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| 1/14/2012 12:00:00 AM

¿Por qué las dietas no funcionan?

Los estudios confirman que es más fácil perder peso que conservar el logrado con las dietas, pues las hormonas que controlan el apetito actúan para tratar de recuperar los kilos perdidos. Pero no hay que darse por vencidos.

Todos aquellos que este año se propongan bajar de peso lo van a lograr. Es un principio infalible de la física que si se reduce la ingesta de calorías por debajo del gasto calórico, el peso corporal bajará. La parte más complicada vendrá luego, cuando el individuo tenga que mantener en la báscula ese nuevo peso a largo plazo.

Que los kilos perdidos regresan lo saben desde hace mucho tiempo quienes alguna vez han hecho dieta. Fernán Ruiz es uno de ellos. En 2010, por esta época, se sometió a un estricto régimen para eliminar 27 kilos, pero a la vuelta de un año ya había recuperado 15 de ellos. El año pasado hizo dietas esporádicas, por lo que su peso fluctuó de arriba a abajo como un yoyó. Hoy, con casi 97 kilos, tiene el firme propósito de volver a la marca de 80 kilos, que fue la hazaña que logró con gran dificultad entonces.

Hasta hace poco se creía que volver a engordar después de una dieta se debía a falta de carácter y motivación. Pero los médicos han encontrado que la dificultad para mantener el peso luego de una dieta tiene explicaciones biológicas más complejas que no tienen nada que ver con la voluntad. Uno de los estudios más recientes fue realizado por Joe Proietto, de la Universidad de Melbourne, Australia, y publicado en el New England Journal of Medicine. El científico encontró que cuando la gente baja de peso se altera el metabolismo del apetito, lo cual hace mucho más difícil cumplir a cabalidad una dieta de mantenimiento para evitar ganar el peso nuevamente. Es como si el cuerpo se resistiera a bajar y quisiera a toda costa regresar al punto de partida.

Para el estudio, Proietto reclutó a 50 personas con exceso de peso a quienes les prescribió una dieta baja en calorías durante un poco más de dos meses, con la cual lograron bajar en promedio 13 kilos. Luego los participantes recibieron un régimen de alimentación diseñado para mantener ese nuevo peso y se les recetó una rutina de actividad física diaria.

A pesar de esos esfuerzos, al cabo de un año los pacientes no solo habían ganado de nuevo 5 de los 13 kilos, sino que se sentían con más hambre y pensaban todo el tiempo en comida. Proietto les hizo pruebas de sangre para ver el nivel de nueve hormonas que influyen en el apetito y comparó estos resultados con los niveles de las mismas reportados antes de iniciar la dieta un año atrás. El experto observó que seis de ellas, incluyendo la grelina, conocida como la hormona del hambre, el péptido YY y la leptina, tenían niveles anormales. Y todas, curiosamente, estaban alineadas para hacer sentir al organismo más hambriento.

El hallazgo confirma lo que otros estudios han reportado anteriormente. Lo novedoso del estudio de Proietto fue que ese estado alterado de hormonas se mantuvo después de un año, haciendo aún más arduo para los participantes mantener el peso luego de la dieta.

El problema no son las dietas. Como le dijo Proietto a SEMANA, “estas funcionan en cualquier individuo. El problema es lo que sucede después de bajar de peso. Probablemente la pérdida de peso en sí misma hace que las hormonas cambien en una dirección tal que hace a la persona más hambrienta”.

La nutricionista Patricia Barrera explicó a SEMANA que este es un mecanismo evolutivo aparentemente diseñado para proteger al individuo en un ambiente en el que la comida era mucho más escasa que hoy. Cuando la gente reduce peso, dice, este sistema cree que el individuo está pasando por una hambruna y dispara una alarma que consiste en aumentar el hambre y disminuir el ritmo del metabolismo.

En entrevista con Charlie Rose, el pediatra Rudolph Leibel, investigador de la Universidad de Columbia y una eminencia en el tema, dice que “este sistema era una ventaja 500.000 años atrás, pero es un problema en las circunstancias actuales, cuando la comida está a pedir de boca y la gente no tiene que hacer ejercicio físico”.

A pesar de lo anterior, algunas personas bajan de peso y logran mantenerlo. Un grupo de científicos de la Universidad de Colorado estableció el National Weight Control Registry, un registro para seguir a las personas que han perdido peso y probar, entre otras cosas, que sí se puede salir victorioso de una dieta a largo plazo. No obstante, el estudio evidencia que mantener el peso perdido es una labor titánica que requiere un trabajo más concienzudo que la dieta misma.

La mayoría de las personas que mantienen el peso después de la dieta deben estar supervigilantes de lo que comen. Muchos llevan un diario de cada alimento que ingieren y en la noche hacen un balance de las calorías consumidas menos las calorías gastadas, como si se tratara de una cuenta bancaria. También se pesan constantemente y hacen dietas muy estrictas y controladas en las que no permiten azúcares ni carbohidratos. Asimismo, realizan rutinas de ejercicio físico, porque son conscientes de que al menor descuido, el peso puede regresar con mucha facilidad, y así todo este gran esfuerzo habrá sido inútil. Kelly Brownell, director del centro de obesidad de la Universidad de Yale lo resume así: “ellos nunca dejan de pensar en su peso”.

Liebel ha visto cómo bajar de peso pone al individuo en desventaja. Una mujer que participó en los estudios de Leibel llegó pesando 140 kilos, que mantenía mediante un consumo diario de 3.000 calorías. Luego de la dieta quedó en 86 kilos. Los estudios metabólicos de Leibel demostraron que para poder mantener ese nuevo peso ella debía consumir 2.300 calorías. Lo paradójico es que alguien que naturalmente está en 86 kilos necesita 2.600 calorías para mantenerse. Esto indica, como lo dice Tara Parker-Pope, autora de un artículo sobre el tema publicado en la revista del The New York Times, que “una vez alguien pierde diez por ciento de su peso corporal es metabólicamente diferente a la persona que tiene ese mismo peso de manera natural”. Se calcula que luego de bajar de peso los cambios que operan en el organismo se traducen en una desventaja para esa persona de entre 250 y 400 calorías.

Aunque no se sabe a ciencia cierta la razón por la cual se produce este efecto, los científicos han encontrado que cuando la persona baja de peso los músculos dejan de quemar calorías con la actividad física. Además se ha visto que el cerebro responde en forma diferente al estímulo de la comida. Quienes han pasado por una dieta, según investigaciones hechas en la Universidad de Columbia por Michael Rosenbaum, tienen un cerebro con mayor actividad en las zonas asociadas con las recompensas y menor en las áreas asociadas con control. “La persona va a querer comer más y va a tener menos voluntad para resistirse. Si se suma que el cuerpo está quemando menos calorías, se ha creado la tormenta perfecta para que vuelva a ganar el peso”, le dijo Rosenbaum al diario The New York Times. Este mecanismo para defender el peso más alto al parecer estaría activado incluso seis años después de haber hecho la dieta.

Proiello señala que se necesita urgentemente medicamentos seguros que supriman el apetito para que la gente pueda bajar de peso sin problemas. Algunos creen que el mensaje para llevar a casa es promover la prevención y reforzar la idea de que es mejor evitar engordarse, porque luego bajar el exceso de peso será muy difícil. Otros temen que la nueva evidencia sea mal interpretada por las personas con sobrepeso y obesidad y la usen como excusa para quedarse de brazos cruzados con sus kilos de más.

Pero Leibel considera que el conocimiento que hoy se tiene de ese complejo proceso ayuda a que, por un lado, la persona entienda que no es su culpa, sino que están en juego mecanismos biológicos muy poderosos diseñados para la supervivencia de la especie; mecanismos que son ajenos a su voluntad. Además, los hallazgos ayudan a establecer metas más realistas y a preparar a quienes van a bajar de peso para una batalla grande y larga. “La gente tiene que saber que no es tan fácil como dejar de comer y hacer más ejercicio. El cuerpo va a trabajar en contra de ese esfuerzo y defenderá a capa y espada la recuperación del peso perdido”, concluye Leibel.
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