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| 3/1/2014 1:00:00 AM

Píldora para la tusa

Según nuevas investigaciones la pena de amor podría curarse con medicamentos. Los expertos cuentan cómo sería el tratamiento.

“Es tan corto el amor y tan largo el olvido...”, escribió el poeta Pablo Neruda. Todos los que han sufrido una pena de amor se han sentido identificados con esta frase porque conocen en carne propia lo que cuesta superarla. Por eso, en los últimos años algunos científicos se han dado a la tarea de buscar un medicamento que acabe con el dolor del despecho.

Por más disparatada que parezca esta idea, esto es posible debido a que el amor actúa en el cerebro como una droga. Es un complejo fenómeno neurobiológico que resulta de una serie de reacciones químicas, pues “involucra a la oxitocina, la vasopresina y la dopamina, hormonas que estimulan las áreas relacionadas con el placer y la recompensa”, dijo a SEMANA Larry Young, neurobiólogo y autor del libro The Chemistry Between Us: Love, Sex and the Science of Attraction.

Este coctel químico activa los mismos circuitos que una sustancia psicoactiva, por lo cual el cerebro de un enamorado se parece al de un adicto. Según Brian D. Earp, investigador británico de la Universidad de Oxford y coautor del estudio If I Could Just Stop Loving You: Anti-Love Biotechnology and the Ethics of a Chemical Breakup, “los pensamientos constantes y el anhelo de estar con esa persona, así tenga consecuencias positivas en otras áreas de su vida, genera síntomas similares a los de una adicción”. Del mismo modo, cuando el objeto de deseo no está disponible la persona enamorada sufre síndrome de abstinencia.

Lo anterior ha hecho pensar a los expertos que un tratamiento similar al que recibiría un drogadicto también serviría para curar las penas de amor. De hecho, Earp asegura que “hay una serie de medicamentos cuyos efectos secundarios podrían ser utilizados para neutralizar un desamor”. Por ejemplo, algunos antidepresivos tienen efectos no deseados como la reducción de la libido o el deseo sexual, o la supresión de algunas emociones. También se puede bloquear la corticotropina, un neurotransmisor encargado de regular el estrés, y la oxitocina, más conocida como la hormona del amor. Otros tratamientos buscan suplir una proteína que transporta la serotonina, hormona que regula el estado de ánimo, y que tienen en bajos niveles tanto los despechados como quienes tienen trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Una investigación realizada por Donatella Marazziti, profesora de psiquiatría y directora del laboratorio de psicofarmacología en la Universidad de Pisa, Italia, demostró las similitudes entre los síntomas que presentan las personas con TOC y quienes están en las primeras etapas del despecho. Los expertos les suministraron medicinas para aumentarla y al cabo de un año se observó una mejoría general.

Este tipo de procedimientos forman parte de lo que Earp llama la biotecnología ‘anti-amor’, cuyo objetivo es disminuir los procesos neurológicos que producen la excitación, la atracción y el apego que son, según la autora Helen Fisher, las tres emociones que definen la conducta de los enamorados. Aunque son independientes, hay una interconexión sutil entre cada una a nivel neurológico que permite tratarlas de forma similar. “Pensar en el amor en términos bioquímicos puede ser poco romántico, pero vale la pena hacerlo para entender las relaciones y tratar de mejorarlas”, señala Earp.

Las experiencias amorosas ayudan al crecimiento personal y generan mucha satisfacción cuando son correspondidas. Pero cuando no lo son y se produce una ruptura afloran sentimientos como la soledad y la baja autoestima, que desestabilizan a la persona al punto de provocar desaliento, desórdenes alimenticios, trastornos del sueño y bajo rendimiento en sus tareas diarias. “Estos cambios en el estado de ánimo generan episodios de ansiedad o depresión que deben tratarse a tiempo”, señaló a esta revista Jorge Forero, presidente del Instituto para el Desarrollo de la Salud Emocional en Colombia.

Si bien es factible que gracias a los avances tecnológicos en el futuro se vendan pastillas o incluso biochips para neutralizar el desamor, Earp considera que lo ideal es que la gente no se vuelva dependiente de una píldora mágica para solucionar sus problemas. “Si alguien salió mal de una relación, seguramente necesita reflexionar sobre lo que pasó y no tomarse una pastilla para olvidarla y empezar otra. Esa debe ser la última opción”, dice.

La psicoterapia puede ser también muy útil para curar una tusa desbordada. Terapias contra el trastorno de estrés pos-traumático igualmente ayudan a reemplazar un mal recuerdo con otro menos doloroso. Sin embargo, para algunos lo más recomendable son las estrategias tradicionales: distanciarse de la persona, eliminar objetos que lo aten a ella y empezar a cultivar nuevas relaciones. En los tiempos modernos eso significa también borrarlo del Facebook. Y, por supuesto, dejar que el tiempo pase y que otros vientos traigan a un nuevo amor.
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