Domingo, 22 de enero de 2017

| 1984/06/11 00:00

POR UN PELO

¿Qué se puede hacer contra la caída del cabello? El problema no afecta solamente a los hombres

POR UN PELO

¿Ha notado usted últimamente que al levantarse deja sobre su almohada un número poco corriente de pelos de su cabeza? ¿O que al peinarse, gran parte de su cabello queda atrapado entre los dientes de la peinilla? ¿O que las entradas de su cabeza están retrocediendo con inusitada velocidad? Cuidado: puede haberle llegado la hora.
Los médicos la conocen bajo el término de alopecia. Los demás mortales con el nombre de calvicie. Y aunque en muchos casos puede ser síntoma de enfermedades crónicas, la caída sistemática e irreversible del cabello es más temida por sus efectos anti-estéticos sobre la apariencia externa del ser humano.
La alopecia viene de la voz griega alopex, que significa lobo. El origen del término se debe a que los lobos son animales que cambian completamente de pelo en el verano.
Debido a que la calvicie es un problema que ha preocupado al hombre desde sus mismos orígenes, la primera fórmula médica inventada que se conoce no estuvo dirigida, como pudiera pensarse, a curar una enfermedad o a aliviar un dolor, sino precisamente a controlar la caída del pelo. Esto consta en los papiros de Ebrt, donde se relata que en Egipto, 5 mil años antes de Cristo, se aplicaban fórmulas para curar la calvicie, que reunían estrambóticos ingredientes como la grasa de cocodrilo y el jugo de corazón de lirón.
El sentido del hombre de estar mejor presentado es, definitivamente, inherente a su naturaleza humana. Y la calvicie siempre se ha asociado con la feura, con la pérdida de virilidad, y en general con el transcurso irreversible del tiempo
Sansón vive
Pero si es verdad que la calvicie es temida porque afea al ser humano, es también cierto que atemoriza al hombre por el papel simbólico que cumple el cabello. Este simbolismo es tan poderoso que el mito de Sansón, con distinto nombre pero idéntica historia, es común en casi todas las culturas. El gran Sansón perdió su fuerza cuando Dalila le cortó el pelo. El de Sansón es un mito de castración simbólica, pero es sicológicamente cierto. Aun más, la práctica de algunos indígenas americanos de cortar el cuero cabelludo de sus enemigos también sirve para ilustrar esta idea. Sin la cabellera, creían los indios, el hombre perdía toda su fuerza, y por consiguiente no podía rehabilitar su cuerpo y salir en busca de venganza. Los cueros cabelludos, simbolizando la fuerza robada al enemigo, su castración, eran utilizados como amuletos por los indios. Entre más cabelleras, mejor el guerrero.
¿Porqué es tan poderoso este simbolismo que cumple el cabello? Sin duda alguna la respuesta descansa en su papel sexual. Y es precisamente de bido a él que hombres y mujeres alrededor del mundo invierten millones en cuidarlo, peinarlo y podarlo, para que luzca de la mejor forma posible.
Y es que, mientras la principal característica sexual la constituyen los órganos genitales, la segunda la constituye el cabello. Con la ventaja de que mientras los órganos sexuales, en las sociedades occidentales, se esconden deliberadamente de la vista, el cabello es en cambio la única característica sexual que puede ser abiertamente exhibida en sociedad.

Históricamente, los estilos del pelo tienden a reflejar la cantidad de represión o de libertad sexual existentes en una determinada sociedad. En los años victorianos, cuando la represión sexual había alcanzado los límites absurdos de ponerle pantalones a las patas del piano, los hombres llevaban el pelo corto y aplastado, un estilo muy distinto al de la Era Isabelina, cuando las actitudes sexuales eran menos inhibidas y los hombres llevaban el pelo largo y flotante. En los países militaristas o totalitarios --Prusia, la Alemania Nazi-- y en otros lugares dominados por generales y coroneles, los hombres son obligados a usar el pelo corto como una fórmula para reprimir, y por consiguiente controlar, la energía sexual, limitando así la expresión individual para reemplazarla por una identidad colectiva.
Igualmente, en los años sesenta hubo en Occidente un debilitamiento de las inhibiciones sexuales, acompañado de la moda de llevar el cabello largo. A comienzos de los ochenta, un período en el que aparentemente han vuelto a prevalecer los valores conservadores, el pelo corto parece imponerse nuevamente.
Los hombres que atraviesan circunstancias en las que existe un voluntario o impuesto celibato heterosexual llevan, generalmente, sus cabellos cortos o sus cabezas afeitadas: es el caso de los monjes cristianos y budistas, los presidiarios y los muchachos que prestan servicio militar. E igualmente sucede con las mujeres. Hasta hace relativamente poco tiempo las católicas cubrían sus cabellos al entrar a la iglesia. Todavía las judías ortodoxas y las mujeres musulmanas cubren sus cabellos en público. Las monjas también recortan y cubren su pelo. Y esta costumbre, en todos los casos, simboliza la de sexualización. ¿Puede acaso una mujer emitir más directamente un mensaje de fertilidad sexual que a través de una cabellera larga, sedosa y flotante?
La calvicie femenina
En las mujeres, la calvicie constituye una excepción. La pérdida paulatina de cabello en un margen superior al normal --más de 70 cabellos diarios en una cabellera promedio, que en hombres y mujeres tiene muchos miles de pelos-- es anormal, y debe inmediatamente tomarse en serio y diagnosticarse correctamente.
Pero no debe confundirse esta pérdida anormal de pelo con la que inevitablemente sufren las mujeres durante determinados eventos biológicos --menstruación, embarazo, postparto, menopausia--, en los que la pérdida de cabello es ocasional.
La calvicie también puede ser producida por drogas (especialmente compuestos hormonales como las píldoras anticonceptivas), o por un severo stress o un trauma emocional.
Igualmente las mujeres pueden verse amenazadas por la calvicie debido a una combinación de tratamientos mecánicos y químicos: la permanente, el alisamiento del cabello, las tinturas, o determinadas formas de peinarlo. Pero definitivamente la liberación femenina es, en la actualidad, la mayor responsable de que muchas mujeres alrededor del mundo estén en la actualidad amenazadas por la terrible perspectiva de perder su cabellera.
La calvicie y la liberación
Varios de los problemas capilares de la mujer moderna son consecuencia de la ansiedad que resulta de las modificaciones en los papeles tradicionales que jugaba en el hogar y el trabajo. Desde los 25 años en adelante, una mujer profesional experimenta mayor tensión que cualquier hombre profesional.
Después del stress, es la anemia la causa más frecuente de calvicie entre las mujeres que trabajan. Muchas veces el tiempo que les demanda la atención de sus empleos y de sus hogares les impide alimentarse adecuadamente, y la caída del cabello es apenas una de las manifestaciones de que han desarrollado una anemia. Por eso las mujeres profesionales deben estar especialmente alertas en caso de experimentar una pérdida anormal de pelo. Se aconseja como primera medida hacerse un examen de sangre para descartar la anemia, y si ni ésta ni otra enfermedad de carácter delicado es diagnosticada por el médico, la causa casi seguramente rondará por el lado de un exceso de trabajo o de un estado de stress o de ansiedad. Una pérdida excesiva de cabello es simplemente una forma que utiliza el cuerpo para advertir que se está exagerando.
El terrible stress
¿Por qué es tan devastador el efecto del stress sobre el cabello? Porque afecta los folículos pilosos, los músculos, los nervios y la misma piel. El stress constriñe los diminutos capilares que alimentan los folículos, y esto restringe la cantidad de oxígeno y nutriente del cabello. El stress también ocasiona una excesiva secreción de sudor, e incrementa la secreción de las glándulas sebáceas.
He aquí algunos consejos para las mujeres que trabajan y que desean evitar a toda costa que el stress les ocasione una calvicie prematura:
·La primera recomendación es la de tomar las cosas con calma. Descuelgue el teléfono unos pocos minutos cada día, recuéstese, cállese y relájese.
·Preocúpese por alimentarse equilibradamente.
·Haga diariamente unos minutos de ejercicio.
·Trate de darle a su pelo un lavado diario (no necesariamente con shampoo) masajeando concienzudamente su cuero cabelludo. De ser posible, permita que éste se seque naturalmente.
·Intente dormir por lo menos 7 horas cada noche. Es la mejor manera de aliviar el stress, ya que el sueño es más barato y más seguro que los tranquilizantes.
·Si su matrimonio la está colocando bajo un stress insostenible, o su novio o amante le está ocasionando tensión y ansiedad, haga que cambie o cámbielo. Muchas veces la caída del cabello indica que algo no anda bien en su vida sentimental.
La calvicie en los hombres
Una de las mayores quejas y la más frecuente fuente de complejos entre los hombres concierne a la pérdida del cabello. Y a pesar de que dicha pérdida pudo haber comenzado dos o tres años antes de que el afectado la registre, la mayoría de los hombres queda impactado por la aparente rapidez con la que la calvicie hace su aparición.
A partir de ese momento, muchos entran en pánico y acuden velozmente a droguerías y supermercados en busca de cremas y lociones que aseguran poseer la facultad de detener la caída del cabello, e incluso lograr que crezca de nuevo. Pero muy pronto descubren, con gran frustración, la inutilidad de dichos productos.
No debe, por consiguiente, tomarse a la ligera lo que un hombre puede llegar a sentir ante la posibilidad de quedar calvo. Su posición sicológica está motivada por diversos factores: el temor de que se debilite su potencial sexual, de que esté envejeciendo, o el simple y honesto temor de perder su atractivo físico.
Fuera de la pérdida de cabello que pueden sufrir tanto hombres como mujeres por enfermedades, stress o ingestión de drogas, la llamada calvicie de tipo masculino o hipocrático es la que con mayor frecuencia afecta a los hombres, y tiene tres causas: el sexo, la herencia y la edad.
Como se había afirmado anteriormente, la calvicie es genéticamente característica del hombre, mientras que es excepcional en la mujer. Pero además está la herencia, que es quizás la causa de la calvicie más difícil de derrotar: casi seguro, un padre calvo dará un hijo calvo. Ninguna calvicie heredada tiene cura definitiva. Ningún tratamiento frena la caída del pelo cuando éste está genéticamente programado para caerse. Los tratamientos existentes pueden apenas retardar la caída, pero nunca frenarla: lo máximo que pueden conseguir es que personas programadas para calvar en diez años, lo hagan en 20 o en 30, cuando les importa menos. Pero en el momento en que el folículo piloso se ha secado, no hay droga que haga salir nuevamente el pelo, y esa es una cruda realidad a la que deben estar dispuestos a enfrentarse todos los hombres calvos o potencialmente calvos que habitan el planeta.
No todo está perdido
Los tratamientos contra la calvicie pueden ser de diversa índole. Dermatológicos, ortopédicos o quirúrgicos. El tratamiento dermatológico se basa en la aplicación de cremas y lociones a base de pantenol, o vitaminas A, B, C o E, que van dirigidas a curar enfermedades del cuero cabelludo, cuando son éstas las causantes de la caída del pelo. Cuando no, estas lociones y cremas no podrán impedir la calvicie que se avecina, no importa la enjundia con la que la víctima se las aplique sobre la cabeza.
A nivel casero, si es ceborrea (exceso de grasa) la causante del desprendimiento piloso, el simple lavado del cabello es remedio suficiente. Se recomienda dicho lavado con una frecuencia de entre una vez por día y 2 a 3 por semana. Algunas personas creen equivocadamente que lavar el cabello con frecuencia precipita su caída, pero eso no es cierto. Nada hay más saludable para el cabello que el baño diario, pero no necesariamente con shampoo, pues puede resecarse demasiado el cuero cabelludo. ¿Pero entonces, por qué son tantos los que aseguran notar una caída excepcional del pelo después de cada shampoo? Lo que sucede es que el pelo, al cabo de 3 o 4 años de crecer (que es la edad pomedio de un cabello) llega a su período final y con cualquier tirón se desprende. De ahí que, entre otras cosas, el pelo no pueda crecer más de 70 centímetros de largo en las mujeres y entre 15 y 20 en los hombres. Las cabelleras de dos metros, por desgracia, sólo existen en los cuentos de hadas.
Los tratamientos ortopédicos de la calvicie se basan en las pelucas y el bisoñé. Indudablemente muchos hombres y mujeres alrededor del mundo han solucionado, o por lo menos logrado disimular, sus problemas de calvicie con estos implementos. Pero por más perfectos que sean no dejan de ser artificiales, y sicológicamente no siempre resultan una solución satisfactoria para el complejo de calvicie, porque pueden resbalar de la cabeza en los momentos más inconvenientes. Para obviar esto existen pelucas que se cosen o que se fijan con broches al cuero cabelludo, pero el contacto permanente con la cabeza y la falta de ventilación producen infecciones y hongos que terminan por eliminar el poco pelo que puede aún poseer la desgraciada víctima.
No obstante, manteniendo un buen régimen de limpieza, pelucas y bisoñé cumplen una útil función, si inmediatamente que el usuario llega a un lugar seguro, como su propia casa, se descubre la cabeza y le da un buen enjuague a su cuero cabelludo.
Curiosamente, no son muchos en Colombia los almacenes donde se consiguen tales implementos. En Bogotá, por ejemplo, existe sólo uno, donde por el precio de 2.500 a 10.000 pesos pueden conseguirse pelucas de pelo natural para mujer, y para hombres entre 4 y 8 mil pesos. Interrogado por SEMANA sobre sus clientes más famosos, el dueño del establecimiento respondió: "Es un secreto profesional. ¿Acaso un dentista revela el nombre de sus pacientes famosos a los que ha colocado caja de dientes?"
Por último, la calvicie puede ser remediada con métodos quirúrgicos, consistentes en injertos o en colgajos de cuero cabelludo (ver recuadro). Entre todos los tratamientos existentes para la calvicie, especialmente los injertos han comprobado ser los de mayor efectividad, pues aunque son incapaces de garantizarle al paciente una cabellera tan abundante como la que pudo poseer en su juventud, sí pueden asegurarle que por lo menos morirá con pelo en la cabeza. Es prudente advertir que los llamados tratamientos quirúrgicos de la calvicie no deben ser realizados por cosmetólogas o peinadores, sino por cirujanos plásticos o dermatólogos, que tomen todas las precauciones inherentes al tratamiento, ya que éste en realidad consiste en una cirugía menor.
Los injertos de cuero cabelludo también han demostrado ser útiles para la reconstrucción de cejas y pestañas, e incluso de bigotes, cuando hay cicatrices en el labio superior. No en cambio para solucionar problemas de calvicie en la barba, para lo que los especialistas recomiendan sólo un remedio: afeitarse.
El sexo y la dieta
La ausencia de relaciones sexuales, debido al stress que ocasiona, puede definitivamente acelerar la caída del cabello. Particularmente en los hombres, el pelo es receptivo de las relaciones sexuales: éstas aceleran su crecimiento. De manera que, en lo que se refiere a la vida sexual del paciente, el cabello se comporta como un verdadero censor del cuerpo.
Unos ejercicios adecuados y una dieta balanceada son también garantía de un cabello abundante y saludable. Entre los alimentos se recomiendan los vegetales frescos, las ensaladas, las proteínas bajas en grasa, mínimo seis vasos de agua diarios y, en general, todos los demás alimentos que contengan vitamina B.
En cuanto a los ejercicios, 15 minutos diarios son suficientes para demorar la calvicie. En general se aconsejan todos los que activen la circulación y ejerciten los músculos de la espalda y el estómago. Para los más perezosos, cinco minutos diarios de jogging, elevando lo máximo posible las rodillas, son suficientes. Su cabello lo agradecerá.
La sabiduría popular
Descartando la caída del pelo que se produce por infecciones del cuero cabelludo, enfermedades crónicas o stress, que puede frenarse con un tratamiento médico adecuado, la conclusión de este artículo resulta un poco descorazonadora. Y consiste en que a pesar de todo el tiempo que se ha gastado en investigaciones, de toda la tinta utilizada para escribir tratados científicos, de toda la plata que pueda invertirse en la compra de lociones, tónicos o amuletos, sólo hay una cosa cierta con respecto a la calvicie que llega por herencia o por edad, y es ese adagio, lleno de profunda filosofía popular, que reza: "lo único que puede parar la caída del pelo es el tapete".--
C.C.:Calvos Colombianos
"Uno se pela por donde trabaja. Por eso, muchos, y entre ellos algunos políticos, no tienen pelos en la lengua. No he hecho nada para evitar la calvicie y no me importa ser calvo. Además, me dicen que soy la "cabeza visible" de la programadora".
JULIO ANDRES CAMACHO. Vicepresidente R.T.I
"Mientras tuve pelo no se me acercaba mujer alguna. Apenas empecé a quedarme calvo, mi éxito aumentó, porque la mujer sabe que la calvicie es exceso de hormona masculina. Nunca he intentado nada para evitar que se me caiga, apenas un babero, y sólo me importa ser calvo cuando llueve. Claro que si pudiera tener un pelo como el de Warren Beatty, ¡mucho mejor!".
DANIEL SAMPER. Periodista
"Nunca me ha importado ser calvo. Hace muchísimos años, por allá por 1954, resolví coger jabón, agua y una máquina de afeitar y quitarme los pocos pelos que me quedaban, porque, por un lado, me sentía sucio y, por otro, me tocaba ir continuamente a la peluquería. Nunca me interesó hacerme tratamientos ni injertos, eso me parecía ridículo. Tampoco nunca he contemplado la posibilidad de usar peluca o bisoñé. Soy un calvo feliz".
EDGAR NEGRET. Escultor
TESTIMONIO DE UN CALVO
Rafael Arguello, un ingeniero industrial de 33 años, contó a SEMANA la siguiente historia acerca de su experiencia como calvo:
"Hace aproximadamente diez años, cuando estudiaba en la universidad, comencé a descubrir con pavor que se me estaba cayendo el pelo y que muy pronto sería un hombre calvo. Mi pánico lo agravaba el apodo que entonces me pusieron mis compañeros de universidad, que me llamaban "el viejo Rafa", pero no por cariño, sino porque aparentaba más edad de la que en realidad tenía. Acomplejado y casi sumido en la desesperación, decidí ensayar el sistema de rezarle al Espíritu Santo, que tantos milagros parecía estarle haciendo a todas las personas que publicaban el consabido aviso de "Gracias Espíritu Santo por los favores recibidos". Pues bien, empecé a rezarle, y al segundo día, mientras caminaba por la carrera 13 con calle 45, ví en la ventana de un edificio un aviso que decía: "Centro Internacional del Cabello". Inmediatamente me dirigí al cuarto piso, y allí le pregunté a la recepcionista en qué consistía el sistema que esa compañía ofrecía. Me explicó que consistía en entretejerle a mi propio pelo cabello de otra persona, y que el tratamiento costaba 20 mil pesos. Le dí las gracias, y cuando me estaba retirando, con la obsesión de levantarme la plata, la señorita me llamó y me hizo una propuesta que en ese momento consideré milagrosa: si aceptaba posar para la publicidad de la empresa, me regalarían el tratamiento y además me pagarían 20 mil pesos. Acepté encantado, y salí inmediatamente a ponerle al Espíritu Santo un aviso en el periódico. Al otro día me citaron en la misma oficina, y primero me tomaron docenas de fotografías de varios ángulos de mi calva. A paso seguido me hicieron entrar en un consultorio donde comenzó mi calvario, pues entretejer el cabello de otra persona en el mio implicó aguantar terribles jalones en una gran inmovilidad".
"Cuando llegué a mi casa, todos me felicitaron: definitivamente había mejorado sustancialmente mi apariencia, y me véía mucho más joven. Cometí entonces el error de viajar a Cartagena a tomar unas vacaciones, porque en la primera metida al mar la cabellera que tanto me enorgullecía se enredó con el agua y se volvió imposible de peinar. Además me produjo una desesperante rasquiña, que no podía aliviar, porque me era imposible introducir siquiera los dedos entre esa maraña".
"Fue tal mi desesperación que interrumpí mis vacaciones, regresé a Bogotá y de inmediato me dirigí a la compañía donde me habían implantado el sistema. Les dije que era un engaño, les devolví los 20 mil pesos, y exigí que retiraran de mi cabeza el pelo ajeno, por lo que a su vez ellos se vieron obligados a llamar a la agencia de publicidad a ordenar que cancelaran la cuña que desde hacía unos días venía apareciendo en revistas y periódicos conmigo como modelo, debajo de los consabidos avisos de "antes" y "después" ".
"Con la experiencia el complejo de calvicie se me disminuyó en un 80%. Y comprendí que el verdadero milagro que me había hecho el Espíritu Santo era el de hacerme comprender que la vanidad exige demasiados sacrificios, y que era mejor enfrentarme a la sociedad como era yo, en lugar de hacerlo disfrazado de una persona ajena."--
JENNY O: la modelo calva
Su nombre es Jenny O. En el mundo de la moda, acostumbrado a las melenas leoninas y los bucles, ella se presenta realmente como algo exótico. Seguramente, Telly Savalas (Kojak) y Yul Brinner habrán dicho durante años que la calvicie es estética, pero es que, al fin y al cabo, son hombres y los hombres calvos no son aves exóticas dentro de la especie humana.
La cuestión acerca de Jenny O. empezó hace poco menos de un año, cuando firmó un contrato de modelaje con la agencia Click. Jenny en un comienzo no habló de su calvicie, sino hasta que hizo amistad con la directora de la agencia Frances Grill. Cuando lo supo, pensó que podía ser una nueva y genial imagen para el negocio. Fabrizio Ferri, el fotógrafo cuya foto de Jenny sin peluca la lanzó a la fama y fue el primer paso antes de que apareciera en la carátula de la edición de marzo de la revista italiana de modas Donna, afirma: "Sin su pelo es hermosa. Es provocativa", dice Fabrizio.
Curiosamente, Jenny se niega a revelar su apellido. Tiene 24 años y afirma: "quiero conservar mi vida privada y mi familia aparte de mi vida como Jenny O". Fue Frances Grillo quien la "bautizó" así, aludiendo al parecido de su cabeza con la cuarta vocal. Proviene de una de las familias más ricas y prominentes de Suecia. Su padre es un importante ejecutivo y la familia de su madre controla el imperio publicitario más grande del país. Jenny, que creció en una pequeña población de la frontera con Noruega, empezó a usar peluca a los 6 años. "Tuve que enfrentar el hecho de que era diferente de otros niños y niñas. Tal vez eso me dio una cierta fortaleza".
Actualmente, deslizándose en el mundo de la fama como si fuera una extraña criatura de la era espacial, Jenny ha logrado presentarse en importantes shows en Milán y París. En su vida privada usa alternadamente una de las seis pelucas rubias con tonalidades rojizas, cada una de diferente largo y estilo. Las tarifas que cobra Jenny son de 2 mil dólares la hora y han ido aumentando. "Soy una figura producto de los medios, no he hecho nada intelectualmente desafiante. Podía haber sido simplemente una gordita de baja estatura, con granos, y resulta que soy una hermosa modelo calva. No voy a dejar que el éxito me cambie".--
Habla un cirujano
Uno de los pioneros de los llamados métodos quirúrgicos en Colombia es el doctor Felipe Coiffman, cirujano plástico y profesor de cirugía plástica de la Universidad Nacional, a quien SEMANA contactó con el objeto de solicitarle una explicación sobre las causas de la calvicie y el método de realizar injertos sobre la cabeza de una persona calva.
"Esta operación se viene realizando desde hace más de 20 años en Colombia, explica el doctor Coiffman, y más de diez mil pacientes se han sometido a ella. Consiste en tomar pequeños trozos de cuero cabelludo de la región posterior de la cabeza, y trasplantarlo con sus folículos pilosos a la zona en la que se ha desarrollado la calvicie. Estos trozos se toman de la parte posterior porque el pelo de este sector de la cabeza viene genéticamente programado para que dure casi toda la vida".
El doctor Coiffman explica que esta operación de injertar pelo en la cabeza de un calvo se toma necesariamente cuatro sesiones. En una sola tanda se pueden hacer hasta 150 o 200 injertos de cuero cabelludo, y cada uno de ellos lleva entre 10 y 20 pelos. Las cuatro operaciones deben estar distanciadas entre sí por un lapso de tres semanas aproximadamente, y la razón consiste en que no se puede poner un injerto al lado de otro porque no prende y se estorbarían mutuamente el crecimiento. "Es importante explicarle al paciente, para que no se preocupe, que todo el pelo que se trasplanta se cae", afirma Coiffman. "Sólo comienza a crecer definitivamente al cabo de 3 meses. Además, no todo el pelo que se trasplanta prende. Los injertos prenden todos, pero el pelo que producen es un 5 o 10% menos que el normal. De manera que un paciente injertado nunca va a tener una cabellera abundante como en su juventud pero sí suficiente cantidad como para ocultar la calvicie".
La operación se realiza con anestesia local y el paciente puede regresar inmediatamente a su casa, con un vendaje que podrá quitarse al segundo o tercer día. Después deberá usar una boína o cachucha durante 15 días aproximadamente, hasta que se le caigan las costras que se forman sobre los injertos. El pelo que se trasplanta conserva las mismas características genéticas que tenía en el lugar donde estaba ubicado, es decir, en la parte posterior de la cabeza, y por eso dura casi toda la vida. Los injertos de cuero cabelludo comenzaron a popularizarse desde 1959, cuando Norman Orentreich presentó a la Academia de Medicina de Nueva York su trabajo sobre injertos circulares o en punch graft. Pero fue el doctor Felipe Coiffman el que, algunos años más tarde, introdujo el sistema de los injertos cuadrados, que tienen la ventaja de que sólo dejan una cicatriz lineal en la parte posterior de la cabeza que se tapa con el mismo pelo, además de que se necesita menos espacio de cuero cabelludo para realizar el injerto. "Hoy en día, aclara Coiffman, estos injertos de cuero cabelludo son realizados por todos los cirujanos plásticos y por varios dermatólogos con muy buenos resultados estéticos".
En Estados Unidos los injertos cuestan entre 10 y 30 dólares cada uno. En Colombia entre 200 y 300 pesos, además de los derechos de sala de cirugia. De manera que el tratamiento global para una calvicie relativamente avanzada, incluyendo las cuatro sesiones, puede costar la suma de 200 mil pesos, mientras que el tratamiento de una calvicie pequeña vale alrededor de 80 a 100 mil pesos, que es lo que puede llegar a costar una buena peluca.
Los colgajos, por su parte, constituyen un método aplicable en casos especiales. Producen más pelo, pero dejan una cicatriz anterior en la unión del colgajo y de la frente. Además tienen el problema de que el pelo comienza a crecer hacia atrás y no hacia adelante, como sucede normalmente, por lo que hay que realizar verdaderas maromas con laca.
"El efecto sicológico de una operación de injertos es muy importante", afirma finalmente Coiffman. "Y es el de que la persona no sólo se sienta más joven, sino que en realidad se ve más joven".

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