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| 8/20/2011 12:00:00 AM

Predispuestos al vicio

Un grupo de expertos determinó la semana pasada que las adicciones no solo son un asunto de conducta, sino una enfermedad cerebral.

Las personas que no pueden vivir sin alcohol, cigarrillo o sustancias psicoactivas son vistas como un mal ejemplo para la sociedad y se las considera incapaces de controlar sus impulsos por falta de fuerza de voluntad. Sin embargo, el problema de las adicciones no es solamente de actitud, mal comportamiento o abuso al consumir esas sustancias. La adicción es una enfermedad que tiene origen en el cerebro. Así lo señala una publicación reciente de la Sociedad Americana de Medicina en Adicciones (Asam), de Estados Unidos, en la cual se hizo oficial una redefinición de ese trastorno físico y mental, que afecta a millones de personas en el mundo.

Esta nueva definición fue el resultado de un proceso de cuatro años que involucró a más de ochenta expertos en medicina de adicción y neurología, quienes finalmente pusieron sobre el papel algo que era evidente desde hace varias décadas gracias a los avances de la neurociencia: el uso de sustancias y los comportamientos adictivos están directamente relacionados con el cerebro. Esta teoría ha sido expuesta en diversas investigaciones, que han mostrado que el circuito de recompensa cerebral, encargado de producir una sensación placentera cuando el cuerpo se alimenta, se reproduce y cumple otras funciones vitales, genera el mismo efecto cuando se consume en exceso una sustancia psicoactiva. De hecho, el placer es más grande en ese caso, porque se aumenta el nivel de la dopamina, una sustancia química que condiciona lo que es placentero como una rutina, creando así dependencia.

Según la revista, la adicción es una enfermedad primaria, es decir, que no es consecuencia de problemas emocionales o mentales únicamente, sino un padecimiento crónico, como las enfermedades cardiovasculares o la diabetes. Además, se manifiesta a nivel biológico, psicológico, social e incluso espiritual, por lo cual debe ser tratada, manejada y monitoreada durante toda la vida del paciente teniendo en cuenta dichos aspectos. Aunque la mayoría de los centros de neurociencia tratan las adicciones a las drogas, el cigarrillo y el alcohol, la Asam indica en su informe que la definición también abarca trastornos como la adicción al sexo, a la comida, a los juegos de azar, a las compras y al uso desmedido de las nuevas tecnologías, entre otras.

Además, los autores afirman que ser vulnerable o propenso a caer en adicciones depende el 50 por ciento de factores genéticos. "La ciencia ha comprobado que el alcoholismo, por ejemplo, se transmite genéticamente, y por lo general se salta una generación. Esto quiere decir que si el abuelo es alcohólico, su nieto es proclive a caer en esa adicción", le explicó a SEMANA Otto Held, director del centro de adicciones Siquem. El otro 50 por ciento tiene que ver con factores ambientales, pues si una persona no es biológicamente vulnerable, al probar las drogas y el alcohol puede generarse un cambio en el cerebro y volverse adicta. Una de las razones por las cuales los jóvenes son más propensos a caer en adicciones es que el área central de la corteza cerebral, encargada del raciocinio, es la última en desarrollarse en el cerebro. Por eso es lógico, en el caso del alcohol, que quienes lo prueben a más temprana edad tengan mayor riesgo de generar adicción en el futuro.

Uno de los puntos más debatidos en este tema es saber si quienes sufren la adicción pueden controlar su comportamiento. "La investigación y la experiencia clínica nos han mostrado que a medida que la enfermedad progresa, la gente pierde la posibilidad de controlar su conducta, pues se vuelve algo involuntario. La adicción no es una opción y las conductas adictivas son una manifestación de la enfermedad, no una causa", le dijo a SEMANA Raju Hajela, expresidente de la Sociedad Canadiense de Adicciones y miembro del comité de la Asam. Sin embargo, ha habido casos exitosos de personas que se han sometido a tratamiento clínico y psicológico y han logrado recuperarse.

De acuerdo con los expertos, la clave para lograr que esto suceda es que el paciente se haga cargo de su enfermedad, aprenda a aceptarla y que el entorno en el que se encuentre durante su recuperación sea propicio. Por esa razón, lo ideal es que estas personas sean recluidas en un centro de especialistas, para que reciban todos los elementos y el apoyo necesarios, pues no se trata solamente de dejar la adicción sino de transformarse como seres humanos. "Antiguamente se pensaba que el adicto debía tocar fondo para tomar conciencia y recuperarse, pero eso ya está revaluado. La idea es que aprendan a controlar sus impulsos antes de llegar a ese punto tan crítico", afirma Held.

Aunque es un hecho histórico que la adicción, uno de los problemas de salud pública más delicados en el mundo, haya sido redefinida como una enfermedad primaria y crónica que se origina en el cerebro, los especialistas afirman que no es ninguna novedad. "Sin embargo, es importante que se haya hecho oficial este reconocimiento, porque va a permitir que se elimine el estigma que recae sobre las personas que padecen esta enfermedad", le dijo a SEMANA Rubén Baler, miembro del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (Nida). Más allá de este nuevo formalismo, los expertos coinciden en que esta es la oportunidad para que las personas adictas no sean discriminadas y tengan la oportunidad de someterse a un tratamiento de rehabilitación más adecuado.
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