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| 8/14/2012 12:00:00 AM

Porno en las alturas

Con la llegada de los dispositivos móviles, la gente está viendo pornografía a cualquier hora en sitios públicos, incluidos los aviones. El debate sobre cómo regular esta situación está caliente.

Recientemente, en un vuelo que cubría la ruta Bogotá-Cartagena, Cristina se acomodó en su silla y se preparó para disfrutar el comienzo de unas cortas vacaciones. Como era Semana Santa, el vuelo iba a reventar, con familias de adultos, niños y bebés que viajaban a primera hora de la mañana a pasar en La Heróica el puente festivo.

En pleno vuelo, Cristina notó a un señor en la fila anterior a la de ella con una actitud muy sospechosa. El sujeto miraba constantemente para atrás y luego bajaba la cabeza para observar algo que tenía en sus manos.
 
En un momento ella pensó que se trataba de un terrorista. Pero luego, cuando pudo observar a su vecino desde el resquicio que hay entre silla y silla, lo comprendió todo: el supuesto terrorista estaba reproduciendo en su iPhone un video pornográfico.

Y aunque trataba de que no lo vieran sus vecinos ni las auxiliares de vuelo, ella, en la fila posterior a la suya, vio las crudas escenas en primera plana. "No eran imágenes eróticas, sino porno del más duro".
 
Dice que no es la más puritana y que no tiene nada contra el porno si se mira en la intimidad, "pero en un avión, en pleno vuelo, a las ocho de la mañana me pareció un poco traido de los cabellos".

El caso de Cristina está lejos de ser el único. Este tipo de situaciones se ha vuelto más común en la medida en que la gente está adquiriendo dispositivos portátiles que reproducen videos o que tienen acceso a internet.
 
Así las cosas, cualquiera puede ver todo tipo de contenidos donde quiera y cuando quiera. Lo anterior es positivo excepto cuando el material es sensible y se mira en público.

En YouTube, Dawn Hawkins cuenta una experiencia similar en un vuelo doméstico en Estados Unidos. Su vecino de silla no tuvo ningún problema en entretenerse durante el viaje con un vídeo en su iPad protagonizado por mujeres desnudas que se daban latigazos entre sí.
 
Hawkins se quejó ante la jefe de cabina del avión pero ella le contestó que no tenía poder para decirle a un pasajero qué ver en su tableta.

No solo en las alturas
 
Este tipo de situaciones no solo se está dando en aviones sino tambien en otros lugares públicos, como las bibliotecas.
 
En la de San Francisco, California, las directivas optaron por colocar unas caperuzas plásticas sobre los monitores para que los cibernautas tuvieran más privacidad y se protegiera la de los demás.
 
La medida se dio porque la gente que iba a este lugar no solo lo hacía para consultar información académica sino para ver fotos de hombres y mujeres desnudas en pleno acto sexual. Las directivas del lugar no querían empezar a limitar los sitios a los que accede la gente, por lo cual la mejor opción fueron las caperuzas.

En las oficinas, las compañías prohiben las páginas con estos contenidos porque se trata de herramientas de trabajo que hacen parte de su inventario.
 
Sin embargo, están maniatadas en el campo de los dispositivos móviles cuando estos pertenecen al propio empleado. Según la jefe de recursos humanos de una empresa, los sitios a los que cada trabajador accede desde sus tabletas o celulares entra en una esfera privada.
 
"Mientras no estén vulnerando los derechos de otros o no interfiera en el resultado de su trabajo, la gente tendría la libertad de hacer lo que quiera con esos celulares".

Emiro Guerrero, un ingeniero de sistemas de una reconocida empresa nacional pilló a un empleado que visitaba páginas pornográficas, pero antes de censurar internet en toda la oficina optó por hablar con él para que se autoregulara. "Yo no sabía que más hacer en este caso. Aquí hay una línea muy delgada entre lo privado y lo público", dice.

En efecto, según un abogado penalista consultado por Semana.com, "existe un vacío jurídico en este campo”. El experto explica que cada quien está en total derecho de ver lo que quiera en su computador o en sus dispositivos móviles pero en un espacio público el asunto es a otro precio.
 
 “En esa situación estaría invadiendo la privacidad de la otra persona”. No descarta, incluso, que se pueda presentar un delito pues mirar porno en un avión, donde viajan niños, puede ser corrupción de menores.

Un reto será establecer qué contenidos son sujeto de prohibición pues no todo el mundo es igual de sensible a este material. "Yo podría llevar en mi iPad El último tango en París y verlo en un avión. Para mí es un clásico del cine pero la persona a mi lado puede pensar que es una película triple X", dice Jairo Pérez, un publicista de 40 años.
 
A otros les tiene sin cuidado el porno pero se escandalizan con las películas violentas porque, a su modo de ver, son más dañinas para los niños.

En medio de esta controversia, el CEO de la aerolínea Ryan Air, anunció hace unos meses que está considerando ofrecer películas eróticas en sus aviones a través de los dispositivos móviles de los pasajeros, obviamente, por una tarifa.
 
Si eso llega a ser realidad, algunos piensan que se tendrán que tomar ciertas medidas como dividir el avión, tal y como antes se hacia con los fumadores y los no fumadores.
 
Solo que esta vez, la segmentación se tendrá que hacer de acuerdo a los contenidos de las películas: adelante los de las cintas románticas, en el medio los que quieren ver violencia y atrás los amantes del cine rojo.
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