Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/05/09 00:00

¡Qué circo de colegio!

Una institución educativa en Cali enseña a sus estudiantes a ser acróbatas, equilibristas y trapecistas.

La iniciativa de la Fundación 'Circo para Todos' fue resaltada por la Organización de los Estados Iberoamericanos durante la convocatoria 'Escuelas que Hacen Escuela'.

Los niños que van a esta escuela en Cali no llevan cuadernos ni lápices. Tampoco tienen clase de español, matemáticas e historia. Su pénsum comprende acrobacia de piso y de grupo; equilibrios en alambre, de manos, zancos, monociclos, bola y rola; aéreos en cuerda, trapecio fijo y tela; gimnástica en barra fija, paralelas y argollas; danza contemporánea y ballet clásico. Es la Fundación Circo para Todos, uno de los proyectos educativos seleccionados entre otras experiencias de Venezuela, Perú, Ecuador y Colombia por la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI) en el programa 'Escuelas que Hacen Escuela', que busca propuestas novedosas de educación para fomentar el trabajo. En un país con una población tan variada como la colombiana, el pénsum formal puede volverse una camisa de fuerza que en lugar de proponer soluciones crea problemas. Esto ha hecho que muchos educadores diseñen propuestas alternativas para salir de la pobreza. Esto fue lo que hicieron en 1995 Héctor Cobo y su compañera Felicity, una inglesa que aún hoy, después de la muerte de Héctor el 14 de diciembre de 2002, continúa apoyando la obra. Los dos comenzaron dando talleres en los barrios más pobres de Cali, donde en sólo dos años se formó una escuela no formal registrada ante la Secretaría de Educación del Valle. El programa académico de 'Circo para Todos' se creó a partir de la experiencia del circo cubano Yuri Mandish y de otras cuatro escuelas de Francia reconocidas como las mejores. La Fundación se diferencia de otras escuelas de circo en que tiene una enseñanza integral basada en la identidad del país. "La metodología se sigue construyendo y depende de cada grupo e individuo", dice Pilar Escobar, directora del colegio. Los estudiantes reciben una gratificación mayor a una nota. "Cuando aprenden malabares o pasan por el alambre sin caerse, están incrementando su autoestima, y que se dan cuenta que son capaces de aprender algo nuevo", explica Fernando, uno de los maestros cubanos. A la Fundación ingresan niños y jóvenes becados por ONG internacionales. "Son personitas llenas de energía que han padecido dramas por la marginalidad en la que viven", dice Escobar. La formación que reciben facilita que adquieran una sensibilidad especial sobre el arte, aumenta su capacidad de concentración, los ayuda a que entiendan que pueden cambiar su vida, les infunde confianza en otros gracias al trabajo en equipo, incrementa su sentido del compañerismo, de la solidaridad y el respeto por la diferencia. Los alumnos que recibe la Fundación estudian paralelamente su primaria o bachillerato clásico. El ciclo de formación básica dura dos años. En nueve años la Fundación ha graduado 18 artistas profesionales de circo. De ellos seis se encuentran trabajando en cruceros de la compañía inglesa P&O. Otros siete fueron contratados por el Cirque du Roche, una compañía colombo-argentina hoy en gira por Centroamérica, y los otros cinco están apoyando a la Fundación como maestros y sirven de ejemplo para las nuevas generaciones.

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