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| 2/17/1986 12:00:00 AM

¿QUE SE HIZO EL REBELDE?

Bob Dylan, el legendario cantante y compositor, sostiene que sigue siendo el mismo, que sigue vivo, pero sus seguidores comienzan a preocuparse por él.

Los fanáticos del rock se sorprenden cuando, tímidamente, Bob Dylan confiesa: "Que no me pregunten cómo escribo las canciones, cómo compongo la música, que no me lo pregunten porque tengo que confesarles: no sé, nunca lo he sabido ni me preocupa saberlo".
Esta explicación no muy ortodoxa de quien es considerado una auténtica leyenda de la música contemporánea debe decepcionar, pero siempre ha sido así con él: "Siempre me acusan de no ser muy colaborador con quienes me entrevistan, de no ser receptivo con quienes vienen a mí en busca de un consejo o un comentario, pero lo que pasa es que, en el fondo, ya estoy cansado de la leyenda que han levantado alrededor de mí de mis canciones, de este trabajo que es el mismo de veinte, treinta años atrás".
Dos álbumes, Empire Bur-lesque y Biograph, han retomado el tema Dylan, que algunos no miran con la suficiente objetividad y eso lo irrita: "Afortunadamente, aún me siento joven para resistir todas las andanadas que sueltan a diario". Lo que pasa es que detesta hablar, prefiere entregar las respuestas escritas y sólo cuando considera, como en las últimas semanas, que debe colaborar en la divulgación de sus discos, entonces suelta esas frases cortas, enigmáticas en ocasiones, que siempre sorprenden y hasta decepcionan.
A quienes lo acusan de repetirse, de no buscar nuevas fuentes o expresiones, les responde: "Sé hasta donde puedo ser diferente, sé cuál es mi lugar, me siento seguro en él y no me preocupa para nada el tener que repetirme, no me interesa mantenerme al día, a la moda, porque a estas alturas he protagonizado los espectáculos más grandes, siempre he recibido los aplausos más atronadores y ya no necesito hacer el menor gesto para probar que sigo siendo el mejor, el más grande". Se queda mirando el vacío, y agrega: "No gano nada con probar si soy bueno o no, sé que sigo siendo bueno, nunca he dejado de tener calidad. He conseguido un puesto en la historia de la música, me lo he ganado y por eso hago lo que quiero hacer. Si con eso vendo más o menos discos, no lo sé".
Los críticos han coincidido durante todos estos años en que Dylan se limitaba a complacer esas enormes corrientes de jovencitos que querían comprobar que estaba vivo, que seguía respirando. Por eso iba del fundamentalismo combativo de sus discos cristianos hasta el humo de este Empire Bur-lesque, en los que, según los mismos críticos, se le nota inseguro en una época dominada por las imágenes y los sonidos de ese canal llamado MTV, en el que durante 24 horas millones de adolescentes se nutren con el material más agresivo a través del estreno de los discos de la mayoría de los cantantes del momento, desde Tina Turner pasando por David Bowie hasta llegar a Phil Collins y Lionel Richie.
Dylan, quien también aparece en la grabación de We are the World, piensa que los conciertos y las manifestaciones de ahora ya no son tan emocionantes ni tan peligrosos como los de antes: "En los sesenta habia piedras y golpes y siempre habia alguien intentando pararlo todo, echarlo a perder, habia más violencia y uno no sabía cómo acabaría todo, cómo ponerle fin a la oleada de violencia que estallaba a la menor provocación".
La gente de ahora, agrega, es más pasiva, más paciente también, espera que los artistas se acomoden y se sientan más tranquilos, y si las cosas salen bien, todos contentos, pero si algo falla, la gente como que lo entiende mejor.
¿Cómo ve la música contemporánea un artista como Dylan, que en algunas ocasiones era mirado como el único renovador de varias generaciones? Mientras escucha un disco de Duran Duran, dice: "Los muchachos de ahora no reciben nada a cambio de escuchar esta clase de música y pienso que tarde o temprano acabarán por rebelarse. Es que no les dicen nada, no los emocionan, no los sacuden. Claro que el consumismo es bestial, los discos que ahora son más caros, se venden más, ¿pero a qué precio respecto a la cultura misma?".
Dylan sabe que los muchachos de ahora no pelean por sus discos como lo hacen, por ejemplo, por uno de Tears for Fears: "No necesitan seguirme, no necesitan adorarme como a los demás ni lo necesito. Ellos tienen ya sus propios idolos que seguir".
Sus discos se siguen vendiendo bien, pero no con el empuje de un idolo actual como Bruce Springteen, en quien algunos han reconocido trazos de la música de Dylan: "Es evidente, sobre todo en discos como "Nebraska" que hay algo de mi en su obra, ¿pero y qué, eso qué le importa a quién?".
¿Cómo le ha ido con los adelantos técnicos de las casas grabadoras? Se muestra confuso, no cree en la utilización del laser ni en la computarización de las creaciones: "La mayor dificultad mientras hago un nuevo disco, es que no logro que todo suene igual después, es decir, una cosa es en el estudio, con todos esos amplificadores, con todos esos recursos, y otra cosa es lo que me sucede cuando pongo las cintas en mi casa, me siento perdido, decepcionado, como si hubieran escamoteado algo. Siento que algo se extravia, no sé dónde, pero esa sensación nunca me abandona. Varios años atrás, yo podia grabar, hacer lo que se necesita hacer y luego todo quedaba fielmente trasladado a las cintas. Ahora todo es tan limpio que en ocasiones las suciedades que quiero dejar en las grabaciones, ellos las quitan, las borran".
Y qué piensa de los videos, de ese lenguaje angustioso y veloz que ayuda a vender discos y películas: "Si uno quiere vender sus discos, pues tiene que hacer videos, sé que pertenecen a una forma artística que va con la época, pero en el fondo no los miro como arte, sólo expresiones de un modo de sentir que no va conmigo".
Está cansado de su propia leyenda: "No soy renuente a hablar de mi obra, pero no es justo que siempre me formulen las mismas preguntas sobre los sesenta, entonces trato de ser breve, de soltar alguna información breve, pero la gente insiste sobre los sesenta, no es justo. A veces pienso que no quieren darme la oportunidad de aclarar algunas cosas del pasado".
Y agrega con un dejo de aburrimiento: "Que no me pregunten cómo escribo mis canciones, cómo compongo la música...".
La gente lo oye hablar, y se pregunta: ¿es el mismo de los grandes conciertos al aire libre, el que hizo de Billy the Kid en la película de Peckinpah, el que estuvo en Woodstock y en el concierto por Bangladesh, es el mismo que escribía canciones rabiosas?
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