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| 3/4/2006 12:00:00 AM

Premio en Periodismo Científico: Viaje a la mente

Sorprendentes estudios encuentran que meditar en forma continuada transforma la estructura del cerebro. Y, de paso, hace más feliz a la gente.

El pasado mes de noviembre, el Dalai Lama logró algo que ningún otro líder espiritual ha conseguido hasta ahora: dar un discurso ante la Sociedad para la Neurociencia, una audiencia compuesta por los más importantes investigadores del cerebro, del mundo. "Me alegra notar que entre algunos neurocientíficos existe un creciente interés por involucrarse en conversaciones más profundas con las disciplinas contemplativas budistas", dijo en su intervención.

En efecto, durante los últimos años, una serie de estudios de universidades como Harvard, Yale y MIT han llegado a importantes conclusiones sobre los efectos positivos que la meditación provoca en el cerebro. Y desde 2002, una docena de monjes tibetanos se han puesto en las manos de Richard Davidson, un prestigioso neurocientífico de la Universidad de Wisconsin, en Madison. Los resultados de sus investigaciones apuntan a que, gracias a las miles de horas de practicar la meditación, los monjes han alterado la estructura y el funcionamiento de sus cerebros.

Las reacciones en contra de la conferencia del Dalai Lama ante la comunidad científica no se hicieron esperar. Muchos se quejaron de que la decimocuarta encarnación del Buda no está calificado para hablar de la ciencia del cerebro. Más aun, afirman que su sola presencia borra la distinción entre la ciencia y la fe, un álgido tema de debate en Estados Unidos por estos días.

Medir la felicidad

Sin embargo, los estudios de Davidson, aparte de sorprendentes, son científicamente sólidos. En 2002, su equipo de investigadores puso 128 electrodos en la cabeza calva del monje Mathieu Ricard, quien tiene en su cuenta personal más de 10.000 horas de meditación. Le pidieron que meditara sobre el amor incondicional y la compasión. De inmediato, el aparato de medición de ondas cerebrales empezó a registrar una actividad tan poderosa de rayos gamma, que los científicos creyeron que había una falla en la máquina. Dichos rayos, usualmente muy difíciles de detectar, están asociados a los procesos de atención.

Conforme Davidson continuó sus investigaciones, llegó a resultados más importantes. Comprobó, por ejemplo, que los monjes generaban 30 veces más rayos gamma que un grupo de estudiantes universitarios sin experiencia en la meditación. También observó que en los tibetanos el origen de la actividad cerebral estaba ubicado muy a la izquierda de la corteza prefrontal. En estudios precedentes, Davidson había probado que las personas con tendencia a las emociones negativas muestran patrones de actividad en el lóbulo prefrontal derecho mientras que aquellos que tienen un temperamento positivo generan actividad en el lóbulo prefrontal izquierdo. Conclusión: los lamas son más felices que el resto de los mortales.

Dos tradiciones

Tenzin Gyatso, mejor conocido como su Santidad el Dalai Lama, ha sido siempre un curioso de la ciencia occidental. De pequeño era capaz de arreglar desde un reloj hasta un proyector de películas. Incluso reparaba carros. "Las áreas de la ciencia que he explorado a lo largo de los años son la física subatómica, la cosmología, la biología y la sicología", afirmó en su discurso.

Su intervención fue una oportunidad de oro para promover uno de sus conocidos objetivos: la alianza entre el budismo y la ciencia occidental. Para el Dalai Lama, ambas tradiciones tienen varios denominadores comunes. Las dos desconfían de las nociones absolutas, como Dios o el alma, y ambas hacen énfasis en la importancia de la experiencia empírica. De hecho, el Lama ha manifestado en varias oportunidades que le gustaría someter a pruebas científicas varios de los postulados del budismo. Así mismo, promueve que la ciencia occidental se abra a principios del budismo, como la compasión y el respeto por todos los seres vivientes.

Las investigaciones de Davidson, así como las de Sara Lazar, de la Universidad de Harvard (ver recuadro), ayudan al objetivo del Dalai Lama. "Han permitido presentar la meditación de una manera más integral, pues muestran la experiencia subjetiva de la meditación desde el punto de vista objetivo de la ciencia", afirma Mauricio Roa, sicólogo y director del Centro Yamantaka, que traerá al Dalai Lama a Colombia el próximo mayo.

Quienes critican estas investigaciones argumentan que en éstas la ciencia es lo menos importante. Le tachan a Davidson ser un seguidor del Dalai Lama, cuando los científicos deberían mantenerse alejados de creencias religiosas e ideologías políticas. Pero Davidson hace caso omiso de estas críticas. Para él, la cercanía al Dalai Lama -a quien conoce desde hace casi 15 años- ha beneficiado sus investigaciones y su propia búsqueda espiritual.

Mas aún: los últimos hallazgos de Davidson sugieren que la meditación modificaría los centros emocionales del cerebro. Si, en efecto, la meditación mejora significativamente la capacidad para generar procesos afectivos, Davidson sería el primero en probar que ésta tiene efectos positivos sobre condiciones como la depresión. Además, demostraría científicamente que los seres humanos pueden volverse más compasivos gracias a una sencilla y poderosa práctica mental.
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