vida tratando de ayudar a las mujeres a tener hijos. Si hubiera tenido idea de que se armaría todo este alboroto porque un médico sea también donante de semen, no hubiera expuesto a mi familia a este escándalo", afirmó Jacobson poco después de conocer el veredicto. La sentencia se dictará el 8 de mayo.
Jacobson dijo que consideró apropiado utilizar su propio semen porque no sufre ninguna enfermedad y sus propios hijos -siete- no tienen ningún defecto genético. Esto no convenció a los expertos llamados a declarar, quienes señalaron que los bancos de semen limitan el número de veces que un donante es utilizado, para evitar problemas de consanguinidad entre personas concebidas por inseminación artificial. Esto no parece impresionar a su esposa Joyce, de 52 años, quien afirmó a la prensa que las mujeres que consiguieron un embarazo con la ayuda de su marido, "simplemente deberían dar gracias y disfrutar de sus hijos sin preocuparse por los asuntos genéticos". Curiosamente, también algunas antiguas pacientes del médico se mostraron furiosas con el gobierno por inmiscuirse en un "asunto privado". "Más que nada queríamos que se mantuviera el anonimato del donante y ahora ese compromiso ha sido violado", dijo una mujer, cuyo hijo fue concebido con el esperma de Jacobson.
Lo cierto es que a la larga lista de pleitos de maternidad subrogada presentados en los últimos años ante los tribunales por culpa de las modernas técnicas de fertilización, se agrega ahora el lado masculino del asunto. -

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