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| 5/10/2016 8:36:00 PM

Qué hacer con el cigarrillo electrónico

En Colombia se busca regular estos dispositivos de la misma forma como un cigarrillo convencional.

En el mundo se encendió un debate entre las autoridades de salud sobre si los cigarrillos electrónicos se deben o no poner en cintura. Estados Unidos ya tomó una decisión. La semana pasada, la FDA, el organismo que controla los alimentos y medicamentos en ese país, prohibió la venta de estos dispositivos a menores de edad y obligó a los expendios a exigir identificación a los adultos menores de 26 años para comprarlos. En otros países, como Gran Bretaña, sucedió todo lo contrario, optaron por estimular a los fumadores a que se pasen a los cigarrillos electrónicos para evitar el daño que la combustión del tabaco deja en el organismo.

Para nadie es un secreto que el cigarrillo convencional es nocivo para la salud. Pero a diferencia de lo que todos creen, si bien la gente se vuelve adicta a ellos por la nicotina, en realidad el alquitrán y decenas de otras sustancias que se activan con la combustión son las que producen cáncer y problemas coronarios que pueden llevar a una muerte prematura.

Los cigarrillos electrónicos buscan llevar la nicotina al cerebro pero sin esas sustancias dañinas. Estos aparatos parecen lapiceros y funcionan con baterías que al calentar una resistencia convierten la nicotina en vapor inhalable. A pesar de que son mucho menos nocivos que los cigarrillos convencionales, algunos estudios sugieren que dichos dispositivos también producen sustancias químicas cancerígenas, como, por ejemplo, el formaldehído. Además, se teme que este aparato sea la puerta de entrada de muchos jóvenes al mundo del cigarrillo convencional.

En Estados Unidos, su uso ha aumentado de manera significativa. Entre el 2013 y el 2015 ese aumento fue del 90 %. Además, el Instituto Nacional de Salud (NIH, por su sigla en inglés) encontró que el 80 % de los jóvenes fuman o han probado el cigarrillo electrónico antes de consumir uno convencional.

Ante esta coyuntura, el Ministerio de Salud y Protección Social, el Instituto Nacional de Salud (INS), el Instituto Nacional de Cancerología (INC) y la Liga Colombiana contra el Cáncer expresaron su preocupación y la necesidad de establecer una regulación similar en Colombia que ayude a controlar la distribución y la venta de cigarrillos electrónicos.

Actualmente se encuentra en curso el proceso de aprobación del proyecto de ley 130 de 2015, que regula la comercialización, la distribución y la promoción de sistemas electrónicos de administración de nicotina y cigarrillos electrónicos. El INS, el INC y la Liga Colombiana contra el Cáncer sugieren reconsiderar ciertos planteamientos de este proyecto de ley promovido por el senador Mauricio Lizcano, del partido de la U. Si bien este pretende prohibir la venta de cigarrillos electrónicos a menores de edad, es importante que se tengan en cuenta puntos claves como restringir por completo el uso de estos dispositivos en zonas libres de humo.

La preocupación es que este vapor que emite formaldehído pueda afectar a los no fumadores. Además, muchos creen que ver a la gente fumando estos cigarrillos electrónicos en sitios públicos implicaría retroceder y volver a que fumar sea socialmente aceptable.

Para Carolina Wiesner, directora del INC, uno de los grandes logros de la Ley 1335 de 2009 fue acostumbrar a los fumadores a no fumar en espacios cerrados. “Permitirles a los usuarios de cigarrillo electrónico fumar en estos espacios tiene una carga simbólica. Es volver a normalizar ese hábito en la sociedad”.

Blanca Llorente, asesora técnica de la Asociación Anáas, señala que esto debilitaría la legislación vigente, “que ha dado buenos resultados, pues instauró los espacios libres de humo y la prohibición de publicidad y patrocinios”. Por eso considera que debe haber un control integral sobre todos los productos de tabaco.

Carlos Castro, director científico de la Liga Colombiana contra el Cáncer, afirma que “no es posible que sea legal usar este dispositivo en zonas libres de humo. Eso sería dar un paso atrás”. Agrega que es importante concienciar a la población de los riesgos de ambos tipos de cigarrillos y teniendo en cuenta que hay dudas sobre los electrónicos, “lo mejor es evitar”.  

Aunque se han hecho numerosos estudios sobre este tema, la evidencia para estos expertos no es suficiente. Por un lado, los autores de algunos estudios tienen conflictos de interés. Según The New York Times, una investigación publicada en la revista Circulation en 2014 encontró que el aerosol de los cigarrillos electrónicos tenía muchas menos toxinas que los convencionales, sin embargo, no estaban exentos de producir sustancias tóxicas. Por lo tanto, aunque son menos nocivos, estos aparatos, según los expertos, no pueden ser catalogados aún como 100 % seguros.

Los expertos afirman que hasta que haya evidencia científica sólida que respalde al cigarrillo electrónico como un dispositivo seguro y que ofrezca beneficios terapéuticos, no se deben permitir su distribución y su venta. “Creemos que no disminuye el riesgo sino que introduce uno nuevo, pues contienen nicotina, un alcaloide que genera adicción. Por eso debe ser regulado de la misma forma que los productos derivados del tabaco”, dice Wiesner.

El proyecto de ley ya pasó dos debates en la Cámara de Representantes y actualmente se encuentra en espera del último en la Comisión Séptima del Senado y de la plenaria de esta cámara para ser aprobada. “Hay que homologar las medidas de control para que las advertencias de salud y la información sobre los riesgos sea la misma que opera con los cigarrillos tradicionales”, concluye Llorente.  

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