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| 9/11/2000 12:00:00 AM

Puntadas de lujo

Olga Piedrahita y Silvia Tcherassi, las dos mejores diseñadoras colombianas, ahora están en las pasarelas internacionales.

El mayor sueño de Olga Piedrahita se hizo realidad este año cuando exportó a Nueva York una línea de pret a porter de trajes de novias. La diseñadora paisa, cuyo trabajo en moda ya cumple 20 años, siempre quiso dedicarle sus puntadas a las mujeres que estaban próximas a contraer nupcias y por eso perseveró en su idea de exportar vestidos que se puedan comprar en cualquier almacén especializado en la materia y que lleven la etiqueta de Olga Piedrahita “hecho en Colombia”.

Sin embargo su especialidad va mucho más allá y es capaz de hacer líneas de gala o pret a porter de calle, con el mismo arte con el que hace sus vestidos de novia.

Considerada en este momento como la mejor diseñadora del país, sobre todo en lo que a novias se refiere, Olga Piedrahita ha sido invitada a exponer sus trajes en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York como una de las más importantes diseñadoras de la historia de la moda colombiana.

Su trabajo empezó hace 20 años en Medellín en un taller que, junto con su hermana Eulalia, bautizó como Taller Barroco. Su nombre tenía mucho que ver con sus siluetas, colores y líneas, y Olga, quien nunca estudió diseño pero es una artista innata, creía en la escuela barroca, aquella de formas elaboradas y detalles recargados, como la mejor forma de vestir el cuerpo femenino.

La primera en tener ese honor de participar en la pasarela paisa a lado de diseñadores latinoamericanos fue la barranquillera Silvia Tcherassi, quien ya ingresó al mundo de las grandes ligas en cuestiones de moda.

La primera vez que el nombre de Silvia Tcherassi apareció en el escenario nacional fue en una pasarela de Colombiamoda donde con sus siluetas minimalistas y sus colores tropicales atrapó la atención del más selecto público especializado y del jurado más riguroso.

La barranquillera, que había estudiado decoración de interiores pero por esas cosas del destino se había dedicado a la moda, apareció de repente en la pasarela paisa y fue la sensación pues llegó a oxigenar la famosa carpa de Medellín, con vestidos vaporosos, elegantes, de texturas únicas y ligeras y colores macondianos.

Silvia Tcherassi, que había llegado al mundo tiñéndole camisetas a sus amigas, ya era conocida en su tierra natal como un nombre importante en el diseño local y buscaba hacerse conocer en el país, olvidando ese mito de que la ropa que se hace en la Costa solo se puede usar allá. El interior vio entonces cómo una costeña llenaba de siluetas asimétricas y simples su pasarela, y cómo los materiales más vaporosos podían convertirse en verdaderos vestidos de gala, usables en cualquier ciudad del mundo.
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