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| 2/23/1987 12:00:00 AM

...POR ALLA NO ESCAMPA

La Cortina de Hierro reconoce que en sus países la droga también ataca

El intento de asesinato del ex ministro Parejo en Budapest asombró no solamente a los colombianos sino al mundo entero. No resultaba fácil creer que el largo brazo del narcotráfico hubiera podido penetrar en un país de la Europa socialista, tradicionalmente ajena a situaciones de esa naturaleza.
Los observadores, sin embargo, pronto vincularon el hecho a las alarmantes informaciones que se han revelado de cierto tiempo para acá sobre la penetración del flagelo de la droga en los estados socialistas. Aunque no se ha demostrado que en concreto pueda existir un puente entre los traficantes de esa parte del mundo, o aun los consumidores, y la mafia criolla, no resulta difícil pensar que un medio permeado por la droga puede ser un terreno propicio para acciones como el atentado de Budapest.
Según se ha conocido últimamente, la capital de Hungría es una de las ciudades más afectadas. Los pasajes subterráneos de la Plaza Moscú de esa ciudad, se ven atestados de adictos y de jíbaros que ofrecen una gran diversidad de drogas. Pero ese hermoso puerto sobre el Danubio no está solo en el problema.
En efecto, a principios del presente año, el ministro del Interior de la Unión Soviética, Alexander Vlasov en entrevista al órgano oficial Pravda, reveló la existencia en el país de 46 mil narcómanos, una cifra bastante baja si se la compara con las de los países occidentales, pero dramática si se tiene en cuenta que el anterior número oficialmente reconocido era de 2.500.
Polonia es el país del bloque socialista que abrió el camino a la discusión abierta sobre el tema, aunque solamente a partir de 1980, época en que los especialistas occidentales creen ya llevaba largos años existiendo. En este país se estima que por lo menos 500 mil ciudadanos son adictos a las llamadas drogas "duras", y que de cada diez jóvenes, al menos uno usa narcóticos ocasionalmente. En Hungría, se estima que entre 30 mil y 50 mil personas son adictas a drogas que van desde el conocido hachís hasta la morfina. Solamente Bulgaria, Rumania y Alemania Democrática mantienen incólume el silencio que imperó en el área durante tanto tiempo.
NYET A LA DROGA
La droga, sin embargo, asume en los países socialistas características que, si se quiere, le dan un matiz más dramático que el que tiene en Occidente. En efecto, la tradicional imposibilidad para conseguir los sicotrópicos comunes para los adictos occidentales, cuya imitación, por otra parte, es su principal acicate, hace que los jóvenes de Europa oriental hayan debido ingeniarse para producir ellos mismos las cocciones más inverosímiles, con resultados funestos. Los europeos orientales, entran en su gran mayoría directamente a los niveles más avanzados, al usar compuestos caseros parecidos a la heroína, inyectables y de una violenta capacidad de adicción física y síquica, con lo que de la noche a la mañana se convierten casi en adictos irredimibles.
El cambio en la actitud oficial que se operó en la Unión Soviética se enmarca dentro de la llamada "reestructuración" iniciada por el gobierno de Gorbachev. Según un informe exclusivo para SEMANA de lá agencia de prensa oficial soviética Novosti, el reconocimiento público de este mal, "que se venía combatiendo ya hace tiempo", no fue fácil, según declaró el ministro Vlasov, por cuanto los altos oficiales se enfrascaron en la disyuntiva sobre el manejo que el problema debería recibir ante la opinión pública. Silenciar el problema significaba debilitar la vigilancia de la milicia, la medicina, la familia y la escuela, mientras su publicación irreflexiva podía en últimas constituirse en una invitación al consumo.
Para los soviéticos, según el informe de Novosti, "en los países capitalistas la narcomanía es un engendro de las relaciones socioeconómicas y de explofación" mientras en la URSS no existen esas raíces sociales y el problema se debe, fundamentalmente a la curiosidad y al "deseo de imitar normas de conducta ajenas". Sea cual fuere la verdadera causa del problema, y si este pueda o no explicarse con argumentos de connotación política, lo cierto es que existe, y las autoridades soviéticas adelantan grandes esfuerzos para controlarlo.
Estos esfuerzos, sin embargo, se enfilan de manera más punitiva contra los adictos que lo que se usa en Occidente. "Castigamos al culpable por haberse habituado a esta enfermedad que lo hace un elemento peligroso para la sociedad; por su modo de vida y su conducta, por sus acciones ilegales con la droga, por la real amenaza a su salud y a la salud de quienes lo rodean". La legislación soviética prevé que el narcómano recalcitrante debe ser obligado a un tratamiento forzoso en un centro de corrección médico-laboral de carácter cerrado.
Pero el adicto no es el único objetivo de las campañas que se adelantan. En una operación masiva denominada "Adormidera 86", las autoridades de la URSS destruyeron más de tres mil sembrados ilegales y cien mil hectáreas de cáñamo silvestre. Además los servicios de inteligencia rastrean la circulación clandestina de drogas que con frecuencia proviehen de farmacias y hospitales. La historia de la narcomanía es casi tan vieja como el hombre mismo. Y las últimas informaciones sobre el tema parecen recordar que la humanidad es una sola y enfrenta en todas las latitudes y bajo todos los regímenes el mismo tipo de flagelos.
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