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| 10/8/2001 12:00:00 AM

Peligro bajo el sol

Hay una epidemia de cáncer de piel en el mundo y el culpable es el sol. Cómo protegerse de sus dañinos rayos.

Tomar el sol siempre ha sido relacionado con cosas positivas: buena salud, energía, calor, vitamina D, descanso y ejercicio. Pero de un tiempo para acá de ser un personaje bueno el sol se ha convertido en un verdadero villano. La principal causa para este drástico cambio de imagen es el aumento del cáncer de piel. Según The Skin Cancer Foundation, de Nueva York, este tipo es el más común en el mundo y en algunos países, como Estados Unidos y Australia, ha aumentado como si fuera una epidemia. Lo peor es que muchas víctimas son jóvenes entre 25 y 29 años. Se cree que este mal afecta a un millón de personas en Estados Unidos cada año y el melanoma, el tipo de cáncer de piel menos común pero más mortal, ataca hoy tres veces más que hace tres décadas. Aunque en estos países el factor de la raza pesa enormemente, Colombia no escapa a este fenómeno. En 1999, en el Instituto Nacional de Cancerología, el de piel fue el segundo cáncer más frecuente después del de cérvix. Según Alvaro Acosta, dermatólogo oncólogo de este instituto, a pesar de que no se puede demostrar con estadísticas —pues el país no cuenta con un sistema de recolección de datos sobre cáncer— sí hay una percepción entre la comunidad médica de que ha habido un aumento considerable de tumores en la piel. “El problema es grave, aunque no tanto como en Estados Unidos por la raza, pues no somos tan blancos. Pero aún así hay muchos habitantes en Colombia que son muy blancos y que están en riesgo”, dice.

Y aunque es cierto que este tipo de enfermedad afecta más a los de piel blanca y ojos y cabello claros, los expertos afirman que todo aquel que recibe una cantidad significativa de sol, sin importar su raza, también está en peligro.

El astro rey ha sido declarado culpable de por lo menos 90 por ciento de los casos de cáncer de piel, como el basocelular y el escamocelular, que se presenta en las zonas más descubiertas del cuerpo como la cara, los brazos, el cuello y las manos (ver recuadro). Implicar al sol con la aparición del melanoma —el más agresivo por su habilidad para hacer metástasis en otras partes del cuerpo— ha sido un poco más difícil pues aparece frecuentemente en zonas que no son tan expuestas al sol como, por ejemplo, en el tronco (Estados Unidos) o en las plantas del pie (Colombia). No obstante los científicos han encontrado que buena parte de las víctimas de melanoma son personas que abusaron del sol para obtener una piel más bronceada. De modo que el sol también tendría una incidencia en este tipo de cáncer aunque no sea tan directa.

El daño que causa en el cuerpo se debe a la radiación ultravioleta B. Pero esto no sucede de la noche a la mañana. La acción del sol es acumulativa y por eso requiere largas dosis en forma deliberada y repetitiva para que cause estragos dentro de las células. Aunque la quemada o el bronceado desaparece a largo plazo los rayos ultravioleta B del sol van estropeando el núcleo de las células basales y escamosas de la epidermis, en las que se encuentran los genes. Al modificarse su contenido genético muchas de estas células comienzan a reproducirse en forma irregular y a perder su función. Es un proceso lento pero poco a poco estas células comienzan a despertarse y a volverse inmortales. “Entonces ya no hacen piel sino una masa deforme que crece y crece sin control. Ese es el cáncer”, explica Acosta.

La destrucción de la capa de ozono se cuenta como otro de los factores que han contribuido a aumentar la incidencia de la enfermedad en las últimas décadas. Hay evidencia científica suficiente para demostrar que a medida que los niveles de ozono empezaron a caer aumentó la incidencia de todos los tipos de cáncer de piel. Pero como atacar este problema es más difícil que cambiar el comportamiento de la gente los expertos han optado por educarla en torno al tema. No obstante el principal obstáculo es la cultura del bronceo, la cual está muy arraigada entre los más jóvenes. Además hay ignorancia frente a cómo escapar a los rayos ultravioleta. “Muchos creen que echarse protector solar es suficiente para poder permanecer al rayo del sol todo el día”, afirma Acosta.

Pero lo más difícil es hacer ver que la protección no es sólo para cuando se va a la playa o a la piscina sino a toda hora, mientras se camina, se espera el bus o se arreglan las matas del jardín. En un video preventivo que está preparando la Liga contra el Cáncer se invita a la gente, especialmente a campesinos y a niños, que son quienes más tiempo pasan a pleno sol, a acoger las medidas preventivas básicas. “Como sabemos que es difícil para un campesino comprar un protector solar proponemos el uso de sombrero y de un atuendo más apropiado que lo proteja mientras trabaja”, afirma Pilar Fernández, sicóloga de la Liga.

También es importante saber detectar tempranamente el cáncer. Si es atacado a tiempo hay una buena probabilidad de que no ofrezca mayor peligro. Por eso se debe explorar la piel exhaustivamente con la ayuda de un espejo si es necesario para descartar la espalda, la planta de los pies y otros lugares en donde podría haber un crecimiento anormal sin que la persona lo note. “Cualquier lesión que despierte sospecha, aunque no duela y que crezca rápido, debe ser motivo de consulta”, advierte Martha Bibiana Rangel, especialista del centro dermatológico Federico Lleras Acosta. También se deben atender cambios de color, textura y forma de lunares que ya existían. El tratamiento contra el cáncer consiste en remover la lesión mediante procedimiento quirúrgico.

El sol ha mostrado sus dos caras: es fuente de vida y al mismo tiempo es una amenaza para los humanos. Pero la tierra no es una prisión y la idea no es permanecer encerrados en casa, dejar de hacer ejercicio ni privarse de placeres como la playa. Lo único que hay que hacer es tener conciencia del riesgo, tomar medidas y cubrirse bien para mantener alejada esa amenaza del alcance de la piel.
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