Jueves, 2 de octubre de 2014

| 2012/11/17 00:00

¡Qué injusticia!

La obsesión de la sociedad occidental por la imparcialidad es absurda según el filósofo Stephen T. Asma, para quien las inequidades de la vida no solo son naturales sino saludables.

Perseguir la igualdad es una utopía según Asma, pues los reclamos de unos están basados en la envidia. Foto: PANTHERSTOCK/MONTAJE SEMANA

Al universo parece preocuparle muy poco la justicia. Eso es lo que piensa el filósofo Stephen T. Asma, profesor e investigador del Columbia College en Chicago, Estados Unidos. No solo ignoró dotar a todas las especies de atributos y habilidades parecidas sino que puso a unos en una jerarquía más baja, en una posición de indefensión que los hace presa fácil de otros predadores ubicados más arriba en la cadena alimenticia. Y para no ir muy lejos, Asma dice que la madre naturaleza hizo una división de labores muy poco equitativa entre hombres y mujeres. "Mi mujer parió con dolor a mi hijo durante 24 horas mientras yo esperaba comiendo helados", dice.

Para donde se mire la vida está llena de ejemplos de inequidad. En su más reciente libro, Against Fairness, este filósofo argumenta que a pesar de esa dura realidad, la sociedad actual se ha empecinado en ser justa e imparcial a toda costa.

Esto se ve en las aulas de los colegios diariamente. En su libro cuenta una anécdota de su hijo quien llegó feliz del colegio con un trofeo que ganó en una competencia con sus compañeros de clase. Él, lleno de orgullo lo felicitó, pero el niño lo interrumpió para decirle que todos los alumnos habían ganado. "El niño ni siquiera sabía en qué puesto había quedado; solo sabía que a todos les dieron el trofeo", cuenta Asma en su libro. Este caso no es el único. En otros planteles educativos no escogen a los deportistas por mérito sino al azar para evitar herir su ego. Tampoco dejan que los estudiantes lleven regalos o juguetes para sus amigos preferidos porque sería considerado un trato desigual. Solo les permiten hacerlos si les llevan obsequios a todos.

Estas políticas de los colegios se están imponiendo cada vez más para proteger la autoestima de los niños y fomentar la idea de igualdad. En otros espacios, como empresas, iglesias y gobiernos se han ido adoptando medidas similares para acabar con las jerarquías y los favoritismos.

Los padres no se quedan atrás. En un intento por evitar las peleas entre hermanos, esconden a sus favoritos y lucen imparciales ante los demás miembros de la familia, cuando en realidad no lo son.

La tesis de Asma es que la igualdad a toda costa no es buena. Aunque su teoría parece provenir de un dictador y no de un filósofo, en su libro el autor explica que el problema no es el concepto de igualdad sino el uso que la sociedad occidental le ha dado al término. Se cree que justicia es sinónimo de igualdad pero en realidad no lo es porque una persona puede ser muy generosa, pero al mismo tiempo serlo más con unos que con otros, lo que a los ojos de esta sociedad sería un trato preferencial.

Los más perjudicados con esta confusión de conceptos serían los niños pues durante su infancia, padres y profesores los protegen de las inequidades lo cual podría llevarlos a frustrarse cuando de adultos vean con sus propios ojos que la vida es más injusta de lo que pensaban.

Por ejemplo, si a un niño menos talentoso para el dibujo se le trata igual que al de mayores aptitudes, lo que se está logrando es una gran confusión en ambos. "El niño menos talentoso va a subvalorar sus defectos porque nadie le habrá dicho nunca directamente para qué es bueno", dice Asma. De la misma forma, el niño que es talentoso va a ignorar su capacidad superior porque cree que todo el mundo es igual de bueno. De esta manera las expectativas de las nuevas generaciones cada vez son menos realistas.

Asma asegura que esto ha llevado a un incremento de las frustraciones. Los jóvenes de hoy tienen poca resistencia al fracaso debido a que se les ha protegido bajo el credo de la igualdad y un sentido equivocado de ser justos.

Con la crítica pasa algo similar. Los padres, profesores y amigos evitan decirles sus errores y falencias por miedo a cometer una injusticia con los niños. Asma considera más saludable el caso de China, en donde los niños desde los 4 años son sometidos a opiniones contrarias que en el mundo occidental serían crueles y despiadadas pero que, según el filósofo, forman el carácter y ayudan a desarrollar las virtudes. Si alguien no es bueno para el fútbol se lo dicen en la cara sin contemplación con lo cual le ayudan, ya sea a mejorar su juego o a buscar otras disciplinas deportivas en las que se puedan destacar. "La verdad, por muy fea que sea, es necesaria para tener una idea de quiénes somos".

Asma argumenta que el favoritismo y el trato preferencial de unos sobre otros está mal visto en la sociedad occidental pues se supone que lo justo es que todos reciban el mismo trato, pero no necesariamente implica discriminación. En ese sentido se ve como enemigo de la igualdad. Pero tener un preferido no es un gran mal ni va en contra del desarrollo personal, según el autor. Aún más, experimentos en niños citados por el autor, demuestran que la predilección por una persona no indica que el resto sea discriminado sino que algunos de ellos tienen una actitud más positiva hacia otros. Este tipo de relaciones son las que permiten establecer microcomunidades de apoyo, y acabar con ese tipo de preferencias iría en contra de rasgos propios de la naturaleza humana.

También hay favoritismo cuando las familias quieren a un hijo a pesar de que no sea lo suficientemente virtuoso como para merecer ese amor. "El amor siempre le gana a la justicia", señala, y en ese sentido, esta preferencia se trataría de una injusticia positiva. Lo mismo sucede con los amigos, quienes están dispuestos a cubrir la espalda de sus camaradas, simplemente por el cariño que les tienen.

El nepotismo tiene que ver con el favoritismo. En el mundo moderno se ve como sinónimo de corrupción y va en contra de la meritocracia porque implica privilegiar a un amigo sobre otra persona que podría tener mayores virtudes para ocupar un cargo. Pero en dosis mínimas, dice Asma, no es el demonio que todos creen. "Yo sé que se ve injusto que alguien contrate a un amigo o a un familiar y no a un extraño pero, ¿no nos hemos beneficiado todos de este trato preferencial?".

El experto señala que perseguir la igualdad es una utopía porque todos los reclamos para una mayor equidad están basados en la carencia de uno frente a la abundancia del otro. "La igualdad es un eslogan basado en la envidia".

No hay duda de que los planteamientos del autor son muy controvertidos pero no dejan de ser interesantes, y el libro ya ha puesto a pensar a más de uno en esa obsesión por la igualdad y la justicia, y las consecuencias de perseguir dicho sueño.
 
Mundo cruel
 
Stephen T. Asma, filósofo autor del libro ‘Against Fairness’, destaca ocho ejemplos de la vida cotidiana que comprueban que la injusticia hace parte de la naturaleza humana.
 
1. De malas en el amor

Todos sueñan con encontrar a su media naranja. Sin embargo, es muy rara la ocasión en que alguien se queda con la pareja perfecta.

2. La belleza es de pocos

Ser atractivo es una ventaja, pero son pocos los afortunados que salen victoriosos en la repartición de genes y nacen con el cuerpo perfecto.

3. Lo bueno de tener amigos

Un verdadero amigo siempre hará lo que sea por ayudar a su compañero, así haya cometido un acto de injusticia o la peor estupidez. Es un ejemplo de injusticia positiva.

4. Inteligencia mal repartida

No importa cuán inteligente sea una persona, siempre habrá otros con capacidades superiores.

5. Fama fácil

Aunque hoy día existen verdaderos talentos, hay algunos casos de famosos que han adquirido su estatus porque simplemente han posado frente a una cámara.

6. El nepotismo imperante
Favorecer a un familiar o un conocido en cualquier situación es visto como corrupción pues no permite los logros por méritos.

7. Los arrogantes triunfan

Los fuertes y arriesgados triunfan sobre los cautos y tímidos, incluso cuando los últimos tienen la razón.

8. Amor incondicional

Si una persona es mala o carece de virtudes su familia le será leal siempre porque el amor se sobrepone a la justicia. Es otro ejemplo positivo de injusticia.
 

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